Evangelio de Juan
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Los tres primeros
evangelios pueden hacernos olvidar el trabajo y los talentos de
los que los redactaron. Cualquiera que haya sido la visión que
quisieron dejarnos del Salvador, trataron los testimonios con
tanta sencillez, que muchas veces creemos que estamos viendo y
oyendo al mismo Jesús.
En ese sentido el evangelio de Juan
es muy diferente. Este libro lo acompañó a lo largo de toda su
vida de apóstol y no dejó de redactarlo y de corregirlo a medida
que iba profundizando su experiencia de Jesús, ahora resucitado
y presente en su Iglesia. Y Juan no nos oculta lo que ese propuso:
"Esto ha sido escrito para que crean que Jesús es el Hijo de Dios..."
(Jn 20,31). Ciertamente la Iglesia profesaba la fe en Jesús, Hijo
de Dios, pero ¿cómo entendían estas palabras? La resurrección
de Jesús había manifestado la divinidad de su persona, pero ¿desde
cuándo y hasta qué punto participa de la existencia divina?
El evangelio de Juan afirma con toda claridad su existencia en
Dios mismo desde la eternidad, y esta claridad sobre el origen
de Jesús ilumina la amplitud de su obra. Siendo Jesús el Hijo
eterno de Dios hecho hombre, no vino sólo para enseñarnos a ser
mejores, sino para transformar la creación.
En evangelio de Juan es polémico: mientras más pura y dura sea
una verdad, menos numerosos serán los que puedan oírla. Este evangelio
no dejó de suscitar polémicas dentro de la misma Iglesia en los
primeros tiempos en que fue divulgado, pero pronto fue reconocido
como Palabra de Dios y de los Apóstoles.
Capítulo 1
El Verbo hecho carne
1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y
el Verbo era Dios.
1:2 Este era en el principio con Dios.
1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él
nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron
contra ella.
1:6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 
1:7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la
luz, a fin de que todos creyesen por él.
1:8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de
la luz.
1:9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía
a este mundo.
1:10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero
el mundo no le conoció.
1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su
nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de
carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros
(y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre),
lleno de gracia y de verdad.
1:15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo:
Este es de quien yo decía: El que viene después
de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
1:16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la
gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
1:18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo,
que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Testimonio de Juan el Bautista
(Mt. 3.11-12; Mr.
1.7-8; Lc. 3.15-17)
1:19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos
enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le
preguntasen: ¿Tú, quién eres?
1:20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo
no soy el Cristo.
1:21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú
Elías?
Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta?
Y respondió: No.
1:22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos
respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de
ti mismo?
1:23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad
el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
1:24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
1:25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues,
bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni
el profeta?
1:26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua;
mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.
1:27 Este es el que viene después de mí, el que
es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la
correa del calzado.
1:28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del
Jordán, donde Juan estaba bautizando.
El Cordero de Dios
1:29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía
a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo.
1:30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí
viene un varón, el cual es antes de mí; porque era
primero que yo.
1:31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado
a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.
1:32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu
que descendía del cielo como paloma, y permaneció
sobre él.
1:33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a
bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender
el Espíritu y que permanece sobre él, ése
es el que bautiza con el Espíritu Santo.
1:34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el
Hijo de Dios.
Los primeros discípulos
1:35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus
discípulos.
1:36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo:
He aquí el Cordero de Dios.
1:37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a
Jesús.
1:38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían,
les dijo: ¿Qué buscáis?
Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde
moras?
1:39 Les dijo: Venid y ved. Fueron,
y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día;
porque era como la hora décima.
1:40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de
los dos que habían oído a Juan, y habían
seguido a Jesús.
1:41 Este halló primero a su hermano Simón, y le
dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).
1:42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús,
dijo: Tú eres Simón, hijo
de Jonás; tú serás llamado Cefas
(que quiere decir, Pedro).
Jesús llama a Felipe y a Natanael
1:43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea,
y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme.
1:44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro.
1:45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado
a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así
como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de
Nazaret.
1:46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de
bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.
1:47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo
de él: He aquí un verdadero
israelita, en quien no hay engaño.
1:48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió
Jesús y le dijo: Antes que Felipe
te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
1:49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú
eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
1:50 Respondió Jesús y le dijo:
¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas
mayores que estas verás.
1:51 Y le dijo: De cierto, de cierto os
digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto,
y a los ángeles de Dios que suben y descienden
sobre el Hijo del Hombre.
Capítulo 2
Las bodas de Caná
2:1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de
Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2:2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y
sus discípulos.
2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen
vino.
2:4 Jesús le dijo: ¿Qué
tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
2:5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os
dijere.
2:6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme
al rito de la purificación de los judíos, en cada
una de las cuales cabían dos o tres cántaros.
2:7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas
de agua. Y las llenaron hasta arriba.
2:8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo
al maestresala. Y se lo
llevaron.
2:9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber
él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes
que habían sacado el agua, llamó al esposo,
2:10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando
ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado
el buen vino hasta ahora.
2:11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná
de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos
creyeron en él.
2:12 Después de esto descendieron a Capernaum,
él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron
allí no muchos días.
Jesús purifica el templo
(Mt. 21.12-13; Mr.
11.15-18; Lc. 19.45-46)
2:13 Estaba cerca la pascua
de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,
2:14 y halló en el templo a los que vendían bueyes,
ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
2:15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo
a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas
de los cambistas, y volcó las mesas;
2:16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad
de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre
casa de mercado.
2:17 Entonces se acordaron sus discípulos que está
escrito: El celo de tu casa me consume.
2:18 Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué
señal nos muestras, ya que haces esto?
2:19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid
este templo, y en tres días lo levantaré.  
2:20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años
fue edificado este templo, ¿y tú en tres días
lo levantarás?
2:21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
2:22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus
discípulos se acordaron que había dicho esto; y
creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había
dicho.
Jesús conoce a todos los hombres
2:23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos
creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
2:24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía
a todos,
2:25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio
del hombre, pues él sabía lo que había en
el hombre.
Capítulo 3
Jesús y Nicodemo
3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo,
un principal entre los judíos.
3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos
que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas
señales que tú haces, si no está Dios con él.
3:3 Respondió Jesús y le dijo: De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede
ver el reino de Dios.
3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer
siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre
de su madre, y nacer?
3:5 Respondió Jesús: De cierto,
de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu,
no puede entrar en el reino de Dios.
3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es;
y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
3:7 No te maravilles de que te dije: Os es
necesario nacer de nuevo.
3:8 El viento sopla de donde quiere, y oyes
su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde
va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
3:9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede
hacerse esto?
3:10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres
tú maestro de Israel, y no sabes esto?
3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo
que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís
nuestro testimonio.
3:12 Si os he dicho cosas terrenales, y no
creéis, ¿cómo creeréis si os dijere
las celestiales?
3:13 Nadie subió al cielo, sino el
que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está
en el cielo.
3:14 Y como Moisés levantó la
serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del
Hombre sea levantado,
3:15 para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
De tal manera amó Dios al mundo
3:16 Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
3:17 Porque no envió Dios a su Hijo
al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo
por él.
3:18 El que en él cree, no es condenado;
pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído
en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
3:19 Y esta es la condenación: que
la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque sus obras eran malas.
3:20 Porque todo aquel que hace lo malo,
aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean
reprendidas.
3:21 Mas el que practica la verdad viene
a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en
Dios.
El amigo del esposo
3:22 Después de esto, vino Jesús con sus discípulos
a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba.
3:23 Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim,
porque había allí muchas aguas; y venían,
y eran bautizados.
3:24 Porque Juan no había sido aún encarcelado. 
3:25 Entonces hubo discusión entre los discípulos
de Juan y los judíos acerca de la purificación.
3:26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el
que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú
diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él.
3:27 Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir
nada, si no le fuere dado del cielo.
3:28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el
Cristo,
sino que soy enviado delante de él.
3:29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo,
que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la
voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido.
3:30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.
El que viene de arriba
3:31 El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la
tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del
cielo, es sobre todos.
3:32 Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe
su testimonio.
3:33 El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios
es veraz.
3:34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla;
pues Dios no da el Espíritu por medida.
3:35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su
mano.
3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa
creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios
está sobre él.
Capítulo 4
Jesús y la mujer samaritana
4:1 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos
habían oído decir: Jesús hace y bautiza más
discípulos que Juan
4:2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
4:3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
4:4 Y le era necesario pasar por Samaria.
4:5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la
heredad que Jacob dio a su hijo José.
4:6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús,
cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era
como la hora sexta.
4:7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo:
Dame de beber.
4:8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar
de comer.
4:9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú,
siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer
samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre
sí.
4:10 Respondió Jesús y le dijo: Si
conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame
de beber; tú le pedirías, y él te daría
agua viva.
4:11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla,
y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua
viva?
4:12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob,
que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y
sus ganados?
4:13 Respondió Jesús y le dijo:Cualquiera
que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
4:14 mas el que bebiere del agua que yo le
daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua
que yo le daré será en él una fuente de agua
que salte para vida eterna.
4:15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no
tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
4:16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu
marido, y ven acá.
4:17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús
le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
4:18 porque cinco maridos has tenido, y el
que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
4:19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres
profeta.
4:20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís
que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
4:21 Jesús le dijo: Mujer, créeme,
que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén
adoraréis al Padre.
4:22 Vosotros adoráis lo que no sabéis;
nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene
de los judíos.
4:23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando
los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu
y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca
que le adoren.
4:24 Dios es Espíritu; y los que le
adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
4:25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías,
llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas
las cosas.
4:26 Jesús le dijo: Yo soy, el que
habla contigo.
4:27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de
que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué
preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?
4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la
ciudad, y dijo a los hombres:
4:29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho.
¿No será éste el Cristo?
4:30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
4:31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí,
come.
4:32 El les dijo: Yo tengo una comida que
comer, que vosotros no sabéis.
4:33 Entonces los discípulos decían unos a otros:
¿Le habrá traído alguien de comer?
4:34 Jesús les dijo: Mi comida es que
haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
4:35 ¿No decís vosotros: Aún
faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os
digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están
blancos para la siega.
4:36 Y el que siega recibe salario, y recoge
fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente
con el que siega.
4:37 Porque en esto es verdadero el dicho:
Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
4:38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros
no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado
en sus labores.
4:39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él
por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo
todo lo que he hecho.
4:40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron
que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él,
4:42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu
dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente
éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
Jesús sana al hijo de un noble
4:43 Dos días después, salió de allí
y fue a Galilea.
4:44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta
no tiene honra en su propia tierra. 
4:45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo
visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén,
en la fiesta;
porque también ellos habían ido a la fiesta.
4:46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea,
donde había convertido el agua en vino.
Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba
enfermo.
4:47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado
de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese
y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir.
4:48 Entonces Jesús le dijo: Si no
viereis señales y prodigios, no creeréis.
4:49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes
que mi hijo muera.
4:50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive.
Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo,
y se fue.
4:51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron
a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
4:52 Entonces él les preguntó a qué hora
había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las
siete le dejó la fiebre.
4:53 El padre entonces entendió que aquella era la hora
en que Jesús le había dicho: Tu
hijo vive; y creyó él con toda su casa.
4:54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de
Judea a Galilea.
Capítulo 5
El paralítico de Betesda
5:1 Después de estas cosas había una fiesta de los
judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
5:2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas,
un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
5:3 En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos,
cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
5:4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo
al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía
al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano
de cualquier enfermedad que tuviese.
5:5 Y había allí un hombre que hacía treinta
y ocho años que estaba enfermo.
5:6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho
tiempo así, le dijo: ¿Quieres
ser sano?
5:7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien
me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que
yo voy, otro desciende antes que yo.
5:8 Jesús le dijo: Levántate,
toma tu lecho, y anda.
5:9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho,
y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
5:10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había
sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar
tu lecho.
5:11 El les respondió: El que me sanó, él mismo
me dijo: Toma tu lecho y anda.
5:12 Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te
dijo: Toma tu lecho y anda?
5:13 Y el que había sido sanado no sabía quién
fuese, porque Jesús se había apartado de la gente
que estaba en aquel lugar.
5:14 Después le halló Jesús en el templo, y
le dijo: Mira, has sido sanado; no peques
más, para que no te venga alguna cosa peor.
5:15 El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús
era el que le había sanado.
5:16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús,
y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día
de reposo.
5:17 Y Jesús les respondió: Mi
Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
5:18 Por esto los judíos aun más procuraban matarle,
porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino
que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose
igual a Dios.
La autoridad del Hijo
5:19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De
cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí
mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre
hace, también lo hace el Hijo igualmente.
5:20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra
todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas
le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.
5:21 Porque como el Padre levanta a los
muertos, y les da vida, así también el Hijo a los
que quiere da vida.
5:22 Porque el Padre a nadie juzga, sino
que todo el juicio dio al Hijo,
5:23 para que todos honren al Hijo como
honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que
le envió.
5:24 De cierto, de cierto os digo: El que
oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna;
y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte
a vida.
5:25 De cierto, de cierto os digo: Viene
la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del
Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
5:26 Porque como el Padre tiene vida en
sí mismo, así también ha dado al Hijo el
tener vida en sí mismo;
5:27 y también le dio autoridad de
hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
5:28 No os maravilléis de esto; porque
vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros
oirán su voz;
5:29 y los que hicieron lo bueno, saldrán
a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a
resurrección de condenación.
Testigos de Cristo
5:30 No puedo yo hacer nada por mí
mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió,
la del Padre.
5:31 Si yo doy testimonio acerca de mí
mismo, mi testimonio no es verdadero.
5:32 Otro es el que da testimonio acerca
de mí, y sé que el testimonio que da de mí
es verdadero.
5:33 Vosotros enviasteis mensajeros a Juan,
y él dio testimonio de la verdad.
5:34 Pero yo no recibo testimonio de hombre
alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.
5:35 El era antorcha que ardía y
alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en
su luz.
5:36 Mas yo tengo mayor testimonio que el
de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese,
las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que
el Padre me ha enviado.
5:37 También el Padre que me envió
ha dado testimonio de mí. 
Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto
su aspecto,
5:38 ni tenéis su palabra morando
en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no
creéis.
5:39 Escudriñad las Escrituras; porque
a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna;
y ellas son las que dan testimonio de mí;
5:40 y no queréis venir a mí
para que tengáis vida.
5:41 Gloria de los hombres no recibo.
5:42 Mas yo os conozco, que no tenéis
amor de Dios en vosotros.
5:43 Yo he venido en nombre de mi Padre,
y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a
ése recibiréis.
5:44 ¿Cómo podéis vosotros
creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no
buscáis la gloria que viene del Dios único?
5:45 No penséis que yo voy a acusaros
delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien
tenéis vuestra esperanza.
5:46 Porque si creyeseis a Moisés,
me creeríais a mí, porque de mí escribió
él.
5:47 Pero si no creéis a sus escritos,
¿cómo creeréis a mis palabras?
Capítulo 6
Alimentación de los cinco mil
(Mt. 14.13-21; Mr.
6.30-44; Lc. 9.10-17)
6:1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar
de Galilea, el de Tiberias.
6:2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales
que hacía en los enfermos.
6:3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó
allí con sus discípulos.
6:4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
6:5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había
venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De
dónde compraremos pan para que coman éstos?
6:6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía
lo que había de hacer.
6:7 Felipe le respondió: Doscientos denarios
de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un
poco.
6:8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón
Pedro, le dijo:
6:9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de
cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
6:10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar
la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se
recostaron como en número de cinco mil varones.
6:11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado
gracias, los repartió entre los discípulos, y los
discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de
los peces, cuanto querían.
6:12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos:
Recoged los pedazos que sobraron, para que
no se pierda nada.
6:13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de
los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
6:14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús
había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que
había de venir al mundo.
6:15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse
de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él
solo.
Jesús anda sobre el mar
(Mt. 14.22-27; Mr.
6.45-52)
6:16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar,
6:17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum.
Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
6:18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.
6:19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios,
vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a
la barca; y tuvieron miedo.
6:20 Mas él les dijo: Yo soy; no
temáis.
6:21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual
llegó en seguida a la tierra adonde iban.
La gente busca a Jesús
6:22 El día siguiente, la gente que estaba al otro lado
del mar vio que no había habido allí más
que una sola barca, y que Jesús no había entrado
en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían
ido solos.
6:23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto
al lugar donde habían comido el pan después de haber
dado gracias el Señor.
6:24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí,
ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum,
buscando a Jesús.
Jesús, el pan de vida
6:25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí,
¿cuándo llegaste acá?
6:26 Respondió Jesús y les dijo: De
cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis
visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
6:27 Trabajad, no por la comida que perece,
sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo
del Hombre os dará; porque a éste señaló
Dios el Padre.
6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para
poner en práctica las obras de Dios?
6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta
es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
6:30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues,
haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué
obra haces?
6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto,
como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
6:32 Y Jesús les dijo: De cierto,
de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas
mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
6:33 Porque el pan de Dios es aquel que
descendió del cielo y da vida al mundo.
6:34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan
de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre;
y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
6:36 Mas os he dicho, que aunque me habéis
visto, no creéis.
6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá
a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
6:38 Porque he descendido del cielo, no
para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
6:39 Y esta es la voluntad del Padre, el
que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo
nada, sino que lo resucite en el día postrero.
6:40 Y esta es la voluntad del que me ha
enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga
vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
6:41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque
había dicho: Yo soy el pan que descendió
del cielo.
6:42 Y decían: ¿No es éste Jesús,
el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos?
¿Cómo, pues, dice éste: Del
cielo he descendido?
6:43 Jesús respondió y les dijo:No
murmuréis entre vosotros.
6:44 Ninguno puede venir a mí, si
el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré
en el día postrero.
6:45 Escrito está en los profetas:
Y serán todos enseñados por Dios.
Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió
de él, viene a mí.
6:46 No que alguno haya visto al Padre,
sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.
6:47 De cierto, de cierto os digo: El que
cree en mí, tiene vida eterna.
6:48 Yo soy el pan de vida.
6:49 Vuestros padres comieron el maná
en el desierto, y murieron.
6:50 Este es el pan que desciende del cielo,
para que el que de él come, no muera.
6:51 Yo soy el pan vivo que descendió
del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre;
y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré
por la vida del mundo.
6:52 Entonces los judíos contendían entre sí,
diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer
su carne?
6:53 Jesús les dijo: De cierto, de
cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre,
y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
6:54 El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día
postrero.
6:55 Porque mi carne es verdadera comida,
y mi sangre es verdadera bebida.
6:56 El que come mi carne y bebe mi sangre,
en mí permanece, y yo en él.
6:57 Como me envió el Padre viviente,
y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también
vivirá por mí.
6:58 Este es el pan que descendió
del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.
6:59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
Palabras de vida eterna
6:60 Al oirlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura
es esta palabra; ¿quién la puede oír?
6:61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos
murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto
os ofende?
6:62 ¿Pues qué, si viereis
al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?
6:63 El espíritu es el que da vida;
la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado
son espíritu y son vida.
6:64 Pero hay algunos de vosotros que no
creen. Porque Jesús
sabía desde el principio quiénes eran los que no
creían, y quién le había de entregar.
6:65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno
puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.
6:66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron
atrás, y ya no andaban con él.
6:67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis
acaso iros también vosotros?
6:68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a
quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
6:69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú
eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 
6:70 Jesús les respondió: ¿No
os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?
6:71 Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque
éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.
Capítulo 7
Incredulidad de los hermanos de Jesús
7:1 Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea;
pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban
matarle.
7:2 Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos;
7:3 y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea,
para que también tus discípulos vean las obras que
haces.
7:4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto.
Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
7:5 Porque ni aun sus hermanos creían en él.
7:6 Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo
aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está
presto.
7:7 No puede el mundo aborreceros a vosotros;
mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que
sus obras son malas.
7:8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subo
todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha
cumplido.
7:9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
Jesús en la fiesta de los tabernáculos
7:10 Pero después que sus hermanos habían subido,
entonces él también subió a la fiesta, no
abiertamente, sino como en secreto.
7:11 Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían:
¿Dónde está aquél?
7:12 Y había gran murmullo acerca de él entre la
multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían:
No, sino que engaña al pueblo.
7:13 Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo
a los judíos.
7:14 Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al
templo, y enseñaba.
7:15 Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo
sabe éste letras, sin haber estudiado?
7:16 Jesús les respondió y dijo:
Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
7:17 El que quiera hacer la voluntad de
Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo
por mi propia cuenta.
7:18 El que habla por su propia cuenta,
su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le
envió, éste es verdadero, y no hay en él
injusticia.
7:19 ¿No os dio Moisés la
ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué
procuráis matarme?
7:20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién
procura matarte?
7:21 Jesús respondió y les dijo: Una
obra hice, y todos os maravilláis.
7:22 Por cierto, Moisés os dio la
circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los
padres );
y en el día de reposo circuncidáis al hombre.
7:23 Si recibe el hombre la circuncisión
en el día de reposo, para que la ley de Moisés no
sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el
día de reposo sané completamente a un hombre?
7:24 No juzguéis según las
apariencias, sino juzgad con justo juicio.
¿Es éste el Cristo?
7:25 Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No
es éste a quien buscan para matarle?
7:26 Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada.
¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que
éste es el Cristo?
7:27 Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando
venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
7:28 Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó
la voz y dijo: A mí me conocéis,
y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí
mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros
no conocéis.
7:29 Pero yo le conozco, porque de él
procedo, y él me envió.
7:30 Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó
mano, porque aún no había llegado su hora.
7:31 Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían:
El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales
que las que éste hace?
Los fariseos envían alguaciles para prender a Jesús
7:32 Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él
estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron
alguaciles para que le prendiesen.
7:33 Entonces Jesús dijo: Todavía
un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al
que me envió.
7:34 Me buscaréis, y no me hallaréis;
y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir.
7:35 Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Adónde
se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá
a los dispersos entre los griegos, y enseñará a
los griegos?
7:36 ¿Qué significa esto que dijo: Me
buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré,
vosotros no podréis venir?
Ríos de agua viva
7:37 En el último y gran día de la fiesta,
Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si
alguno tiene sed, venga a mí y beba.
7:38 El que cree en mí, como dice
la Escritura, de su interior correrán ríos de agua
viva.
7:39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir
los que creyesen en él; pues aún no había
venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había
sido aún glorificado.
División entre la gente
7:40 Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras,
decían: Verdaderamente éste es el profeta.
7:41 Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían:
¿De Galilea ha de venir el Cristo?
7:42 ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de
la aldea de Belén,
de donde era David, ha de venir el Cristo?
7:43 Hubo entonces disensión entre la gente a causa de
él.
7:44 Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno
le echó mano.
¡Nunca ha hablado hombre así!
7:45 Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a
los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué
no le habéis traído?
7:46 Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno
ha hablado como este hombre!
7:47 Entonces los fariseos les respondieron: ¿También
vosotros habéis sido engañados?
7:48 ¿Acaso ha creído en él alguno de los
gobernantes, o de los fariseos?
7:49 Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es.
7:50 Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche,
el cual era uno de ellos:
7:51 ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no
le oye, y sabe lo que ha hecho?
7:52 Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también
galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado
profeta.
La mujer adúltera
7:53 Cada uno se fue a su casa;
Capítulo 8
8:1 y Jesús se fue al monte de los Olivos.
8:2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo
vino a él; y sentado él, les enseñaba.
8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida
en adulterio; y poniéndola en medio,
8:4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto
mismo de adulterio.
8:5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales
mujeres.
Tú, pues, ¿qué dices?
8:6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle.
Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en
tierra con el dedo.
8:7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les
dijo: El que de vosotros esté sin pecado
sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
8:8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió
escribiendo en tierra.
8:9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia,
salían uno a uno, comenzando desde los más viejos
hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer
que estaba en medio.
8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino
a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde
están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le
dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques
más.
Jesús, la luz del mundo
8:12 Otra vez Jesús les habló, diciendo:Yo
soy la luz del mundo;
el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá
la luz de la vida.
8:13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio
acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
8:14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque
yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es
verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde
voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni
a dónde voy.
8:15 Vosotros juzgáis según
la carne; yo no juzgo a nadie.
8:16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero;
porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.
8:17 Y en vuestra ley está escrito
que el testimonio de dos hombres es verdadero.
8:18 Yo soy el que doy testimonio de mí
mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.
8:19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre?
Respondió Jesús: Ni a mí
me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis,
también a mi Padre conoceríais.
8:20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las
ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió,
porque aún no había llegado su hora.
A donde yo voy, vosotros no podéis venir
8:21 Otra vez les dijo Jesús: Yo
me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis;
a donde yo voy, vosotros no podéis venir.
8:22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se
matará a sí mismo, que dice: A
donde yo voy, vosotros no podéis venir?
8:23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo,
yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este
mundo.
8:24 Por eso os dije que moriréis
en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en
vuestros pecados moriréis.
8:25 Entonces le dijeron: ¿Tú
quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde
el principio os he dicho.
8:26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar
de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo
que he oído de él, esto hablo al mundo.
8:27 Pero no entendieron que les hablaba del Padre.
8:28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando
hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis
que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según
me enseñó el Padre, así hablo.
8:29 Porque el que me envió, conmigo
está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre
lo que le agrada.
8:30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
La verdad os hará libres
8:31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían
creído en él: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos;
8:32 y conoceréis la verdad, y la
verdad os hará libres.
8:33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos,
y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo
dices tú: Seréis libres?
8:34 Jesús les respondió:
De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado,
esclavo es del pecado.
8:35 Y el esclavo no queda en la casa para
siempre; el hijo sí queda para siempre.
8:36 Así que, si el Hijo os libertare,
seréis verdaderamente libres.
8:37 Sé que sois descendientes de
Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla
cabida en vosotros.
8:38 Yo hablo lo que he visto cerca del
Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído
cerca de vuestro padre.
Sois de vuestro padre el diablo
8:39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús
les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las
obras de Abraham haríais.
8:40 Pero ahora procuráis matarme
a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído
de Dios; no hizo esto Abraham.
8:41 Vosotros hacéis las obras de
vuestro padre. Entonces le
dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre
tenemos, que es Dios.
8:42 Jesús entonces les dijo: Si
vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque
yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí
mismo, sino que él me envió.
8:43 ¿Por qué no entendéis
mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.
8:44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo,
y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido
homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad,
porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo
habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
8:45 Y a mí, porque digo la verdad,
no me creéis.
8:46 ¿Quién de vosotros me
redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué
vosotros no me creéis?
8:47 El que es de Dios, las palabras de
Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois
de Dios.
La preexistencia de Cristo
8:48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No
decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes
demonio?
8:49 Respondió Jesús: Yo no
tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis.
8:50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien
la busca, y juzga.
8:51 De cierto, de cierto os digo, que el
que guarda mi palabra, nunca verá muerte.
8:52 Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que
tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú
dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.
8:53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham,
el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién
te haces a ti mismo?
8:54 Respondió Jesús: Si yo
me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es
el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro
Dios.
8:55 Pero vosotros no le conocéis;
mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería
mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra.
8:56 Abraham vuestro padre se gozó
de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
8:57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes
cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
8:58 Jesús les dijo: De cierto, de
cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
8:59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús
se escondió y salió del templo; y atravesando por
en medio de ellos, se fue.
Capítulo 9
Jesús sana a un ciego de nacimiento
9:1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
9:2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí,
¿quién pecó, éste o sus padres, para
que haya nacido ciego?
9:3 Respondió Jesús: No es que
pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras
de Dios se manifiesten en él.
9:4 Me es necesario hacer las obras del que
me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene,
cuando nadie puede trabajar.
9:5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz
soy del mundo.
9:6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva,
y untó con el lodo los ojos del ciego,
9:7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque
de Siloé (que traducido
es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.
9:8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto
que era ciego, decían: ¿No es éste el que se
sentaba y mendigaba?
9:9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El
decía: Yo soy.
9:10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
9:11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama
Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al
Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí
la vista.
9:12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él?
El dijo: No sé.
Los fariseos interrogan al ciego sanado
9:13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
9:14 Y era día de reposo cuando Jesús había
hecho el lodo, y le había abierto los ojos.
9:15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos
cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso
lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
9:16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre
no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.
Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador
hacer estas señales? Y había disensión entre
ellos.
9:17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué
dices tú del que te abrió los ojos? Y él
dijo: Que es profeta.
9:18 Pero los judíos no creían que él había
sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron
a los padres del que había recibido la vista,
9:19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro
hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo,
pues, ve ahora?
9:20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste
es nuestro hijo, y que nació ciego;
9:21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién
le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene,
preguntadle a él; él hablará por sí
mismo.
9:22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los
judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado
que si alguno confesase que Jesús era el Mesías,
fuera expulsado de la sinagoga.
9:23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
9:24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido
ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese
hombre es pecador.
9:25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador,
no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego,
ahora veo.
9:26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo
te abrió los ojos?
9:27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis
querido oir; ¿por qué lo queréis oír
otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros
sus discípulos?
9:28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo;
pero nosotros, discípulos de Moisés somos.
9:29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero
respecto a ése, no sabemos de dónde sea.
9:30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso,
que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí
me abrió los ojos.
9:31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno
es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.
9:32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno
abriese los ojos a uno que nació ciego.
9:33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
9:34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en
pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
Ceguera espiritual
9:35 Oyó Jesús que le habían expulsado;
y hallándole, le dijo: ¿Crees
tú en el Hijo de Dios?
9:36 Respondió él y dijo: ¿Quién es,
Señor, para que crea en él?
9:37 Le dijo Jesús: Pues le has visto,
y el que habla contigo, él es.
9:38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
9:39 Dijo Jesús: Para juicio he venido
yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven,
sean cegados.
9:40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él,
al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también
ciegos?
9:41 Jesús les respondió: Si
fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque
decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
Capítulo 10
Parábola del redil
10:1 De cierto, de cierto os digo: El que
no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube
por otra parte, ése es ladrón y salteador.
10:2 Mas el que entra por la puerta, el pastor
de las ovejas es.
10:3 A éste abre el portero, y las
ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.
10:4 Y cuando ha sacado fuera todas las propias,
va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
10:5 Mas al extraño no seguirán,
sino huirán de él, porque no conocen la voz de los
extraños.
10:6 Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron
qué era lo que les decía.
Jesús, el buen pastor
10:7 Volvió, pues, Jesús a decirles: De
cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
10:8 Todos los que antes de mí vinieron,
ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.
10:9 Yo soy la puerta; el que por mí
entrare, será salvo; y entrará, y saldrá,
y hallará pastos.
10:10 El ladrón no viene sino para
hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida,
y para que la tengan en abundancia.
10:11 Yo soy el buen pastor;
el buen pastor su vida da por las ovejas.
10:12 Mas el asalariado, y que no es el
pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y
deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.
10:13 Así que el asalariado huye,
porque es asalariado, y no le importan las ovejas.
10:14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis
ovejas, y las mías me conocen,
10:15 así como el Padre me conoce,
y yo conozco al Padre;
y pongo mi vida por las ovejas.
10:16 También tengo otras ovejas
que no son de este redil; aquéllas también debo
traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño,
y un pastor.
10:17 Por eso me ama el Padre, porque yo
pongo mi vida, para volverla a tomar.
10:18 Nadie me la quita, sino que yo de
mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder
para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
10:19 Volvió a haber disensión entre los judíos
por estas palabras.
10:20 Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está
fuera de sí; ¿por qué le oís?
10:21 Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado.
¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?
Los judíos rechazan a Jesús
10:22 Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la
dedicación. Era invierno,
10:23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico
de Salomón.
10:24 Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta
cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el
Cristo, dínoslo abiertamente.
10:25 Jesús les respondió: Os
lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre
de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;
10:26 pero vosotros no creéis, porque
no sois de mis ovejas, como os he dicho.
10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco,
y me siguen,
10:28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán
jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
10:29 Mi Padre que me las dio, es mayor
que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
10:30 Yo y el Padre uno somos.
10:31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para
apedrearle.
10:32 Jesús les respondió: Muchas
buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál
de ellas me apedreáis?
10:33 Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra
no te apedreamos, sino por la blasfemia;
porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
10:34 Jesús les respondió: ¿No
está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?
10:35 Si llamó dioses a aquellos
a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser
quebrantada),
10:36 ¿al que el Padre santificó
y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas,
porque dije: Hijo de Dios soy?
10:37 Si no hago las obras de mi Padre,
no me creáis.
10:38 Mas si las hago, aunque no me creáis
a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis
que el Padre está en mí, y yo en el Padre.
10:39 Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó
de sus manos.
10:40 Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar
donde primero había estado bautizando Juan;
y se quedó allí.
10:41 Y muchos venían a él, y decían: Juan,
a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan
dijo de éste, era verdad.
10:42 Y muchos creyeron en él allí.
Capítulo 11
Muerte de Lázaro
11:1 Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania,
la aldea de María y de Marta su hermana.
11:2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue
la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó
los pies con sus cabellos.)
11:3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor,
he aquí el que amas está enfermo.
11:4 Oyéndolo Jesús, dijo: Esta
enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para
que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
11:5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
11:6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó
dos días más en el lugar donde estaba.
11:7 Luego, después de esto, dijo a los discípulos:
Vamos a Judea otra vez.
11:8 Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban
los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?
11:9 Respondió Jesús: ¿No
tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza,
porque ve la luz de este mundo;
11:10 pero el que anda de noche, tropieza,
porque no hay luz en él.
11:11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro
amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.
11:12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme,
sanará.
11:13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro;
y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
11:14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro
ha muerto;
11:15 y me alegro por vosotros, de no haber
estado allí, para que creáis; mas vamos a él.
11:16 Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos:
Vamos también nosotros, para que muramos con él.
Jesús, la resurrección y la vida
11:17 Vino, pues, Jesús, y halló que hacía
ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
11:18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince
estadios;
11:19 y muchos de los judíos habían venido a Marta
y a María, para consolarlas por su hermano.
11:20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía,
salió a encontrarle; pero María se quedó
en casa.
11:21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado
aquí, mi hermano no habría muerto.
11:22 Mas también sé ahora que todo lo que pidas
a Dios, Dios te lo dará.
11:23 Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
11:24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la
resurrección, en el día postrero.
11:25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección
y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto,
vivirá.
11:26 Y todo aquel que vive y cree en mí,
no morirá eternamente. ¿Crees esto?
11:27 Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que
tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Jesús llora ante la tumba de Lázaro
11:28 Habiendo dicho esto, fue y llamó a María
su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está
aquí y te llama.
11:29 Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y
vino a él.
11:30 Jesús todavía no había entrado en la
aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había
encontrado.
11:31 Entonces los judíos que estaban en casa con ella
y la consolaban, cuando vieron que María se había
levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo:
Va al sepulcro a llorar allí.
11:32 María, cuando llegó a donde estaba Jesús,
al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor,
si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
11:33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos
que la acompañaban, también llorando, se estremeció
en espíritu y se conmovió,
11:34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis?
Le dijeron: Señor, ven y ve.
11:35 Jesús lloró.
11:36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le
amaba.
11:37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste,
que abrió los ojos al ciego, haber hecho también
que Lázaro no muriera?
Resurrección de Lázaro
11:38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al
sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.
11:39 Dijo Jesús: Quitad la piedra.
Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor,
hiede ya, porque es de cuatro días.
11:40 Jesús le dijo: ¿No te
he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
11:41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto
el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre,
gracias te doy por haberme oído.
11:42 Yo sabía que siempre me oyes;
pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor,
para que crean que tú me has enviado.
11:43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro,
ven fuera!
11:44 Y el que había muerto salió, atadas las manos
y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús
les dijo: Desatadle, y dejadle ir.
El complot para matar a Jesús
(Mt. 26.1-5; Mr.
14.1-2; Lc. 22.1-2)
11:45 Entonces muchos de los judíos que habían
venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo
Jesús, creyeron en él.
11:46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron
lo que Jesús había hecho.
11:47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron
el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este
hombre hace muchas señales.
11:48 Si le dejamos así, todos creerán en él;
y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar
santo y nuestra nación.
11:49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel
año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
11:50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por
el pueblo, y no que toda la nación perezca.
11:51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el
sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús
había de morir por la nación;
11:52 y no solamente por la nación, sino también
para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
11:53 Así que, desde aquel día acordaron matarle.
11:54 Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre
los judíos, sino que se alejó de allí a la
región contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín;
y se quedó allí con sus discípulos.
11:55 Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos
subieron de aquella región a Jerusalén antes de
la pascua, para purificarse.
11:56 Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo,
se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No
vendrá a la fiesta?
11:57 Y los principales sacerdotes y los fariseos habían
dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase,
para que le prendiesen.
Capítulo 12
Jesús es ungido en Betania
(Mt. 26.6-13; Mr.
14.3-9)
12:1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania,
donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y
a quien había resucitado de los muertos.
12:2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y
Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con
él.
12:3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo
puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús,
y los enjugó con sus cabellos;
y la casa se llenó del olor del perfume.
12:4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de
Simón, el que le había de entregar:
12:5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos
denarios,
y dado a los pobres?
12:6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque
era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que
se echaba en ella.
12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala;
para el día de mi sepultura ha guardado esto.
12:8 Porque a los pobres siempre los tendréis
con vosotros,
mas a mí no siempre me tendréis.
El complot contra Lázaro
12:9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que
él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa
de Jesús, sino también para ver a Lázaro,
a quien había resucitado de los muertos.
12:10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también
a Lázaro,
12:11 porque a causa de él muchos de los judíos
se apartaban y creían en Jesús.
La entrada triunfal en Jerusalén
(Mt. 21.1-11; Mr.
11.1-11; Lc. 19.28-40)
12:12 El siguiente día, grandes multitudes que habían
venido a la fiesta, al oír que Jesús venía
a Jerusalén,
12:13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban:
¡Hosanna!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor,
el Rey de Israel!
12:14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre
él, como está escrito:
12:15 No temas, hija de Sion;
He aquí tu Rey viene,
Montado sobre un pollino de asna.
12:16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al
principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces
se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él,
y de que se las habían hecho.
12:17 Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando
llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó
de los muertos.
12:18 Por lo cual también había venido la gente
a recibirle, porque había oído que él había
hecho esta señal.
12:19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no
conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.
Unos griegos buscan a Jesús
12:20 Había ciertos griegos entre los que habían
subido a adorar en la fiesta.
12:21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida
de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos
ver a Jesús.
12:22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés
y Felipe se lo dijeron a Jesús.
12:23 Jesús les respondió diciendo: Ha
llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
12:24 |