Deuteronomio
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Deuteronomio significa "Segunda Ley", y fue llamado así por estar
ubicado en nuestra Biblia después del conjunto de leyes que ocupan
los libros del Levítico y de los Números. Sin embargo, fue escrito
antes que éstos. Fue el primer intento para unificar mandamientos
y costumbres y para dar a Israel la Ley en que encontraría la
vida.
Capítulo 1
Moisés recuerda a Israel las promesas
de Jehová en Horeb
1:1 Estas son las palabras que habló Moisés a todo
Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá
frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot
y Dizahab.
1:2 Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta
Cades-barnea.
1:3 Y aconteció que a los cuarenta años, en el mes
undécimo, el primero del mes, Moisés habló
a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová
le había mandado acerca de ellos,
1:4 después que derrotó a Sehón rey de los
amorreos,
el cual habitaba en Hesbón, y a Og rey de Basán
que habitaba en Astarot en Edrei.
1:5 De este lado del Jordán, en tierra de Moab, resolvió
Moisés declarar esta ley, diciendo:
1:6 Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo:
Habéis estado bastante tiempo en este monte.
1:7 Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus comarcas,
en el Arabá, en el monte, en los valles, en el Neguev,
y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo, y al Líbano,
hasta el gran río, el río Eufrates.
1:8 Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra
que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac
y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después
de ellos.
Nombramiento de jueces
(Ex. 18.13-27)
1:9 En aquel tiempo yo os hablé diciendo: Yo solo no puedo
llevaros.
1:10 Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí
hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud.
1:11 ¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil
veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha
prometido!
1:12 ¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias,
vuestras cargas y vuestros pleitos?
1:13 Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios
y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes.
1:14 Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es hacer lo que has
dicho.
1:15 Y tomé a los principales de vuestras tribus, varones
sabios y expertos, y los puse por jefes sobre vosotros, jefes
de millares, de centenas, de cincuenta y de diez, y gobernadores
de vuestras tribus.
1:16 Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd
entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y
su hermano, y el extranjero.
1:17 No hagáis distinción de persona en el juicio;
así al pequeño como al grande oiréis; no
tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios;
y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí,
y yo la oiré.
1:18 Os mandé, pues, en aquel tiempo, todo lo que habíais
de hacer.
Misión de los doce espías
(Nm. 13.1-33)
1:19 Y salidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible
desierto que habéis visto, por el camino del monte del
amorreo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó;
y llegamos hasta Cades- barnea.
1:20 Entonces os dije: Habéis llegado al monte del amorreo,
el cual Jehová nuestro Dios nos da.
1:21 Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube
y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de
tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.
1:22 Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos
varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra, y a
su regreso nos traigan razón del camino por donde hemos
de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar.
1:23 Y el dicho me pareció bien; y tomé doce varones
de entre vosotros, un varón por cada tribu.
1:24 Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta el
valle de Escol, y reconocieron la tierra.
1:25 Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo
trajeron, y nos dieron cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que
Jehová nuestro Dios nos da.
1:26 Sin embargo, no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes
al mandato de Jehová vuestro Dios; 
1:27 y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová
nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos
en manos del amorreo para destruirnos.
1:28 ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado
nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más
alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el
cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.
1:29 Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo
de ellos.
1:30 Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros,
él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas
que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos.
1:31 Y en el desierto
has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como
trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis
andado, hasta llegar a este lugar.
1:32 Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro
Dios,
1:33 quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros
el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para
mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día.
Dios castiga a Israel
(Nm. 14.20-35)
1:34 Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras,
y se enojó, y juró diciendo:
1:35 No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación,
la buena tierra que juré que había de dar a vuestros
padres,
1:36 excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y
a él le daré la tierra que pisó, y a sus
hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová.
1:37 También contra mí se airó Jehová
por vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá.
1:38 Josué hijo de Nun, el cual te sirve, él entrará
allá; anímale, porque él la hará heredar
a Israel.
1:39 Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían
de botín, y vuestros hijos que no saben hoy lo bueno ni
lo malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré,
y ellos la heredarán.
1:40 Pero vosotros volveos e id al desierto, camino del Mar Rojo.
La derrota en Horma
(Nm. 14.39-45)
1:1:41 Entonces respondisteis y me dijisteis: Hemos pecado contra
Jehová; nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo
lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis
cada uno con sus armas de guerra, y os preparasteis para subir
al monte.
1:42 Y Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis,
pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados
por vuestros enemigos.
1:43 Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis
rebeldes al mandato de Jehová, y persistiendo con altivez
subisteis al monte.
1:44 Pero salió a vuestro encuentro el amorreo, que habitaba
en aquel monte, y os persiguieron como hacen las avispas, y os
derrotaron en Seir, hasta Horma.
1:45 Y volvisteis y llorasteis delante de Jehová, pero
Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó
oído.
1:46 Y estuvisteis en Cades por muchos días, los días
que habéis estado allí.
Capítulo 2
Los años en el desierto
2:1 Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como
Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir
por mucho tiempo.
2:2 Y Jehová me habló, diciendo:
2:3 Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte.
2:4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio
de vuestros hermanos los hijos de Esaú,
que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas
vosotros guardaos mucho.
2:5 No os metáis con ellos, porque no os daré de su
tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado
por heredad a Esaú el monte de Seir.
2:6 Compraréis de ellos por dinero los alimentos, y comeréis;
y también compraréis de ellos el agua, y beberéis;
2:7 pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus
manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta
años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha
faltado.
2:8 Y nos alejamos del territorio de nuestros hermanos los hijos
de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino del Arabá
desde Elat y Ezión-geber; y volvimos, y tomamos el camino
del desierto de Moab.
2:9 Y Jehová me dijo: No molestes a Moab,
ni te empeñes con ellos en guerra, porque no te daré
posesión de su tierra; porque yo he dado a Ar por heredad
a los hijos de Lot.
2:10 (Los emitas habitaron en ella antes, pueblo grande y numeroso,
y alto como los hijos de Anac.
2:11 Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos
de Anac; y los moabitas los llaman emitas.
2:12 Y en Seir habitaron antes los horeos, a los cuales echaron
los hijos de Esaú; y los arrojaron de su presencia, y habitaron
en lugar de ellos, como hizo Israel en la tierra que les dio Jehová
por posesión.)
2:13 Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo
de Zered.
2:14 Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta cuando
pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta
que se acabó toda la generación de los hombres de
guerra de en medio del campamento, como Jehová les había
jurado.
2:15 Y también la mano de Jehová vino sobre ellos
para destruirlos de en medio del campamento, hasta acabarlos.
2:16 Y aconteció que después que murieron todos los
hombres de guerra de entre el pueblo,
2:17 Jehová me habló, diciendo:
2:18 Tú pasarás hoy el territorio de Moab, a Ar.
2:19 Y cuando te acerques a los hijos de Amón,
no los molestes, ni contiendas con ellos; porque no te daré
posesión de la tierra de los hijos de Amón, pues a
los hijos de Lot la he dado por heredad.
2:20 (Por tierra de gigantes fue también ella tenida; habitaron
en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban
zomzomeos;
2:21 pueblo grande y numeroso, y alto, como los hijos de Anac; a
los cuales Jehová destruyó delante de los amonitas.
Estos sucedieron a aquéllos, y habitaron en su lugar,
2:22 como hizo Jehová con los hijos de Esaú que habitaban
en Seir, delante de los cuales destruyó a los horeos; y ellos
sucedieron a éstos, y habitaron en su lugar hasta hoy.
2:23 Y a los aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, los caftoreos
que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.)
2:24 Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí
he entregado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo,
y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra
en guerra con él.
2:25 Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los
pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama,
y temblarán y se angustiarán delante de ti.
Israel derrota a Sehón
(Nm. 21.21-30)
2:26 Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a
Sehón rey de Hesbón con palabras de paz, diciendo:
2:27 Pasaré por tu tierra por el camino; por el camino
iré, sin apartarme ni a diestra ni a siniestra.
2:28 La comida me venderás por dinero, y comeré;
el agua también me darás por dinero, y beberé;
solamente pasaré a pie,
2:29 como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban
en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar; hasta que cruce el
Jordán a la tierra que nos da Jehová nuestro Dios.
2:30 Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos
por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios había
endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para
entregarlo en tu mano, como hasta hoy.
2:31 Y me dijo Jehová: He aquí yo he comenzado a
entregar delante de ti a Sehón y a su tierra; comienza
a tomar posesión de ella para que la heredes.
2:32 Y nos salió Sehón al encuentro, él y
todo su pueblo, para pelear en Jahaza.
2:33 Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante
de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo
su pueblo.
2:34 Tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las
ciudades, hombres, mujeres y niños; no dejamos ninguno.
2:35 Solamente tomamos para nosotros los ganados, y los despojos
de las ciudades que habíamos tomado.
2:36 Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo
de Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta
Galaad, no hubo ciudad que escapase de nosotros; todas las entregó
Jehová nuestro Dios en nuestro poder.
2:37 Solamente a la tierra de los hijos de Amón no llegamos;
ni a todo lo que está a la orilla del arroyo de Jaboc ni
a las ciudades del monte, ni a lugar alguno que Jehová
nuestro Dios había prohibido.
Capítulo 3
Israel derrota a Og rey de Basán
(Nm. 21.31-35)
3:1 Volvimos, pues, y subimos camino de Basán, y nos salió
al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo
su pueblo, en Edrei.
3:2 Y me dijo Jehová: No tengas temor de él, porque
en tu mano he entregdo a él y a todo su pueblo, con su tierra;
y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo,
que habitaba en Hesbón.
3:3 Y Jehová nuestro Dios entregó también en
nuestra mano a Og rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual
derrotamos hasta acabar con todos.
3:4 Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad
que no les tomásemos; sesenta ciudades, toda la tierra de
Argob, del reino de Og en Basán.
3:5 Todas estas eran ciudades fortificadas con muros altos, con
puertas y barras, sin contar otras muchas ciudades sin muro.
3:6 Y las destruimos, como hicimos a Sehón rey de Hesbón,
matando en toda ciudad a hombres, mujeres y niños.
3:7 Y tomamos para nosotros todo el ganado, y los despojos de las
ciudades.
3:8 También tomamos en aquel tiempo la tierra desde el arroyo
de Arnón hasta el monte de Hermón, de manos de los
dos reyes amorreos que estaban a este lado del Jordán.
3:9 (Los sidonios llaman a Hermón, Sirión; y los amorreos,
Senir.)
3:10 Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y todo Basán
hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán.
3:11 Porque únicamente Og rey de Basán había
quedado del resto de los gigantes. Su cama, una cama de hierro,
¿no está en Rabá de los hijos de Amón?
La longitud de ella es de nueve codos,
y su anchura de cuatro codos, según el codo de un hombre.
Rubén, Gad y la media tribu de Manasés se establecen
al oriente del Jordán
(Nm. 32.1-42)
3:12 Y esta tierra que heredamos en aquel tiempo, desde Aroer,
que está junto al arroyo de Arnón, y la mitad del
monte de Galaad con sus ciudades, la di a los rubenitas y a los
gaditas;
3:13 y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og,
toda la tierra de Argob, que se llamaba la tierra de los gigantes,
lo di a la media tribu de Manasés.
3:14 Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de
Argob hasta el límite con Gesur y Maaca, y la llamó
por su nombre, Basán- havot-jair, hasta hoy.
3:15 Y Galaad se lo di a Maquir.
3:16 Y a los rubenitas y gaditas les di de Galaad hasta el arroyo
de Arnón, teniendo por límite el medio del valle,
hasta el arroyo de Jaboc, el cual es límite de los hijos
de Amón;
3:17 también el Arabá, con el Jordán como
límite desde Cineret hasta el mar del Arabá, el
Mar Salado, al pie de las laderas del Pisga al oriente.
3:18 Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro
Dios os ha dado esta tierra por heredad; pero iréis armados
todos los valientes delante de vuestros hermanos los hijos de
Israel.
3:19 Solamente vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestros ganados
(yo sé que tenéis mucho ganado), quedarán
en las ciudades que os he dado,
3:20 hasta que Jehová dé reposo a vuestros hermanos,
así como a vosotros, y hereden ellos también la
tierra que Jehová vuestro Dios les da al otro lado del
Jordán; entonces os volveréis cada uno a la heredad
que yo os he dado.
3:21 Ordené también a Josué en aquel tiempo,
diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Jehová vuestro Dios
ha hecho a aquellos dos reyes; así hará Jehová
a todos los reinos a los cuales pasarás tú.
3:22 No los temáis; porque Jehová vuestro Dios,
él es el que pelea por vosotros.
No se le permite a Moisés entrar a Canaán
3:23 Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo:
3:24 Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar
a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué
dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas
como las tuyas?
3:25 Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está
más allá del Jordán, aquel buen monte, y
el Líbano.
3:26 Pero Jehová se había enojado contra mí
a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo
Jehová: Basta, no me hables más de este asunto.
3:27 Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al
norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque
no pasarás el Jordán. 
3:28 Y manda a Josué, y anímalo, y fortalécelo;
porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él
les hará heredar la tierra que verás.
3:29 Y paramos en el valle delante de Bet-peor.
Capítulo 4
Moisés exhorta a la obediencia
4:1 Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo
os enseño, para que los ejecutéis, y viváis,
y entréis y poseáis la tierra que Jehová el
Dios de vuestros padres os da.
4:2 No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni
disminuiréis de ella,
para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro
Dios que yo os ordene.
4:3 Vuestros ojos vieron lo que hizo Jehová con motivo de
Baal- peor; que a todo hombre que fue en pos de Baal-peor destruyó
Jehová tu Dios de en medio de ti.
4:4 Mas vosotros que seguisteis a Jehová vuestro Dios, todos
estáis vivos hoy.
4:5 Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová
mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio
de la tierra en la cual entráis para tomar posesión
de ella.
4:6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra
sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos,
los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente
pueblo sabio y entendido, nación grande es esta.
4:7 Porque ¿qué nación grande hay que tenga
dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro
Dios en todo cuanto le pedimos?
4:8 Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos
y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante
de vosotros?
La experiencia de Israel en Horeb
4:9 Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia,
para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni
se aparten de tu corazón todos los días de tu vida;
antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos
de tus hijos.
4:10 El día que estuviste delante de Jehová tu Dios
en Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo,
para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán,
para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra,
y las enseñarán a sus hijos;
4:11 y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte
ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas,
nube y oscuridad;
4:12 y habló Jehová con vosotros de en medio del
fuego;
oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción
de oír la voz, ninguna figura visteis.
4:13 Y él os anunció su pacto, el cual os mandó
poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en
dos tablas de piedra.
4:14 A mí también me mandó Jehová
en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios,
para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis
a tomar posesión de ella.
Advertencia contra la idolatría
4:15 Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura
visteis el día que Jehová habló con vosotros
de en medio del fuego;
4:16 para que no os corrompáis y hagáis para vosotros
escultura,   imagen
de figura alguna, efigie de varón o hembra,
4:17 figura de animal alguno que está en la tierra, figura
de ave alguna alada que vuele por el aire,
4:18 figura de ningún animal que se arrastre sobre la tierra,
figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra.
4:19 No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la
luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas
impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová
tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los
cielos.
4:20 Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado
del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo
de su heredad     
como en este día.
4:21 Y Jehová se enojó contra mí por causa
de vosotros, y juró que yo no pasaría el Jordán,
ni entraría en la buena tierra que Jehová tu Dios
te da por heredad.
4:22 Así que yo voy a morir en esta tierra, y no pasaré
el Jordán; mas vosotros pasaréis, y poseeréis
aquella buena tierra.
4:23 Guardaos, no os olvidéis del pacto de Jehová
vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y
no os hagáis escultura o imagen de ninguna cosa que Jehová
tu Dios te ha prohibido.
4:24 Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor,
Dios celoso.
4:25 Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis
envejecido en la tierra, si os corrompiereis e hiciereis escultura
o imagen de cualquier cosa, e hiciereis lo malo ante los ojos
de Jehová vuestro Dios, para enojarlo;
4:26 yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra, que pronto
pereceréis totalmente de la tierra hacia la cual pasáis
el Jordán para tomar posesión de ella; no estaréis
en ella largos días sin que seáis destruidos.
4:27 Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y
quedaréis pocos en número entre las naciones a las
cuales os llevará Jehová.
4:28 Y serviréis allí a dioses hechos de manos de
hombres, de madera y piedra,
que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.
4:29 Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios,
lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y
de toda tu alma.
4:30 Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas
cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová
tu Dios, y oyeres su voz;
4:31 porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te
dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del
pacto que les juró a tus padres.
4:32 Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido
antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre
sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho
cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como
ella.
4:33 ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, hablando
de en medio del fuego, como tú la has oído, sin
perecer?
4:34 ¿O ha intentado Dios venir a tomar para sí
una nación de en medio de otra nación, con pruebas,
con señales, con milagros y con guerra, y mano poderosa
y brazo extendido, y hechos aterradores como todo lo que hizo
con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto ante tus ojos?
4:35 A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová
es Dios, y no hay otro fuera de él.
4:36 Desde los cielos te hizo oír su voz, para enseñarte;
y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y has oído
sus palabras de en medio del fuego.
4:37 Y por cuanto él amó a tus padres, escogió
a su descendencia después de ellos, y te sacó de
Egipto con su presencia y con su gran poder,
4:38 para echar de delante de tu presencia naciones grandes y
más fuertes que tú, y para introducirte y darte
su tierra por heredad, como hoy.
4:39 Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que
Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra,
y no hay otro.
4:40 Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo
te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después
de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová
tu Dios te da para siempre.
Las ciudades de refugio al oriente del Jordán
4:41 Entonces apartó Moisés tres ciudades a este
lado del Jordán al nacimiento del sol,
4:42 para que huyese allí el homicida que matase a su prójimo
sin intención, sin haber tenido enemistad con él
nunca antes; y que huyendo a una de estas ciudades salvase su
vida:
4:43 Beser en el desierto, en tierra de la llanura, para los rubenitas;
Ramot en Galaad para los gaditas, y Golán en Basán
para los de Manasés.
Moisés recapitula la promulgación de la ley
4:44 Esta, pues, es la ley que Moisés puso delante de
los hijos de Israel.
4:45 Estos son los testimonios, los estatutos y los decretos que
habló Moisés a los hijos de Israel cuando salieron
de Egipto;
4:46 a este lado del Jordán, en el valle delante de Bet-peor,
en la tierra de Sehón rey de los amorreos que habitaba
en Hesbón, al cual derrotó Moisés con los
hijos de Israel, cuando salieron de Egipto;
4:47 y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán;
dos reyes de los amorreos que estaban de este lado del Jordán,
al oriente.
4:48 Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo
de Arnón, hasta el monte de Sion, que es Hermón;
4:49 y todo el Arabá de este lado del Jordán, al
oriente, hasta el mar del Arabá, al pie de las laderas
del Pisga.
Capítulo 5
Los Diez Mandamientos
(Ex. 20.1-17)
5:1 Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel,
los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos;
aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.
5:2 Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb.
5:3 No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con
nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.
5:4 Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte
de en medio del fuego.
5:5 Yo estaba entonces entre Jehová y vosotros, para declararos
la palabra de Jehová; porque vosotros tuvisteis temor del
fuego, y no subisteis al monte. Dijo:
5:6 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra
de Egipto, de casa de servidumbre.
5:7 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
5:8 No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa
que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra.
5:9 No te inclinarás a ellas ni las servirás;   
porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito
la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta
generación de los que me aborrecen,
5:10 y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan
mis mandamientos.  
5:11 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano;
porque Jehová no dará por inocente al que tome su
nombre en vano.
5:12 Guardarás el día de reposo para santificarlo,
como Jehová tu Dios te ha mandado.
5:13 Seis días trabajarás, y harás toda tu
obra;
5:14 mas el séptimo día es reposo a Jehová
tu Dios; ninguna obra harás tú,    ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni
tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está
dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como
tú.
5:15 Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que
Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte
y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado
que guardes el día de reposo.
5:16 Honra a tu padre y a tu madre,      como
Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus
días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová
tu Dios te da.
5:17 No matarás.       
5:18 No cometerás adulterio.
5:19 No hurtarás.   
5:20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.   
5:21 No codiciarás   la
mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo,
ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno,
ni cosa alguna de tu prójimo.
El terror del pueblo
(Ex. 20.18-26)
5:22 Estas palabras habló Jehová a toda vuestra
congregación en el monte, de en medio del fuego, de la
nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió
más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las
cuales me dio a mí.
5:23 Y aconteció que cuando vosotros oísteis la
voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía
en fuego, vinisteis a mí, todos los príncipes de
vuestras tribus, y vuestros ancianos,
5:24 y dijisteis: He aquí Jehová nuestro Dios nos
ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz
de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla
al hombre, y éste aún vive.
5:25 Ahora, pues, ¿por qué vamos a morir? Porque
este gran fuego nos consumirá; si oyéremos otra
vez la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos.
5:26 Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la
voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros
la oímos, y aún viva?
5:27 Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere
Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo
lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos
y haremos.
5:28 Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras cuando
me hablabais, y me dijo Jehová: He oído la voz de
las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado; bien está
todo lo que han dicho.
5:29 ¡Quién diera que tuviesen tal corazón,
que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos,
para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!
5:30 Ve y diles: Volveos a vuestras tiendas.
5:31 Y tú quédate aquí conmigo, y te diré
todos los mandamientos y estatutos y decretos que les enseñarás,
a fin de que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les
doy por posesión.
5:32 Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro
Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra ni a siniestra.
5:33 Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os
ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis
largos días en la tierra que habéis de poseer.
Capítulo 6
El gran mandamiento
6:1 Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que
Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase,
para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis
vosotros para tomarla;
6:2 para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus
estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo,
y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que
tus días sean prolongados.
6:3 Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que
te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis,
como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres.
6:4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.
6:5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón,
y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
6:6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu
corazón;
6:7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas
estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando
te levantes.
6:8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán
como frontales entre tus ojos;
6:9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.
Exhortaciones a la obediencia
6:10 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra
que juró a tus padres Abraham,
Isaac
y Jacob
que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú
no edificaste,
6:11 y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y
cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares
que no plantaste, y luego que comas y te sacies,
6:12 cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó
de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
6:13 A Jehová tu Dios temerás, y a él solo
servirás,
y por su nombre jurarás.
6:14 No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses
de los pueblos que están en vuestros contornos;
6:15 porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de
ti está; para que no se inflame el furor de Jehová
tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la tierra.
6:16 No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como
lo tentasteis en Masah.
6:17 Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová
vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado.
6:18 Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para
que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová
juró a tus padres;
6:19 para que él arroje a tus enemigos de delante de ti,
como Jehová ha dicho.
6:20 Mañana cuando te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué
significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová
nuestro Dios os mandó?
6:21 entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos
de Faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de
Egipto con mano poderosa.
6:22 Jehová hizo señales y milagros grandes y terribles
en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de
nuestros ojos;
6:23 y nos sacó de allá, para traernos y darnos
la tierra que juró a nuestros padres.
6:24 Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos
estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que
nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la
vida, como hasta hoy.
6:25 Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos
estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como
él nos ha mandado.
Capítulo 7
Advertencias contra la idolatría de
Canaán
(Ex. 34.11-17)
7:1 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra
en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante
de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo,
al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones
mayores y más poderosas que tú,
7:2 y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y
las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás
con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.
7:3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija
a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.
7:4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán
a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá
sobre vosotros, y te destruirá pronto.
7:5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares
destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis
sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas
en el fuego.
Un pueblo santo para Jehová
7:6 Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu
Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo
especial,     más
que todos los pueblos que están sobre la tierra.
7:7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha
querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el
más insignificante de todos los pueblos;
7:8 sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar
el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová
con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano
de Faraón rey de Egipto.
7:9 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel,
que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan
sus mandamientos, hasta mil generaciones;
7:10 y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo;  
y no se demora con el que le odia, en persona le dará el
pago.
7:11 Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos
que yo te mando hoy que cumplas.
Bendiciones de la obediencia
(Lv. 26.3-13;
Dt. 28.1-14)
7:12 Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado
y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo
el pacto y la misericordia que juró a tus padres.
7:13 Y te amará, te bendecirá y te multiplicará,
y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra,
tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y
los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró
a tus padres que te daría.
7:14 Bendito serás más que todos los pueblos; no
habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en
tus ganados.
7:15 Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas
las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá
sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.
7:16 Y consumirás a todos los pueblos que te da Jehová
tu Dios; no los perdonará tu ojo, ni servirás a
sus dioses, porque te será tropiezo.
7:17 Si dijeres en tu corazón: Estas naciones son mucho
más numerosas que yo; ¿cómo las podré
exterminar?
7:18 no tengas temor de ellas; acuérdate bien de lo que
hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto;
7:19 de las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales
y milagros, y de la mano poderosa y el brazo extendido con que
Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová
tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres.
7:20 También enviará Jehová tu Dios avispas
sobre ellos, hasta que perezcan los que quedaren y los que se
hubieren escondido de delante de ti.
7:21 No desmayes delante de ellos, porque Jehová tu Dios
está en medio de ti, Dios grande y temible.
7:22 Y Jehová tu Dios echará a estas naciones de
delante de ti poco a poco; no podrás acabar con ellas en
seguida, para que las fieras del campo no se aumenten contra ti.
7:23 Mas Jehová tu Dios las entregará delante de
ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta
que sean destruidas.
7:24 El entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás
el nombre de ellos de debajo del cielo; nadie te hará frente
hasta que los destruyas.
7:25 Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego;
no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti,
para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová
tu Dios;
7:26 y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no
seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás,
porque es anatema.
Capítulo 8
La buena tierra que han de poseer
8:1 Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os
ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados,
y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió
con juramento a vuestros padres.
8:2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído
Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto,
para afligirte, para probarte, para saber lo que había en
tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.
8:3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó
con maná, comida que no conocías tú, ni tus
padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo
de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca
de Jehová vivirá el hombre. 
8:4 Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se
te ha hinchado en estos cuarenta años.
8:5 Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el
hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.
8:6 Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu
Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.
8:7 Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra,
tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan
en vegas y montes;
8:8 tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra
de olivos, de aceite y de miel;
8:9 tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te
faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y
de cuyos montes sacarás cobre.
8:10 Y comerás y te saciarás, y bendecirás
a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá
dado.
Amonestación de no olvidar a Dios
8:11 Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios,
para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que
yo te ordeno hoy;
8:12 no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas
en que habites,
8:13 y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro
se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente;
8:14 y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová
tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;
8:15 que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno
de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no
había agua, y él te sacó agua de la roca
del pedernal;
8:16 que te sustentó con maná en el desierto, comida
que tus padres no habían conocido, afligiéndote
y probándote, para a la postre hacerte bien;
8:17 y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi
mano me han traído esta riqueza.
8:18 Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él
te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su
pacto que juró a tus padres, como en este día.
8:19 Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres
en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares,
yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.
8:20 Como las naciones que Jehová destruirá delante
de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis
atendido a la voz de Jehová vuestro Dios.
Capítulo 9
Dios destruirá a las naciones de Canaán
9:1 Oye, Israel: tú vas hoy a pasar el Jordán, para
entrar a desposeer a naciones más numerosas y más
poderosas que tú, ciudades grandes y amuralladas hasta el
cielo;
9:2 un pueblo grande y alto, hijos de los anaceos, de los cuales
tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién
se sostendrá delante de los hijos de Anac?
9:3 Entiende, pues, hoy, que es Jehová tu Dios el que pasa
delante de ti como fuego consumidor, que los destruirá y
humillará delante de ti; y tú los echarás,
y los destruirás en seguida, como Jehová te ha dicho.
9:4 No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios
los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha
traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad
de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti.
9:5 No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón
entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas
naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para
confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres
Abraham, Isaac y Jacob.
La rebelión de Israel en Horeb
(Ex. 31.18E2.35)
9:6 Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová
tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro
de cerviz eres tú.
9:7 Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová
tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la
tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis
sido rebeldes a Jehová.
9:8 En Horeb provocasteis a ira a Jehová, y se enojó
Jehová contra vosotros para destruiros.
9:9 Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de
piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros,
estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches,
sin comer pan ni beber agua;
9:10 y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas
con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas
las palabras que os habló Jehová en el monte, de
en medio del fuego, el día de la asamblea.
9:11 Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta
noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las
tablas del pacto.
9:12 Y me dijo Jehová: Levántate, desciende pronto
de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido;
pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se
han hecho una imagen de fundición.
9:13 Y me habló Jehová, diciendo: He observado a
ese pueblo, y he aquí que es pueblo duro de cerviz.
9:14 Déjame que los destruya, y borre su nombre de debajo
del cielo, y yo te pondré sobre una nación fuerte
y mucho más numerosa que ellos.
9:15 Y volví y descendí del monte, el cual ardía
en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos.
9:16 Y miré, y he aquí habíais pecado contra
Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro
de fundición, apartándoos pronto del camino que
Jehová os había mandado.
9:17 Entonces tomé las dos tablas y las arrojé de
mis dos manos, y las quebré delante de vuestros ojos.
9:18 Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta
días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí
agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido
haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo.
9:19 Porque temí
a causa del furor y de la ira con que Jehová estaba enojado
contra vosotros para destruiros. Pero Jehová me escuchó
aun esta vez.
9:20 Contra Aarón también se enojó Jehová
en gran manera para destruirlo; y también oré por
Aarón en aquel entonces.
9:21 Y tomé el objeto de vuestro pecado, el becerro que
habíais hecho, y lo quemé en el fuego, y lo desmenucé
moliéndolo muy bien, hasta que fue reducido a polvo; y
eché el polvo de él en el arroyo que descendía
del monte.
9:22 También en Tabera,
en Masah
y en Kibrot-hataava
provocasteis a ira a Jehová.
9:23 Y cuando Jehová os envió desde Cades-barnea,
diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado,
también fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro
Dios, 
y no le creísteis, ni obedecisteis a su voz.
9:24 Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día
que yo os conozco.
9:25 Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta
días y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová
dijo que os había de destruir.
9:26 Y oré a Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová,
no destruyas a tu pueblo y a tu heredad que has redimido con tu
grandeza, que sacaste de Egipto con mano poderosa.
9:27 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no
mires a la dureza de este pueblo, ni a su impiedad ni a su pecado,
9:28 no sea que digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por
cuanto no pudo Jehová introducirlos en la tierra que les
había prometido, o porque los aborrecía, los sacó
para matarlos en el desierto.
9:29 Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran
poder y con tu brazo extendido.
Capítulo 10
El pacto renovado
(Ex. 34.1-10)
10:1 En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas
de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte
un arca de madera;
10:2 y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban
en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el
arca.
10:3 E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas
de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos
tablas en mi mano.
10:4 Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura,
los diez mandamientos que Jehová os había hablado
en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea;
y me las dio Jehová.
10:5 Y volví y descendí del monte, y puse las tablas
en el arca que había hecho; y allí están, como
Jehová me mandó.
10:6 (Después salieron los hijos de Israel de Beerot-bene-
jaacán a Mosera; allí murió Aarón,
y allí fue sepultado, y en lugar suyo tuvo el sacerdocio
su hijo Eleazar.
10:7 De allí partieron a Gudgoda, y de Gudgoda a Jotbata,
tierra de arroyos de aguas.
10:8 En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví
para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese
delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre,
hasta hoy,
10:9 por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos;
Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.)
10:10 Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta
días y cuarenta noches;
y Jehová también me escuchó esta vez, y no
quiso Jehová destruirte.
10:11 Y me dijo Jehová: Levántate, anda, para que
marches delante del pueblo, para que entren y posean la tierra que
juré a sus padres que les había de dar.
Lo que Dios exige
10:12 Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová
tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes
en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová
tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;
10:13 que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos,
que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?
10:14 He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos,
y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay
en ella.
10:15 Solamente de tus padres se agradó Jehová para
amarlos, y escogió su descendencia después de ellos,
a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día.
10:16 Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón,
y no endurezcáis más vuestra cerviz.
10:17 Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor
de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace
acepción de personas,  
ni toma cohecho;
10:18 que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama
también al extranjero dándole pan y vestido.
10:19 Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros
fuisteis en la tierra de Egipto.
10:20 A Jehová tu Dios temerás, a él solo
servirás, a él seguirás, y por su nombre
jurarás.
10:21 El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios,
que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos
han visto.
10:22 Con setenta personas
descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha
hecho como las estrellas del cielo
en multitud.
Capítulo 11
La grandeza de Jehová
11:1 Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás
sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos,
todos los días.
11:2 Y comprended hoy, porque no hablo con vuestros hijos que no
han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su
grandeza, su mano poderosa, y su brazo extendido,
11:3 y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto
a Faraón rey de Egipto, y a toda su tierra;
11:4 y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos
y a sus carros; cómo precipitó las aguas del Mar Rojo
sobre ellos, cuando venían tras vosotros
y Jehová los destruyó hasta hoy;
11:5 y lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis
llegado a este lugar;
11:6 y lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab hijo
de Rubén; cómo abrió su boca la tierra, y los
tragó con sus familias, sus tiendas, y todo su ganado, en
medio de todo Israel.
11:7 Mas vuestros ojos han visto todas las grandes obras que Jehová
ha hecho.
Bendiciones de la Tierra Prometida
11:8 Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo
hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y poseáis
la tierra a la cual pasáis para tomarla;
11:9 y para que os sean prolongados los días sobre la tierra,
de la cual juró Jehová a vuestros padres, que había
de darla a ellos y a su descendencia, tierra que fluye leche y
miel.
11:10 La tierra a la cual entras para tomarla no es como la tierra
de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla,
y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.
11:11 La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra
de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo;
11:12 tierra de la cual Jehová tu Dios cuida; siempre están
sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio
del año hasta el fin.
11:13 Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo
os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole
con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma,
11:14 yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo,
la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu
vino y tu aceite.
11:15 Daré también hierba en tu campo para tus ganados;
y comerás, y te saciarás.
11:16 Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe,
y os apartéis y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis
a ellos;
11:17 y se encienda el furor de Jehová sobre vosotros,
y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé
su fruto, y perezcáis pronto de la buena tierra que os
da Jehová. 
11:18 Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro
corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal
en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.
11:19 Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando
de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino,
cuando te acuestes, y cuando te levantes,
11:20 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus
puertas;
11:21 para que sean vuestros días, y los días de
vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová
juró a vuestros padres que les había de dar, como
los días de los cielos sobre la tierra.
11:22 Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos
que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amareis
a Jehová vuestro Dios, andando en todos sus caminos, y
siguiéndole a él,
11:23 Jehová también echará de delante de
vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones
grandes y más poderosas que vosotros.
11:24 Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será
vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río
Eufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio.
11:25 Nadie se sostendrá delante de vosotros;
miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro
Dios sobre toda la tierra que pisareis, como él os ha dicho.
11:26 He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición
y la maldición:
11:27 la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová
vuestro Dios, que yo os prescribo hoy,
11:28 y la maldición, si no oyereis los mandamientos de
Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo
os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis
conocido.
11:29 Y cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la
tierra a la cual vas para tomarla, pondrás la bendición
sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal, 
11:30 los cuales están al otro lado del Jordán,
tras el camino del occidente en la tierra del cananeo, que habita
en el Arabá frente a Gilgal, junto al encinar de More.
11:31 Porque vosotros pasáis el Jordán para ir a
poseer la tierra que os da Jehová vuestro Dios; y la tomaréis,
y habitaréis en ella.
11:32 Cuidaréis, pues, de cumplir todos los estatutos y
decretos que yo presento hoy delante de vosotros.
Capítulo
12
El santuario único
12:1 Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de
poner por obra en la tierra que Jehová el Dios de tus padres
te ha dado para que tomes posesión de ella, todos los días
que vosotros viviereis sobre la tierra.
12:2 Destruiréis enteramente todos los lugares donde las
naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses,
sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol
frondoso.
12:3 Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas,
y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y destruiréis
las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel
lugar.
12:4 No haréis así a Jehová vuestro Dios,
12:5 sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere
de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre
para su habitación, ése buscaréis, y allá
iréis.
12:6 Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros
sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras
manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias
de vuestras vacas y de vuestras ovejas;
12:7 y comeréis allí delante de Jehová vuestro
Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda
obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere
bendecido.
12:8 No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí
ahora, cada uno lo que bien le parece,
12:9 porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la
heredad que os da Jehová vuestro Dios.
12:10 Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis
en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar; y él
os dará reposo de todos vuestros enemigos alrededor, y habitaréis
seguros.
12:11 Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner
en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas
que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros
diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido
de los votos que hubiereis prometido a Jehová.
12:12 Y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios,
vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras
siervas, y el levita que habite en vuestras poblaciones; por cuanto
no tiene parte ni heredad con vosotros.
12:13 Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier
lugar que vieres;
12:14 sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de
tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí
harás todo lo que yo te mando.
12:15 Con todo, podrás matar y comer carne en todas tus poblaciones
conforme a tu deseo, según la bendición que Jehová
tu Dios te haya dado; el inmundo y el limpio la podrá comer,
como la de gacela o de ciervo.
12:16 Solamente que sangre no comeréis;    sobre
la tierra la derramaréis como agua.
12:17 Ni comerás en tus poblaciones el diezmo de tu grano,
de tu vino o de tu aceite, ni las primicias de tus vacas, ni de
tus ovejas, ni los votos que prometieres, ni las ofrendas voluntarias,
ni las ofrendas elevadas de tus manos;
12:18 sino que delante de Jehová tu Dios las comerás,
en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido, tú,
tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita que habita en
tus poblaciones; te alegrarás delante de Jehová tu
Dios de toda la obra de tus manos.
12:19 Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días
sobre la tierra.
12:20 Cuando Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como
él te ha dicho, y tú dijeres: Comeré carne,
porque deseaste comerla, conforme a lo que deseaste podrás
comer.
12:21 Si estuviere lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios
escogiere para poner allí su nombre, podrás matar
de tus vacas y de tus ovejas que Jehová te hubiere dado,
como te he mandado yo, y comerás en tus puertas según
todo lo que deseares.
12:22 Lo mismo que se come la gacela y el ciervo, así las
podrás comer; el inmundo y el limpio podrán comer
también de ellas.
12:23 Solamente que te mantengas firme en no comer sangre; porque
la sangre es la vida, y no comerás la vida juntamente con
su carne.
12:24 No la comerás; en tierra la derramarás como
agua.
12:25 No comerás de ella, para que te vaya bien a ti y a
tus hijos después de ti, cuando hicieres lo recto ante los
ojos de Jehová.
12:26 Pero las cosas que hubieres consagrado, y tus votos, las tomarás,
y vendrás con ellas al lugar que Jehová hubiere escogido;
12:27 y ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre,
sobre el altar de Jehová tu Dios; y la sangre de tus sacrificios
será derramada sobre el altar de Jehová tu Dios, y
podrás comer la carne.
12:28 Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para
que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová
tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para
siempre.
Advertencias contra la idolatría
12:29 Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de
ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes,
y habites en su tierra,
12:30 guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas,
después que sean destruidas delante de ti; no preguntes
acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían
aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré.
12:31 No harás así a Jehová tu Dios; porque
toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos
a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el
fuego a sus dioses.
12:32 Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás
a ello, ni de ello quitarás. 
Capítulo 13

13:1 Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador
de sueños, y te anunciare señal o prodigios,
13:2 y si se cumpliere la señal o prodigio que él
te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que
no conociste, y sirvámosles;
13:3 no darás oído a las palabras de tal profeta,
ni al tal soñador de sueños; porque Jehová
vuestro Dios os está probando, para saber si amáis
a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón,
y con toda vuestra alma.
13:4 En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a él
temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis
su voz, a él serviréis, y a él seguiréis.
13:5 Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto,
por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová
vuestro Dios que te sacó de tierra de Egipto y te rescató
de casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino
por el cual Jehová tu Dios te mandó que anduvieses;
y así quitarás el mal de en medio de ti.
13:6 Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu
hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto:
Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que ni tú ni tus padres
conocisteis,
13:7 de los dioses de los pueblos que están en vuestros
alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la
tierra hasta el otro extremo de ella;
13:8 no consentirás con él, ni le prestarás
oído; ni tu ojo le compadecerá, ni le tendrás
misericordia, ni lo encubrirás,
13:9 sino que lo matarás; tu mano se alzará primero
sobre él para matarle, y después la mano de todo
el pueblo.
13:10 Le apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró
apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra
de Egipto, de casa de servidumbre;
13:11 para que todo Israel oiga, y tema, y no vuelva a hacer en
medio de ti cosa semejante a esta.
13:12 Si oyeres que se dice de alguna de tus ciudades que Jehová
tu Dios te da para vivir en ellas,
13:13 que han salido de en medio de ti hombres impíos que
han instigado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y
sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no conocisteis;
13:14 tú inquirirás, y buscarás y preguntarás
con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación
se hizo en medio de ti,
13:15 irremisiblemente herirás a filo de espada a los moradores
de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella
hubiere, y también matarás sus ganados a filo de
espada.
13:16 Y juntarás todo su botín en medio de la plaza,
y consumirás con fuego la ciudad y todo su botín,
todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios, y llegará
a ser un montón de ruinas para siempre; nunca más
será edificada.
13:17 Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que
Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia,
y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró
a tus padres,
13:18 cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, guardando
todos sus mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo recto
ante los ojos de Jehová tu Dios.
Capítulo 14
14:1 Hijos sois de Jehová vuestro Dios; no os sajaréis,
ni os raparéis a causa de muerto. 
14:2 Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová
te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre
todos los pueblos que están sobre la tierra.     
Animales limpios e inmundos
(Lv. 11.1-47)
14:3 Nada abominable comerás.
14:4 Estos son los animales que podréis comer: el buey,
la oveja, la cabra,
14:5 el ciervo, la gacela, el corzo, la cabra montés, el
íbice, el antílope y el carnero montés.
14:6 Y todo animal de pezuñas, que tiene hendidura de dos
uñas, y que rumiare entre los animales, ese podréis
comer.
14:7 Pero estos no comeréis, entre los que rumian o entre
los que tienen pezuña hendida: camello, liebre y conejo;
porque rumian, mas no tienen pezuña hendida, serán
inmundos;
14:8 ni cerdo, porque tiene pezuña hendida, mas no rumia;
os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis,
ni tocaréis sus cuerpos muertos.
14:9 De todo lo que está en el agua, de estos podréis
comer: todo lo que tiene aleta y escama.
14:10 Mas todo lo que no tiene aleta y escama, no comeréis;
inmundo será.
14:11 Toda ave limpia podréis comer.
14:12 Y estas son de las que no podréis comer: el águila,
el quebrantahuesos, el azor,
14:13 el gallinazo, el milano según su especie,
14:14 todo cuervo según su especie,
14:15 el avestruz, la lechuza, la gaviota y el gavilán
según sus especies,
14:16 el buho, el ibis, el calamón,
14:17 el pelícano, el buitre, el somormujo,
14:18 la cigüeña, la garza según su especie,
la abubilla y el murciélago.
14:19 Todo insecto alado será inmundo; no se comerá.
14:20 Toda ave limpia podréis comer.
14:21 Ninguna cosa mortecina comeréis; al extranjero que
está en tus poblaciones la darás, y él podrá
comerla; o véndela a un extranjero, porque tú eres
pueblo santo a Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito
en la leche de su madre. 
La ley del diezmo
14:22 Indefectiblemente diezmarás 
todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año.
14:23 Y comerás delante de Jehová tu Dios en el
lugar que él escogiere para poner allí su nombre,
el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias
de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová
tu Dios todos los días.
14:24 Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por
estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido
para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios
te bendijere,
14:25 entonces lo venderás y guardarás el dinero
en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios
escogiere;
14:26 y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas,
por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú
deseares; y comerás allí delante de Jehová
tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.
14:27 Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones;
porque no tiene parte ni heredad contigo.
14:28 Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo
de tus productos de aquel año, y lo guardarás en
tus ciudades.
14:29 Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad
contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere
en tus poblaciones, y comerán y serán saciados;
para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus
manos hicieren.
Capítulo 15
El año de remisión
15:1 Cada siete años harás remisión.
15:2 Y esta es la manera de la remisión: perdonará
a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con
el cual obligó a su prójimo; no lo demandará
más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada
la remisión de Jehová.
15:3 Del extranjero demandarás el reintegro; pero lo que
tu hermano tuviere tuyo, lo perdonará tu mano,
15:4 para que así no haya en medio de ti mendigo; porque
Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra que
Jehová tu Dios te da por heredad para que la tomes en posesión,
15:5 si escuchares fielmente la voz de Jehová tu Dios, para
guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy.
15:6 Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como
te ha dicho, prestarás entonces a muchas naciones, mas tú
no tomarás prestado; tendrás dominio sobre muchas
naciones, pero sobre ti no tendrán dominio.
Préstamos a los pobres
15:7 Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus
hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová
tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás
tu mano contra tu hermano pobre,
15:8 sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en
efecto le prestarás lo que necesite.
15:9 Guárdate de tener en tu corazón pensamiento
perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo,
el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano
menesteroso para no darle; porque él podrá clamar
contra ti a Jehová, y se te contará por pecado.
15:10 Sin falta le darás, y no serás de mezquino
corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá
Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas.
15:11 Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; 
por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano,
al pobre y al menesteroso en tu tierra.
Leyes sobre los esclavos
(Ex. 21.1-11)
15:12 Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere
servido seis años, al séptimo le despedirás
libre.
15:13 Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con
las manos vacías.
15:14 Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu
era y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová
te hubiere bendecido.
15:15 Y te acordarás de que fuiste siervo en la tierra
de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató; por
tanto yo te mando esto hoy.
15:16 Si él te dijere: No te dejaré; porque te ama
a ti y a tu casa, y porque le va bien contigo;
15:17 entonces tomarás una lesna, y horadarás su
oreja contra la puerta, y será tu siervo para siempre;
así también harás a tu criada.
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