Ezequiel
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El Libro de Ezequiel
Muy posiblemente Ezequiel era un joven sacerdote, y estuvo entre
los judíos desterrados a Caldea después del primer sitio de Jerusalén.
Allí fue llamado por Dios como nos lo cuenta (cap. 1 y 2).
La primera parte de su libro (cap. 1-24) reúne sus discursos,
que anunciaron la destrucción total de su patria.
Después de las profecías contra las naciones extranjeras (cap.
25-32), viene la tercera parte del libro, las promesas a los desterrados.
Porque Dios no quiere que muera su pueblo.
Cuando estuvieron en Babilonia, desterrados en una nación más
próspera, los ancianos vivieron echando de menos a su tierra,
mientras los jóvenes pensaron aprovechar su nueva situación. Pero
Ezequiel se dedicó a formar la conciencia de los que algún día
volverían a Judea para construir el nuevo reino de Dios (cap.
33-39).
Capítulo 1
La visión de la gloria divina
1:1 Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto,
a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los
cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron,
y vi visiones de Dios.
1:2 En el quinto año de la deportación del rey Joaquín,
a los cinco días del mes,
1:3 vino palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de
Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar;
vino allí sobre él la mano de Jehová.
1:4 Y miré, y he aquí venía del norte un
viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente,
y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo
que parecía como bronce refulgente,
1:5 y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes.
Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre.
1:6 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas.
1:7 Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies
como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce
muy bruñido.
1:8 Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos
de hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados.
1:9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían
cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante.
1:10 Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león
al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en
los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila.
1:11 Así eran sus caras. Y tenían sus alas extendidas
por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras
dos cubrían sus cuerpos.
1:12 Y cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el
espíritu les movía que anduviesen, andaban; y cuando
andaban, no se volvían.
1:13 Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto
era como de carbones de fuego encendidos,
como visión de hachones encendidos que andaba entre los
seres vivientes; y el fuego resplandecía, y del fuego salían
relámpagos.
1:14 Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza
de relámpagos.
1:15 Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una
rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro
lados.
1:16 El aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color
del crisólito. Y las cuatro tenían una misma semejanza;
su apariencia y su obra eran como rueda en medio de rueda.
1:17 Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados;
no se volvían cuando andaban.
1:18 Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor
en las cuatro.
1:19 Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban
junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la
tierra, las ruedas se levantaban.
1:20 Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen,
andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen,
las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el
espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.
1:21 Cuando ellos andaban, andaban ellas, y cuando ellos se paraban,
se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la tierra,
las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu
de los seres vivientes estaba en las ruedas.
1:22 Y sobre las cabezas de los seres vivientes aparecía
una expansión a manera de cristal
maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas.
1:23 Y debajo de la expansión las alas de ellos estaban
derechas, extendiéndose la una hacia la otra; y cada uno
tenía dos alas que cubrían su cuerpo.
1:24 Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido
de muchas aguas,
como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre, como el
ruido de un ejército. Cuando se paraban, bajaban sus alas.
1:1:25 Y cuando se paraban y bajaban sus alas, se oía una
voz de arriba de la expansión que había sobre sus
cabezas.
1:26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas
se veía la figura de un trono que parecía de piedra
de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza
que parecía de hombre sentado sobre él.
1:27 Y vi apariencia como de bronce refulgente, como apariencia
de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus lomos
para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía
como fuego, y que tenía resplandor alrededor.
1:28 Como parece el arco iris que está en las nubes el
día que llueve, así era el parecer del resplandor
alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria
de Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi
rostro, y oí la voz de uno que hablaba.
Capítulo 2
Llamamiento de Ezequiel

2:1 Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré
contigo.
2:2 Y luego que me habló, entró el Espíritu
en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al
que me hablaba.
2:3 Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos
de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí;
ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este
mismo día.
2:4 Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido
corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová
el Señor.
2:5 Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una
casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre
ellos.
2:6 Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo
de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras
con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante
de ellos, porque son casa rebelde.
2:7 Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen
de escuchar; porque son muy rebeldes.
2:8 Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no
seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que
yo te doy.
2:9 Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí,
y en ella había un rollo de libro.
2:10 Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito
por delante y por detrás;
y había escritas en él endechas y lamentaciones
y ayes.
Capítulo 3
3:1 Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo,
y ve y habla a la casa de Israel.
3:2 Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo.
3:3 Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus
entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y
fue en mi boca dulce como miel.
3:4 Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel,
y habla a ellos con mis palabras.
3:5 Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua
difícil, sino a la casa de Israel.
3:6 No a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua difícil,
cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran.
3:7 Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque
no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel
es dura de frente y obstinada de corazón.
3:8 He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros
de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes.
3:9 Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente;
no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa
rebelde.
3:10 Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas
mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.
3:11 Y ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales
y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen,
o dejen de escuchar.
3:12 Y me levantó el Espíritu, y oí detrás
de mí una voz de gran estruendo, que decía: Bendita
sea la gloria de Jehová desde su lugar.
3:13 Oí también el sonido de las alas de los seres
vivientes que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las
ruedas delante de ellos, y sonido de gran estruendo.
3:14 Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó;
y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu,
pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí.
3:15 Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río
Quebar, y me senté donde ellos estaban sentados, y allí
permanecí siete días atónito entre ellos.
El atalaya de Israel
(Ez. 33.1-9)
3:16 Y aconteció que al cabo de los siete días
vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
3:17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de
Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y
los amonestarás de mi parte.
3:18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás;
y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío
sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío
morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de
tu mano.
3:19 Pero si tú amonestares al impío, y él
no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él
morirá por su maldad, pero tú habrás librado
tu alma.
3:20 Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad,
y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá,
porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá,
y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria;
pero su sangre demandaré de tu mano.
3:21 Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare,
de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás
librado tu alma.
El profeta mudo
3:22 Vino allí la mano de Jehová sobre mí,
y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré
contigo.
3:23 Y me levanté y salí al campo; y he aquí
que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria
que había visto junto al río Quebar; y me postré
sobre mi rostro.
3:24 Entonces entró el Espíritu en mí y me
afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra,
y enciérrate dentro de tu casa.
3:25 Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán
sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás
entre ellos.
3:26 Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás
mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque
son casa rebelde.
3:27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca,
y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor:
El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque
casa rebelde son.
Capítulo 4
Predicción del sitio de Jerusalén

4:1 Tú, hijo de hombre, tómate un adobe, y ponlo
delante de ti, y diseña sobre él la ciudad de Jerusalén.
4:2 Y pondrás contra ella sitio, y edificarás contra
ella fortaleza, y sacarás contra ella baluarte, y pondrás
delante de ella campamento, y colocarás contra ella arietes
alrededor.
4:3 Tómate también una plancha de hierro, y ponla
en lugar de muro de hierro entre ti y la ciudad; afirmarás
luego tu rostro contra ella, y será en lugar de cerco,
y la sitiarás. Es señal a la casa de Israel.
4:4 Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo y
pondrás sobre él la maldad de la casa de Israel.
El número de los días que duermas sobre él,
llevarás sobre ti la maldad de ellos.
4:5 Yo te he dado los años de su maldad por el número
de los días, trescientos noventa días; y así
llevarás tú la maldad de la casa de Israel.
4:6 Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado
derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de
Judá cuarenta días; día por año, día
por año te lo he dado.
4:7 Al asedio de Jerusalén afirmarás tu rostro,
y descubierto tu brazo, profetizarás contra ella.
4:8 Y he aquí he puesto sobre ti ataduras, y no te volverás
de un lado a otro, hasta que hayas cumplido los días de
tu asedio.
4:9 Y tú toma para ti trigo, cebada, habas, lentejas, millo
y avena, y ponlos en una vasija, y hazte pan de ellos el número
de los días que te acuestes sobre tu lado; trescientos
noventa días comerás de él.
4:10 La comida que comerás será de peso de veinte
siclos
al día; de tiempo en tiempo la comerás.
4:11 Y beberás el agua por medida, la sexta parte de un
hin;
de tiempo en tiempo la beberás.
4:12 Y comerás pan de cebada cocido debajo de la ceniza;
y lo cocerás a vista de ellos al fuego de excremento humano.
4:13 Y dijo Jehová: Así comerán los hijos
de Israel su pan inmundo, entre las naciones a donde los arrojaré
yo.
4:14 Y dije: ¡Ah, Señor Jehová! he aquí
que mi alma no es inmunda, ni nunca desde mi juventud hasta este
tiempo comí cosa mortecina ni despedazada, ni nunca en
mi boca entró carne inmunda.
4:15 Y me respondió: He aquí te permito usar estiércol
de bueyes en lugar de excremento humano para cocer tu pan.
4:16 Me dijo luego: Hijo de hombre, he aquí quebrantaré
el sustento del pan en Jerusalén; y comerán el pan
por peso y con angustia, y beberán el agua por medida y
con espanto,
4:17 para que al faltarles el pan y el agua, se miren unos a otros
con espanto, y se consuman en su maldad.
Capítulo 5

5:1 Y tú, hijo de hombre, tómate un cuchillo agudo,
toma una navaja de barbero, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu
barba; toma después una balanza de pesar y divide los cabellos.
5:2 Una tercera parte quemarás a fuego en medio de la ciudad,
cuando se cumplan los días del asedio; y tomarás
una tercera parte y la cortarás con espada alrededor de
la ciudad; y una tercera parte esparcirás al viento, y
yo desenvainaré espada en pos de ellos.
5:3 Tomarás también de allí unos pocos en
número, y los atarás en la falda de tu manto.
5:4 Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en
medio del fuego, y en el fuego los quemarás; de allí
saldrá el fuego a toda la casa de Israel.
5:5 Así ha dicho Jehová el Señor: Esta es
Jerusalén; la puse en medio de las naciones y de las tierras
alrededor de ella.
5:6 Y ella cambió mis decretos y mis ordenanzas en impiedad
más que las naciones, y más que las tierras que
están alrededor de ella; porque desecharon mis decretos
y mis mandamientos, y no anduvieron en ellos.
5:7 Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por
haberos multiplicado más que las naciones que están
alrededor de vosotros, no habéis andado en mis mandamientos,
ni habéis guardado mis leyes? Ni aun según las leyes
de las naciones que están alrededor de vosotros habéis
andado.
5:8 Así, pues, ha dicho Jehová el Señor:
He aquí yo estoy contra ti; sí, yo, y haré
juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones.
5:9 Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré
cosa semejante, a causa de todas tus abominaciones.
5:10 Por eso los padres comerán a los hijos
en medio de ti, y los hijos comerán a sus padres; y haré
en ti juicios, y esparciré a todos los vientos todo lo
que quedare de ti.
5:11 Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente
por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones,
te quebrantaré yo también; mi ojo no perdonará,
ni tampoco tendré yo misericordia.
5:12 Una tercera parte de ti morirá de pestilencia y será
consumida de hambre en medio de ti; y una tercera parte caerá
a espada alrededor de ti; y una tercera parte esparciré
a todos los vientos, y tras ellos desenvainaré espada.
5:13 Y se cumplirá mi furor y saciaré en ellos mi
enojo, y tomaré satisfacción; y sabrán que
yo Jehová he hablado en mi celo, cuando cumpla en ellos
mi enojo.
5:14 Y te convertiré en soledad y en oprobio entre las
naciones que están alrededor de ti, a los ojos de todo
transeúnte.
5:15 Y serás oprobio y escarnio y escarmiento y espanto
a las naciones que están alrededor de ti, cuando yo haga
en ti juicios con furor e indignación, y en reprensiones
de ira. Yo Jehová he hablado.
5:16 Cuando arroje yo sobre ellos las perniciosas saetas del hambre,
que serán para destrucción, las cuales enviaré
para destruiros, entonces aumentaré el hambre sobre vosotros,
y quebrantaré entre vosotros el sustento del pan.
5:17 Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y bestias feroces
que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por en
medio de ti, y enviaré sobre ti espada.
Yo Jehová he hablado.
Capítulo 6
Profecía contra los montes de Israel

6:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
6:2 Hijo de hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel,
y profetiza contra ellos.
6:3 Y dirás: Montes de Israel, oíd palabra de Jehová
el Señor: Así ha dicho Jehová el Señor
a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles: He
aquí que yo, yo haré venir sobre vosotros espada,
y destruiré vuestros lugares altos.
6:4 Vuestros altares serán asolados, y vuestras imágenes
del sol serán quebradas; y haré que caigan vuestros
muertos delante de vuestros ídolos.
6:5 Y pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel
delante de sus ídolos, y vuestros huesos esparciré
en derredor de vuestros altares.
6:6 Dondequiera que habitéis, serán desiertas las
ciudades, y los lugares altos serán asolados, para que
sean asolados y se hagan desiertos vuestros altares; y vuestros
ídolos serán quebrados y acabarán, vuestras
imágenes del sol serán destruidas, y vuestras obras
serán deshechas.
6:7 Y los muertos caerán en medio de vosotros; y sabréis
que yo soy Jehová.
6:8 Mas dejaré un resto, de modo que tengáis entre
las naciones algunos que escapen de la espada, cuando seáis
esparcidos por las tierras.
6:9 Y los que de vosotros escaparen se acordarán de mí
entre las naciones en las cuales serán cautivos; porque
yo me quebranté a causa de su corazón fornicario
que se apartó de mí, y a causa de sus ojos que fornicaron
tras sus ídolos; y se avergonzarán de sí
mismos, a causa de los males que hicieron en todas sus abominaciones.
6:10 Y sabrán que yo soy Jehová; no en vano dije
que les había de hacer este mal.
6:11 Así ha dicho Jehová el Señor: Palmotea
con tus manos, y golpea con tu pie, y di: ¡Ay, por todas
las grandes abominaciones de la casa de Israel! porque con espada
y con hambre y con pestilencia caerán.
6:12 El que esté lejos morirá de pestilencia, el
que esté cerca caerá a espada, y el que quede y
sea asediado morirá de hambre; así cumpliré
en ellos mi enojo.
6:13 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando sus muertos
estén en medio de sus ídolos, en derredor de sus
altares, sobre todo collado alto, en todas las cumbres de los
montes, debajo de todo árbol frondoso y debajo de toda
encina espesa, lugares donde ofrecieron incienso a todos sus ídolos.
6:14 Y extenderé mi mano contra ellos, y dondequiera que
habiten haré la tierra más asolada y devastada que
el desierto hacia Diblat; y conocerán que yo soy Jehová.
Capítulo 7
El fin viene

7:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
7:2 Tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová
el Señor a la tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre
los cuatro extremos de la tierra.
7:3 Ahora será el fin sobre ti, y enviaré sobre
ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré
sobre ti todas tus abominaciones.
7:4 Y mi ojo no te perdonará, ni tendré misericordia;
antes pondré sobre ti tus caminos, y en medio de ti estarán
tus abominaciones; y sabréis que yo soy Jehová.
7:5 Así ha dicho Jehová el Señor: Un mal,
he aquí que viene un mal.
7:6 Viene el fin, el fin viene; se ha despertado contra ti; he
aquí que viene.
7:7 La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el
tiempo viene, cercano está el día; día de
tumulto, y no de alegría, sobre los montes.
7:8 Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré
en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos;
y pondré sobre ti tus abominaciones.
7:9 Y mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia;
según tus caminos pondré sobre ti, y en medio de
ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo Jehová
soy el que castiga.
7:10 He aquí el día, he aquí que viene; ha
salido la mañana; ha florecido la vara, ha reverdecido
la soberbia.
7:11 La violencia se ha levantado en vara de maldad; ninguno quedará
de ellos, ni de su multitud, ni uno de los suyos, ni habrá
entre ellos quien se lamente.
7:12 El tiempo ha venido, se acercó el día; el que
compra, no se alegre, y el que vende, no llore, porque la ira
está sobre toda la multitud.
7:13 Porque el que vende no volverá a lo vendido, aunque
queden vivos; porque la visión sobre toda la multitud no
se revocará, y a causa de su iniquidad ninguno podrá
amparar su vida.
7:14 Tocarán trompeta, y prepararán todas las cosas,
y no habrá quien vaya a la batalla; porque mi ira está
sobre toda la multitud.
7:15 De fuera espada, de dentro pestilencia y hambre; el que esté
en el campo morirá a espada, y al que esté en la
ciudad lo consumirá el hambre y la pestilencia.
7:16 Y los que escapen de ellos huirán y estarán
sobre los montes como palomas de los valles, gimiendo todos, cada
uno por su iniquidad.
7:17 Toda mano se debilitará, y toda rodilla será
débil como el agua.
7:18 Se ceñirán también de cilicio, y les
cubrirá terror; en todo rostro habrá vergüenza,
y todas sus cabezas estarán rapadas.
7:19 Arrojarán su plata en las calles, y su oro será
desechado; ni su plata ni su oro podrá librarlos en el
día del furor de Jehová; no saciarán su alma,
ni llenarán sus entrañas, porque ha sido tropiezo
para su maldad.
7:20 Por cuanto convirtieron la gloria de su ornamento en soberbia,
e hicieron de ello las imágenes de sus abominables ídolos,
por eso se lo convertí en cosa repugnante.
7:21 En mano de extraños la entregué para ser saqueada,
y será presa de los impíos de la tierra, y la profanarán.
7:22 Y apartaré de ellos mi rostro, y será violado
mi lugar secreto; pues entrarán en él invasores
y lo profanarán.
7:23 Haz una cadena, porque la tierra está llena de delitos
de sangre, y la ciudad está llena de violencia.
7:24 Traeré, por tanto, los más perversos de las
naciones, los cuales poseerán las casas de ellos; y haré
cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios serán
profanados.
7:25 Destrucción viene; y buscarán la paz, y no
la habrá.
7:26 Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá
rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas
la ley se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo.
7:27 El rey se enlutará, y el príncipe se vestirá
de tristeza, y las manos del pueblo de la tierra temblarán;
según su camino haré con ellos, y con los juicios
de ellos los juzgaré; y sabrán que yo soy Jehová.
Capítulo 8
Visión de las abominaciones en Jerusalén

8:1 En el sexto año, en el mes sexto, a los cinco días
del mes, aconteció que estaba yo sentado en mi casa, y
los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí,
y allí se posó sobre mí la mano de Jehová
el Señor.
8:2 Y miré, y he aquí una figura que parecía
de hombre; desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos
para arriba parecía resplandor, el aspecto de bronce refulgente.
8:3 Y aquella figura extendió la mano, y me tomó
por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó
entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios
a Jerusalén, a la entrada de la puerta de adentro que mira
hacia el norte, donde estaba la habitación de la imagen
del celo, la que provoca a celos.
8:4 Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de
Israel, como la visión que yo había visto en el
campo.
8:5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado
del norte. Y alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí
al norte, junto a la puerta del altar, aquella imagen del celo
en la entrada.
8:6 Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos
hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí
para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún,
y verás abominaciones mayores.
8:7 Y me llevó a la entrada del atrio, y miré, y
he aquí en la pared un agujero.
8:8 Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y cavé
en la pared, y he aquí una puerta.
8:9 Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que
éstos hacen allí.
8:10 Entré, pues, y miré; y he aquí toda
forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos
de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo
alrededor.
8:11 Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos
de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Safán
en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y subía
una nube espesa de incienso.
8:12 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que
los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno
en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen
ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la
tierra.
8:13 Me dijo después: Vuélvete aún, verás
abominaciones mayores que hacen éstos.
8:14 Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de
Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres
que estaban allí sentadas endechando a Tamuz.
8:15 Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete
aún, verás abominaciones mayores que estas.
8:16 Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová;
y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová,
entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas
vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente,
y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente.
8:17 Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es
cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones
que hacen aquí? Después que han llenado de maldad
la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí
que aplican el ramo a sus narices.
8:18 Pues también yo procederé con furor; no perdonará
mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis
oídos con gran voz, y no los oiré.
Capítulo 9
Visión de la muerte de los culpables

9:1 Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo:
Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano
su instrumento para destruir.
9:2 Y he aquí que seis varones venían del camino
de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía
en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había
un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura
un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar
de bronce.
9:3 Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del
querubín, sobre el cual había estado, al umbral
de la casa; y llamó Jehová al varón vestido
de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano,
9:4 y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por
en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la
frente 
a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones
que se hacen en medio de ella.
9:5 Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad
en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis
misericordia.
9:6 Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños
y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre
el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis
por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos
que estaban delante del templo.
9:7 Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos;
salid. Y salieron, y mataron en la ciudad.
9:8 Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé
yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije:
¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás
a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?
9:9 Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá
es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre,
y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho:
Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve.
9:10 Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará,
ni tendré misericordia; haré recaer el camino de
ellos sobre sus propias cabezas.
9:11 Y he aquí que el varón vestido de lino, que
tenía el tintero a su cintura, respondió una palabra,
diciendo: He hecho conforme a todo lo que me mandaste.
Capítulo 10
La gloria de Dios abandona el templo

10:1 Miré, y he aquí en la expansión que
había sobre la cabeza de los querubines como una piedra
de zafiro, que parecía como semejanza de un trono que se
mostró sobre ellos.
10:2 Y habló al varón vestido de lino, y le dijo:
Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, y llena
tus manos de carbones encendidos de entre los querubines, y espárcelos
sobre la ciudad.
Y entró a vista mía.
10:3 Y los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando
este varón entró; y la nube llenaba el atrio de
adentro.
10:4 Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima
del querubín al umbral de la puerta; y la casa fue llena
de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria
de Jehová.
10:5 Y el estruendo de las alas de los querubines se oía
hasta el atrio de afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando
habla.
10:6 Aconteció, pues, que al mandar al varón vestido
de lino, diciendo: Toma fuego de entre las ruedas, de entre los
querubines, él entró y se paró entre las
ruedas.
10:7 Y un querubín extendió su mano de en medio
de los querubines al fuego que estaba entre ellos, y tomó
de él y lo puso en las manos del que estaba vestido de
lino, el cual lo tomó y salió.
10:8 Y apareció en los querubines la figura de una mano
de hombre debajo de sus alas.
10:9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los
querubines, junto a cada querubín una rueda; y el aspecto
de las ruedas era como de crisólito.
10:10 En cuanto a su apariencia, las cuatro eran de una misma
forma, como si estuviera una en medio de otra.
10:11 Cuando andaban, hacia los cuatro frentes andaban; no se
volvían cuando andaban, sino que al lugar adonde se volvía
la primera, en pos de ella iban; ni se volvían cuando andaban.
10:12 Y todo su cuerpo, sus espaldas, sus manos, sus alas y las
ruedas estaban llenos de ojos alrededor
en sus cuatro ruedas.
10:13 A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: ¡Rueda!
10:14 Y cada uno tenía cuatro caras. La primera era rostro
de querubín; la segunda, de hombre; la tercera, cara de
león; la cuarta, cara de águila.
10:15 Y se levantaron los querubines; este es el ser viviente
que vi en el río Quebar.
10:16 Y cuando andaban los querubines, andaban las ruedas junto
con ellos; y cuando los querubines alzaban sus alas para levantarse
de la tierra, las ruedas tampoco se apartaban de ellos.
10:17 Cuando se paraban ellos, se paraban ellas, y cuando ellos
se alzaban, se alzaban con ellos; porque el espíritu de
los seres vivientes estaba en ellas.
10:18 Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima
del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines.
10:19 Y alzando los querubines sus alas, se levantaron de la tierra
delante de mis ojos; cuando ellos salieron, también las
ruedas se alzaron al lado de ellos; y se pararon a la entrada
de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria
del Dios de Israel estaba por encima sobre ellos.
10:20 Estos eran los mismos seres vivientes que vi debajo del
Dios de Israel junto al río Quebar; y conocí que
eran querubines.
10:21 Cada uno tenía cuatro caras y cada uno cuatro alas,
y figuras de manos de hombre debajo de sus alas.
10:22 Y la semejanza de sus rostros era la de los rostros que
vi junto al río Quebar, su misma apariencia y su ser; cada
uno caminaba derecho hacia adelante.
Capítulo 11
Reprensión de los príncipes
malvados
11:1 El Espíritu me elevó, y me llevó por la
puerta oriental de la casa de Jehová, la cual mira hacia
el oriente; y he aquí a la entrada de la puerta veinticinco
hombres, entre los cuales vi a Jaazanías hijo de Azur y a
Pelatías hijo de Benaía, principales del pueblo.
11:2 Y me dijo: Hijo de hombre, estos son los hombres que maquinan
perversidad, y dan en esta ciudad mal consejo;
11:3 los cuales dicen: No será tan pronto; edifiquemos casas;
esta será la olla, y nosotros la carne.
11:4 Por tanto profetiza contra ellos; profetiza, hijo de hombre.
11:5 Y vino sobre mí el Espíritu de Jehová,
y me dijo: Di: Así ha dicho Jehová: Así habéis
hablado, oh casa de Israel, y las cosas que suben a vuestro espíritu,
yo las he entendido.
11:6 Habéis multiplicado vuestros muertos en esta ciudad,
y habéis llenado de muertos sus calles.
11:7 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
Vuestros muertos que habéis puesto en medio de ella, ellos
son la carne, y ella es la olla; mas yo os sacaré a vosotros
de en medio de ella.
11:8 Espada habéis temido, y espada traeré sobre vosotros,
dice Jehová el Señor.
11:9 Y os sacaré de en medio de ella, y os entregaré
en manos de extraños, y haré juicios entre vosotros.
11:10 A espada caeréis; en los límites de Israel os
juzgaré, y sabréis que yo soy Jehová.
11:11 La ciudad no os será por olla, ni vosotros seréis
en medio de ella la carne; en los límites de Israel os juzgaré.
11:12 Y sabréis que yo soy Jehová; porque no habéis
andado en mis estatutos, ni habéis obedecido mis decretos,
sino según las costumbres de las naciones que os rodean habéis
hecho.
11:13 Y aconteció que mientras yo profetizaba, aquel Pelatías
hijo de Benaía murió. Entonces me postré rostro
a tierra y clamé con gran voz, y dije: ¡Ah, Señor
Jehová! ¿Destruirás del todo al remanente de
Israel?
Promesa de restauración y renovación
11:14 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
11:15 Hijo de hombre, tus hermanos, tus hermanos, los hombres
de tu parentesco y toda la casa de Israel, toda ella son aquellos
a quienes dijeron los moradores de Jerusalén: Alejaos de
Jehová; a nosotros es dada la tierra en posesión.
11:16 Por tanto, di: Así ha dicho Jehová el Señor:
Aunque les he arrojado lejos entre las naciones, y les he esparcido
por las tierras, con todo eso les seré por un pequeño
santuario en las tierras adonde lleguen.
11:17 Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor:
Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de
las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré
la tierra de Israel.
11:18 Y volverán allá, y quitarán de ella
todas sus idolatrías y todas sus abominaciones.
11:19 Y les daré un corazón, y un espíritu
nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón
de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón
de carne,
11:20 para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos
y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.
11:21 Mas a aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de
sus idolatrías y de sus abominaciones, yo traigo su camino
sobre sus propias cabezas, dice Jehová el Señor.
11:22 Después alzaron los querubines sus alas, y las ruedas
en pos de ellos; y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos.
11:23 Y la gloria de Jehová se elevó de en medio
de la ciudad, y se puso sobre el monte que está al oriente
de la ciudad.
11:24 Luego me levantó el Espíritu y me volvió
a llevar en visión del Espíritu de Dios a la tierra
de los caldeos, a los cautivos. Y se fue de mí la visión
que había visto.
11:25 Y hablé a los cautivos todas las cosas que Jehová
me había mostrado.
Capítulo 12
Salida de Ezequiel en señal de la
cautividad

12:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
12:2 Hijo de hombre, tú habitas en medio de casa rebelde,
los cuales tienen ojos para ver y no ven, tienen oídos
para oír y no oyen, 
porque son casa rebelde.
12:3 Por tanto tú, hijo de hombre, prepárate enseres
de marcha, y parte de día delante de sus ojos; y te pasarás
de tu lugar a otro lugar a vista de ellos, por si tal vez atienden,
porque son casa rebelde.
12:4 Y sacarás tus enseres de día delante de sus
ojos, como enseres de cautiverio; mas tú saldrás
por la tarde a vista de ellos, como quien sale en cautiverio.
12:5 Delante de sus ojos te abrirás paso por entre la pared,
y saldrás por ella.
12:6 Delante de sus ojos los llevarás sobre tus hombros,
de noche los sacarás; cubrirás tu rostro, y no mirarás
la tierra; porque por señal te he dado a la casa de Israel.
12:7 Y yo hice así como me fue mandado; saqué mis
enseres de día, como enseres de cautiverio, y a la tarde
me abrí paso por entre la pared con mi propia mano; salí
de noche, y los llevé sobre los hombros a vista de ellos.
12:8 Y vino a mí palabra de Jehová por la mañana,
diciendo:
12:9 Hijo de hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel,
aquella casa rebelde: ¿Qué haces?
12:10 Diles: Así ha dicho Jehová el Señor:
Esta profecía se refiere al príncipe en Jerusalén,
y a toda la casa de Israel que está en medio de ella.
12:11 Diles: Yo soy vuestra señal; como yo hice, así
se hará con vosotros; partiréis al destierro, en
cautividad.
12:12 Y al príncipe que está en medio de ellos llevarán
a cuestas de noche, y saldrán; por la pared abrirán
paso para sacarlo por ella; cubrirá su rostro para no ver
con sus ojos la tierra.
12:13 Mas yo extenderé mi red sobre él, y caerá
preso en mi trampa, y haré llevarlo a Babilonia, a tierra
de caldeos, pero no la verá,
y allá morirá.
12:14 Y a todos los que estuvieren alrededor de él para
ayudarle, y a todas sus tropas, esparciré a todos los vientos,
y desenvainaré espada en pos de ellos.
12:15 Y sabrán que yo soy Jehová, cuando los esparciere
entre las naciones, y los dispersare por la tierra.
12:16 Y haré que unos pocos de ellos escapen de la espada,
del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones
entre las naciones adonde llegaren; y sabrán que yo soy
Jehová.
12:17 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
12:18 Hijo de hombre, come tu pan con temblor, y bebe tu agua
con estremecimiento y con ansiedad.
12:19 Y di al pueblo de la tierra: Así ha dicho Jehová
el Señor sobre los moradores de Jerusalén y sobre
la tierra de Israel: Su pan comerán con temor, y con espanto
beberán su agua; porque su tierra será despojada
de su plenitud, por la maldad de todos los que en ella moran.
12:20 Y las ciudades habitadas quedarán desiertas, y la
tierra será asolada; y sabréis que yo soy Jehová.
12:21 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
12:22 Hijo de hombre, ¿qué refrán es este
que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: Se
van prolongando los días, y desaparecerá toda visión?
12:23 Diles, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor:
Haré cesar este refrán, y no repetirán más
este refrán en Israel. Diles, pues: Se han acercado aquellos
días, y el cumplimiento de toda visión.
12:24 Porque no habrá más visión vana, ni
habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa
de Israel.
12:25 Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá
la palabra que yo hable; no se tardará más, sino
que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra
y la cumpliré, dice Jehová el Señor.
12:26 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
12:27 Hijo de hombre, he aquí que los de la casa de Israel
dicen: La visión que éste ve es para de aquí
a muchos días, para lejanos tiempos profetiza éste.
12:28 Diles, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor:
No se tardará más ninguna de mis palabras, sino
que la palabra que yo hable se cumplirá, dice Jehová
el Señor.
Capítulo 13
Condenación de los falsos profetas

13:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
13:2 Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel que
profetizan, y di a los que profetizan de su propio corazón:
Oíd palabra de Jehová.
13:3 Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay
de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu,
y nada han visto!
13:4 Como zorras en los desiertos fueron tus profetas, oh Israel.
13:5 No habéis subido a las brechas, ni habéis edificado
un muro alrededor de la casa de Israel, para que resista firme
en la batalla en el día de Jehová.
13:6 Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha
dicho Jehová, y Jehová no los envió; con
todo, esperan que él confirme la palabra de ellos.
13:7 ¿No habéis visto visión vana, y no habéis
dicho adivinación mentirosa, pues que decís: Dijo
Jehová, no habiendo yo hablado?
13:8 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
Por cuanto vosotros habéis hablado vanidad, y habéis
visto mentira, por tanto, he aquí yo estoy contra vosotros,
dice Jehová el Señor.
13:9 Estará mi mano contra los profetas que ven vanidad
y adivinan mentira; no estarán en la congregación
de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa
de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis
que yo soy Jehová el Señor.
13:10 Sí, por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo:
Paz, no habiendo paz;
y uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la recubrían
con lodo suelto,
13:11 di a los recubridores con lodo suelto, que caerá;
vendrá lluvia torrencial, y enviaré piedras de granizo
que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá.
13:12 Y he aquí cuando la pared haya caído, ¿no
os dirán: ¿Dónde está la embarradura
con que la recubristeis?
13:13 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
Haré que la rompa viento tempestuoso con mi ira, y lluvia
torrencial vendrá con mi furor, y piedras de granizo con
enojo para consumir.
13:14 Así desbarataré la pared que vosotros recubristeis
con lodo suelto, y la echaré a tierra, y será descubierto
su cimiento, y caerá, y seréis consumidos en medio
de ella; y sabréis que yo soy Jehová.
13:15 Cumpliré así mi furor en la pared y en los
que la recubrieron con lodo suelto; y os diré: No existe
la pared, ni los que la recubrieron,
13:16 los profetas de Israel que profetizan acerca de Jerusalén,
y ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice Jehová
el Señor.
13:17 Y tú, hijo de hombre, pon tu rostro contra las hijas
de tu pueblo que profetizan de su propio corazón, y profetiza
contra ellas,
13:18 y di: Así ha dicho Jehová el Señor:
¡Ay de aquellas que cosen vendas mágicas para todas
las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda
edad, para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las
almas de mi pueblo, para mantener así vuestra propia vida?
13:19 ¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por
puñados de cebada y por pedazos de pan, matando a las personas
que no deben morir, y dando vida a las personas que no deben vivir,
mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira?
13:20 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
He aquí yo estoy contra vuestras vendas mágicas,
con que cazáis las almas al vuelo; yo las libraré
de vuestras manos, y soltaré para que vuelen como aves
las almas que vosotras cazáis volando.
13:21 Romperé asimismo vuestros velos mágicos, y
libraré a mi pueblo de vuestra mano, y no estarán
más como presa en vuestra mano; y sabréis que yo
soy Jehová.
13:22 Por cuanto entristecisteis con mentiras el corazón
del justo, al cual yo no entristecí, y fortalecisteis las
manos del impío, para que no se apartase de su mal camino,
infundiéndole ánimo,
13:23 por tanto, no veréis más visión vana,
ni practicaréis más adivinación; y libraré
mi pueblo de vuestra mano, y sabréis que yo soy Jehová.
Capítulo 14
Juicio contra los idólatras que consultan
al profeta
14:1 Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel, y se
sentaron delante de mí.
14:2 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
14:3 Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos
en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad
delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno
consultado por ellos?
14:4 Háblales, por tanto, y diles: Así ha dicho Jehová
el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere
puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el
tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta,
yo Jehová responderé al que viniere conforme a la
multitud de sus ídolos,
14:5 para tomar a la casa de Israel por el corazón, ya que
se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos.
14:6 Por tanto, di a la casa de Israel: Así dice Jehová
el Señor: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos,
y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.
14:7 Porque cualquier hombre de la casa de Israel, y de los extranjeros
que moran en Israel, que se hubiere apartado de andar en pos de
mí, y hubiere puesto sus ídolos en su corazón,
y establecido delante de su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere
al profeta para preguntarle por mí, yo Jehová le responderé
por mí mismo;
14:8 y pondré mi rostro contra aquel hombre, y le pondré
por señal y por escarmiento, y lo cortaré de en medio
de mi pueblo; y sabréis que yo soy Jehová.
14:9 Y cuando el profeta fuere engañado y hablare palabra,
yo Jehová engañé al tal profeta; y extenderé
mi mano contra él, y lo destruiré de en medio de mi
pueblo Israel.
14:10 Y llevarán ambos el castigo de su maldad; como la maldad
del que consultare, así será la maldad del profeta,
14:11 para que la casa de Israel no se desvíe más
de en pos de mí, ni se contamine más en todas sus
rebeliones; y me sean por pueblo, y yo les sea por Dios, dice Jehová
el Señor.
Justicia del castigo de Jerusalén
14:12 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
14:13 Hijo de hombre, cuando la tierra pecare contra mí
rebelándose pérfidamente, y extendiere yo mi mano
sobre ella, y le quebrantare el sustento del pan, y enviare en
ella hambre, y cortare de ella hombres y bestias,
14:14 si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé,
Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente
sus propias vidas, dice Jehová el Señor.
14:15 Y si hiciere pasar bestias feroces por la tierra y la asolaren,
y quedare desolada de modo que no haya quien pase a causa de las
fieras,
14:16 y estos tres varones estuviesen en medio de ella, vivo yo,
dice Jehová el Señor, ni a sus hijos ni a sus hijas
librarían; ellos solos serían librados, y la tierra
quedaría desolada.
14:17 O si yo trajere espada sobre la tierra, y dijere: Espada,
pasa por la tierra; e hiciere cortar de ella hombres y bestias,
14:18 y estos tres varones estuviesen en medio de ella, vivo yo,
dice Jehová el Señor, no librarían a sus
hijos ni a sus hijas; ellos solos serían librados.
14:19 O si enviare pestilencia sobre esa tierra y derramare mi
ira sobre ella en sangre, para cortar de ella hombres y bestias,
14:20 y estuviesen en medio de ella Noé, Daniel y Job,
vivo yo, dice Jehová el Señor, no librarían
a hijo ni a hija; ellos por su justicia librarían solamente
sus propias vidas.
14:21 Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor:
¿Cuánto más cuando yo enviare contra Jerusalén
mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia,
para cortar de ella hombres y bestias?
14:22 Sin embargo, he aquí quedará en ella un remanente,
hijos e hijas, que serán llevados fuera; he aquí
que ellos vendrán a vosotros, y veréis su camino
y sus hechos, y seréis consolados del mal que hice venir
sobre Jerusalén, de todas las cosas que traje sobre ella.
14:23 Y os consolarán cuando viereis su camino y sus hechos,
y conoceréis que no sin causa hice todo lo que he hecho
en ella, dice Jehová el Señor.itulo
Capítulo 15
Jerusalén es como una vid inútil

15:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
15:2 Hijo de hombre, ¿qué es la madera de la vid
más que cualquier otra madera? ¿Qué es el
sarmiento entre los árboles del bosque?
15:3 ¿Tomarán de ella madera para hacer alguna obra?
¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella
alguna cosa?
15:4 He aquí, es puesta en el fuego para ser consumida;
sus dos extremos consumió el fuego, y la parte de en medio
se quemó; ¿servirá para obra alguna?
15:5 He aquí que cuando estaba entera no servía
para obra alguna; ¿cuánto menos después que
el fuego la hubiere consumido, y fuere quemada? ¿Servirá
más para obra alguna?
15:6 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
Como la madera de la vid entre los árboles del bosque,
la cual di al fuego para que la consumiese, así haré
a los moradores de Jerusalén.
15:7 Y pondré mi rostro contra ellos; aunque del fuego
se escaparon, fuego los consumirá; y sabréis que
yo soy Jehová, cuando pusiere mi rostro contra ellos.
15:8 Y convertiré la tierra en asolamiento, por cuanto
cometieron prevaricación, dice Jehová el Señor.
Capítulo 16
Infidelidad de Jerusalén

16:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
16:2 Hijo de hombre, notifica a Jerusalén sus abominaciones,
16:3 y di: Así ha dicho Jehová el Señor sobre
Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento, es de la tierra de
Canaán; tu padre fue amorreo, y tu madre hetea.
16:4 Y en cuanto a tu nacimiento, el día que naciste no
fue cortado tu ombligo, ni fuiste lavada con aguas para limpiarte,
ni salada con sal, ni fuiste envuelta con fajas.
16:5 No hubo ojo que se compadeciese de ti para hacerte algo de
esto, teniendo de ti misericordia; sino que fuiste arrojada sobre
la faz del campo, con menosprecio de tu vida, en el día
que naciste.
16:6 Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres,
y cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí,
te dije, cuando estabas en tus sangres: ¡Vive!
16:7 Te hice multiplicar como la hierba del campo; y creciste
y te hiciste grande, y llegaste a ser muy hermosa; tus pechos
se habían formado, y tu pelo había crecido; pero
estabas desnuda y descubierta.
16:8 Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y
he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí
mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento
y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor,
y fuiste mía.
16:9 Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima
de ti, y te ungí con aceite;
16:10 y te vestí de bordado, te calcé de tejón,
te ceñí de lino y te cubrí de seda.
16:11 Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos
y collar a tu cuello.
16:12 Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una
hermosa diadema en tu cabeza.
16:13 Así fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido
era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo,
miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta
llegar a reinar.
16:14 Y salió tu renombre entre las naciones a causa de
tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura que
yo puse sobre ti, dice Jehová el Señor.
16:15 Pero confiaste en tu hermosura, y te prostituiste a causa
de tu renombre, y derramaste tus fornicaciones a cuantos pasaron;
suya eras.
16:16 Y tomaste de tus vestidos, y te hiciste diversos lugares
altos, y fornicaste sobre ellos; cosa semejante nunca había
sucedido, ni sucederá más.
16:17 Tomaste asimismo tus hermosas alhajas de oro y de plata
que yo te había dado, y te hiciste imágenes de hombre
y fornicaste con ellas;
16:18 y tomaste tus vestidos de diversos colores y las cubriste;
y mi aceite y mi incienso pusiste delante de ellas.
16:19 Mi pan también, que yo te había dado, la flor
de la harina, el aceite y la miel, con que yo te mantuve, pusiste
delante de ellas para olor agradable; y fue así, dice Jehová
el Señor.
16:20 Además de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que
habías dado a luz para mí, y los sacrificaste a
ellas para que fuesen consumidos. ¿Eran poca cosa tus fornicaciones,
16:21 para que degollases también a mis hijos y los ofrecieras
a aquellas imágenes como ofrenda que el fuego consumía?
16:22 Y con todas tus abominaciones y tus fornicaciones no te
has acordado de los días de tu juventud, cuando estabas
desnuda y descubierta, cuando estabas envuelta en tu sangre.
16:23 Y sucedió que después de toda tu maldad (¡ay,
ay de ti! dice Jehová el Señor),
16:24 te edificaste lugares altos, y te hiciste altar en todas
las plazas.
16:25 En toda cabeza de camino edificaste lugar alto, e hiciste
abominable tu hermosura, y te ofreciste a cuantos pasaban, y multiplicaste
tus fornicaciones.
16:26 Y fornicaste con los hijos de Egipto, tus vecinos, gruesos
de carnes; y aumentaste tus fornicaciones para enojarme.
16:27 Por tanto, he aquí que yo extendí contra ti
mi mano, y disminuí tu provisión ordinaria, y te
entregué a la voluntad de las hijas de los filisteos, que
te aborrecen, las cuales se avergüenzan de tu camino deshonesto.
16:28 Fornicaste también con los asirios, por no haberte
saciado; y fornicaste con ellos y tampoco te saciaste.
16:29 Multiplicaste asimismo tu fornicación en la tierra
de Canaán y de los caldeos, y tampoco con esto te saciaste.
16:30 ¡Cuán inconstante es tu corazón, dice
Jehová el Señor, habiendo hecho todas estas cosas,
obras de una ramera desvergonzada,
16:31 edificando tus lugares altos en toda cabeza de camino, y
haciendo tus altares en todas las plazas! Y no fuiste semejante
a ramera, en que menospreciaste la paga,
16:32 sino como mujer adúltera, que en lugar de su marido
recibe a ajenos.
16:33 A todas las rameras les dan dones; mas tú diste tus
dones a todos tus enamorados; y les diste presentes, para que
de todas partes se llegasen a ti en tus fornicaciones.
16:34 Y ha sucedido contigo, en tus fornicaciones, lo contrario
de las demás mujeres: porque ninguno te ha solicitado para
fornicar, y tú das la paga, en lugar de recibirla; por
esto has sido diferente.
16:35 Por tanto, ramera, oye palabra de Jehová.
16:36 Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto
han sido descubiertas tus desnudeces en tus fornicaciones, y tu
confusión ha sido manifestada a tus enamorados, y a los
ídolos de tus abominaciones, y en la sangre de tus hijos,
los cuales les diste;
16:37 por tanto, he aquí que yo reuniré a todos
tus enamorados con los cuales tomaste placer, y a todos los que
amaste, con todos los que aborreciste; y los reuniré alrededor
de ti y les descubiriré tu desnudez, y ellos verán
toda tu desnudez.
16:38 Y yo te juzgaré por las leyes de las adúlteras,
y de las que derraman sangre; y traeré sobre ti sangre
de ira y de celos.
16:39 Y te entregaré en manos de ellos; y destruirán
tus lugares altos, y derribarán tus altares, y te despojarán
de tus ropas, se llevarán tus hermosas alhajas, y te dejarán
desnuda y descubierta.
16:40 Y harán subir contra ti muchedumbre de gente, y te
apedrearán, y te atravesarán con sus espadas.
16:41 Quemarán tus casas a fuego, y harán en ti
juicios en presencia de muchas mujeres; y así haré
que dejes de ser ramera, y que ceses de prodigar tus dones.
16:42 Y saciaré mi ira sobre ti, y se apartará de
ti mi celo, y descansaré y no me enojaré más.
16:43 Por cuanto no te acordaste de los días de tu juventud,
y me provocaste a ira en todo esto, por eso, he aquí yo
también traeré tu camino sobre tu cabeza, dice Jehová
el Señor; pues ni aun has pensado sobre toda tu lujuria.
16:44 He aquí, todo el que usa de refranes te aplicará
a ti el refrán que dice: Cual la madre, tal la hija.
16:45 Hija eres tú de tu madre, que desechó a su
marido y a sus hijos; y hermana eres tú de tus hermanas,
que desecharon a sus maridos y a sus hijos; vuestra madre fue
hetea, y vuestro padre amorreo.
16:46 Y tu hermana mayor es Samaria, ella y sus hijas, que habitan
al norte de ti; y tu hermana menor es Sodoma con sus hijas, la
cual habita al sur de ti.
16:47 Ni aun anduviste en sus caminos, ni hiciste según
sus abominaciones; antes, como si esto fuera poco y muy poco,
te corrompiste más que ellas en todos tus caminos.
16:48 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que Sodoma
tu hermana y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus
hijas.
16:49 He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana:
soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron
ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido
y del menesteroso.
16:50 Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación
delante de mí, y cuando lo vi las quité.
16:51 Y Samaria no cometió ni la mitad de tus pecados;
porque tú multiplicaste tus abominaciones más que
ellas, y has justificado a tus hermanas con todas las abominaciones
que tú hiciste.
16:52 Tú también, que juzgaste a tus hermanas, lleva
tu vergüenza en los pecados que tú hiciste, más
abominables que los de ellas; más justas son que tú;
avergüénzate, pues, tú también, y lleva
tu confusión, por cuanto has justificado a tus hermanas.
16:53 Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos
de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas,
y haré volver los cautivos de tus cautiverios entre ellas,
16:54 para que lleves tu confusión, y te avergüences
de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo
para ellas.
16:55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas,
volverán a su primer estado; tú también y
tus hijas volveréis a vuestro primer estado.
16:56 No era tu hermana Sodoma digna de mención en tu boca
en el tiempo de tus soberbias,
16:57 antes que tu maldad fuese descubierta. Así también
ahora llevas tú la afrenta de las hijas de Siria y de todas
las hijas de los filisteos, las cuales por todos lados te desprecian.
16:58 Sufre tú el castigo de tu lujuria y de tus abominaciones,
dice Jehová.
16:59 Pero más ha dicho Jehová el Señor:
¿Haré yo contigo como tú hiciste, que menospreciaste
el juramento para invalidar el pacto?
16:60 Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté
contigo en los días de tu juventud, y estableceré
contigo un pacto sempiterno.
16:61 Y te acordarás de tus caminos y te avergonzarás,
cuando recibas a tus hermanas, las mayores que tú y las
menores que tú, las cuales yo te daré por hijas,
mas no por tu pacto,
16:62 sino por mi pacto que yo confirmaré contigo; y sabrás
que yo soy Jehová;
16:63 para que te acuerdes y te avergüences, y nunca más
abras la boca, a causa de tu vergüenza, cuando yo perdone
todo lo que hiciste, dice Jehová el Señor.
Capítulo 17
Parábola de las águilas y la
vid

17:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
17:2 Hijo de hombre, propón una figura, y compón
una parábola a la casa de Israel.
17:3 Y dirás: Así ha dicho Jehová el Señor:
Una gran águila, de grandes alas y de largos miembros,
llena de plumas de diversos colores, vino al Líbano, y
tomó el cogollo del cedro.
17:4 Arrancó el principal de sus renuevos y lo llevó
a tierra de mercaderes, y lo puso en una ciudad de comerciantes.
17:5 Tomó también de la simiente de la tierra, y
la puso en un campo bueno para sembrar, la plantó junto
a aguas abundantes, la puso como un sauce.
17:6 Y brotó, y se hizo una vid de mucho ramaje, de poca
altura, y sus ramas miraban al águila, y sus raíces
estaban debajo de ella; así que se hizo una vid, y arrojó
sarmientos y echó mugrones.
17:7 Había también otra gran águila, de grandes
alas y de muchas plumas; y he aquí que esta vid juntó
cerca de ella sus raíces, y extendió hacia ella
sus ramas, para ser regada por ella por los surcos de su plantío.
17:8 En un buen campo, junto a muchas aguas, fue plantada, para
que hiciese ramas y diese fruto, y para que fuese vid robusta.
17:9 Diles: Así ha dicho Jehová el Señor:
¿Será prosperada? ¿No arrancará sus
raíces, y destruirá su fruto, y se secará?
Todas sus hojas lozanas se secarán; y eso sin gran poder
ni mucha gente para arrancarla de sus raíces.
17:10 Y he aquí está plantada; ¿será
prosperada? ¿No se secará del todo cuando el viento
solano la toque? En los surcos de su verdor se secará.
17:11 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
17:12 Di ahora a la casa rebelde: ¿No habéis entendido
qué significan estas cosas? Diles: He aquí que el
rey de Babilonia vino a Jerusalén, y tomó a tu rey
y a sus príncipes, y los llevó consigo a Babilonia.
17:13 Tomó también a uno de la descendencia real
e hizo pacto con él, y le hizo prestar juramento; y se
llevó consigo a los poderosos de la tierra,
17:14 para que el reino fuese abatido y no se levantase, a fin
de que guardando el pacto, permaneciese en pie.
17:15 Pero se rebeló contra él,
enviando embajadores a Egipto para que le diese caballos y mucha
gente. ¿Será prosperado, escapará el que
estas cosas hizo? El que rompió el pacto, ¿podrá
escapar?
17:16 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que morirá
en medio de Babilonia, en el lugar donde habita el rey que le
hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuyo pacto hecho
con él rompió.
17:17 Y ni con gran ejército ni con mucha compañía
hará Faraón nada por él en la batalla, cuando
se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas
vidas.
17:18 Por cuanto menospreció el juramento y quebrantó
el pacto, cuando he aquí que había dado su mano,
y ha hecho todas estas cosas, no escapará.
17:19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y
mi pacto que ha quebrantado, lo traeré sobre su misma cabeza.
17:20 Extenderé sobre él mi red, y será preso
en mi lazo, y lo haré venir a Babilonia, y allí
entraré en juicio con él por su prevaricación
con que contra mí se ha rebelado.
17:21 Y todos sus fugitivos, con todas sus tropas, caerán
a espada, y los que queden serán esparcidos a todos los
vientos; y sabréis que yo Jehová he hablado.
17:22 Así ha dicho Jehová el Señor: Tomaré
yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré; del
principal de sus renuevos cortaré un tallo, y lo plantaré
sobre el monte alto y sublime.
17:23 En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará
ramas, y dará fruto, y se hará magnífico
cedro; y habitarán debajo de él todas las aves de
toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán.
17:24 Y sabrán todos los árboles del campo que yo
Jehová abatí el árbol sublime, levanté
el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice
reverdecer el árbol seco. Yo Jehová lo he dicho,
y lo haré.
Capítulo 18
El alma que pecare morirá
18:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
18:2 ¿Qué pensáis vosotros, los que usáis
este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres
comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?
18:3 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más
tendréis por qué usar este refrán en Israel.
18:4 He aquí que todas las almas son mías; como el
alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma
que pecare, esa morirá.
18:5 Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho
y la justicia;
18:6 que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos
de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo,
ni se llegare a la mujer menstruosa,
18:7 ni oprimiere a ninguno; que al deudor devolviere su prenda,
que no cometiere robo, y que diere de su pan al hambriento y cubriere
al desnudo con vestido,
18:8 que no prestare a interés ni tomare usura; que de la
maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre
y hombre,
18:9 en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer
rectamente, éste es justo; éste vivirá,
dice Jehová el Señor.
18:10 Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre,
o que haga alguna cosa de estas,
18:11 y que no haga las otras, sino que comiere sobre los montes,
o violare la mujer de su prójimo,
18:12 al pobre y menesteroso oprimiere, cometiere robos, no devolviere
la prenda, o alzare sus ojos a los ídolos e hiciere abominación,
18:13 prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá
éste? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de
cierto morirá, su sangre será sobre él.
18:14 Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los
pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según
ellos;
18:15 no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos
de la casa de Israel; la mujer de su prójimo no violare,
18:16 ni oprimiere a nadie, la prenda no retuviere, ni cometiere
robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere con vestido al
desnudo;
18:17 apartare su mano del pobre, interés y usura no recibiere;
guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas; éste
no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá.
18:18 Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente
al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he
aquí que él morirá por su maldad.
18:19 Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará
el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho
y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió,
de cierto vivirá.
18:20 El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará
el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo;
la justicia del justo será sobre él, y la impiedad
del impío será sobre él.
El camino de Dios es justo
(Ez. 33. 10-20)
18:21 Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados
que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según
el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá.
18:22 Todas las transgresiones que cometió, no le serán
recordadas; en su justicia que hizo vivirá.
18:23 ¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová
el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus
caminos?
18:24 Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad,
e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío
hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias
que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión
con que prevaricó, y por el pecado que cometió,
por ello morirá.
18:25 Y si dijereis: No es recto el camino del Señor; oíd
ahora, casa de Israel: ¿No es recto mi camino? ¿no
son vuestros caminos torcidos?
18:26 Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad,
él morirá por ello; por la iniquidad que hizo, morirá.
18:27 Y apartándose el impío de su impiedad que
hizo, y haciendo según el derecho y la justicia, hará
vivir su alma.
18:28 Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones
que había cometido, de cierto vivirá; no morirá.
18:29 Si aún dijere la casa de Israel: No es recto el camino
del Señor; ¿no son rectos mis caminos, casa de Israel?
Ciertamente, vuestros caminos no son rectos.
18:30 Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según
sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor.
Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones,
y no os será la iniquidad causa de ruina.
18:31 Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que
habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu
nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?
18:32 Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová
el Señor; convertíos, pues, y viviréis.
Capítulo 19
Lamentación sobre los príncipes
de Israel

19:1 Y tú, levanta endecha sobre los príncipes
de Israel.
19:2 Dirás: ¡Cómo se echó entre los
leones tu madre la leona! Entre los leoncillos crió sus
cachorros,
19:3 e hizo subir uno de sus cachorros; vino a ser leoncillo,
y aprendió a arrebatar la presa, y a devorar hombres.
19:4 Y las naciones oyeron de él; fue tomado en la trampa
de ellas, y lo llevaron con grillos a la tierra de Egipto.
19:5 Viendo ella que había esperado mucho tiempo, y que
se perdía su esperanza, tomó otro de sus cachorros,
y lo puso por leoncillo.
19:6 Y él andaba entre los leones; se hizo leoncillo, aprendió
a arrebatar la presa, devoró hombres.
19:7 Saqueó fortalezas, y asoló ciudades; y la tierra
fue desolada, y cuanto había en ella, al estruendo de sus
rugidos.
19:8 Arremetieron contra él las gentes de las provincias
de alrededor, y extendieron sobre él su red, y en el foso
fue apresado.
19:9 Y lo pusieron en una jaula y lo llevaron con cadenas, y lo
llevaron al rey de Babilonia; lo pusieron en las fortalezas, para
que su voz no se oyese más sobre los montes de Israel.
19:10 Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada
junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa
de las muchas aguas.
19:11 Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes; y se elevó
su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa
de su altura y la multitud de sus sarmientos.
19:12 Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra, y el viento
solano secó su fruto; sus ramas fuertes fueron quebradas
y se secaron; las consumió el fuego.
19:13 Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de
sequedad y de aridez.
19:14 Y ha salido fuego de la vara de sus ramas, que ha consumido
su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de rey.
Endecha es esta, y de endecha servirá.
Capítulo 20
Modo de proceder de Dios con Israel
20:1 Aconteció en el año séptimo, en el mes
quinto, a los diez días del mes, que vinieron algunos de
los ancianos de Israel a consultar a Jehová, y se sentaron
delante de mí.
20:2 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
20:3 Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel, y diles: Así
ha dicho Jehová el Señor: ¿A consultarme venís
vosotros? Vivo yo, que no os responderé, dice Jehová
el Señor.
20:4 ¿Quieres tú juzgarlos? ¿Los quieres juzgar
tú, hijo de hombre? Hazles conocer las abominaciones de sus
padres,
20:5 y diles: Así ha dicho Jehová el Señor:
El día que escogí a Israel, y que alcé mi mano
para jurar a la descendencia de la casa de Jacob, cuando me di a
conocer a ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano
y les juré diciendo: Yo soy Jehová vuestro Dios;
20:6 aquel día que les alcé mi mano, jurando así
que los sacaría de la tierra de Egipto a la tierra que les
había provisto, que fluye leche y miel, la cual es la más
hermosa de todas las tierras;
20:7 entonces les dije: Cada uno eche de sí las abominaciones
de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos
de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios.
20:8 Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme;
no echó de sí cada uno las abominaciones de delante
de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que
derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos
en medio de la tierra de Egipto.
20:9 Con todo, a causa de mi nombre, para que no se infamase ante
los ojos de las naciones en medio de las cuales estaban, en cuyos
ojos fui conocido, actué para sacarlos de la tierra de Egipto.
20:10 Los saqué de la tierra de Egipto, y los traje al desierto,
20:11 y les di mis estatutos, y les hice conocer mis decretos, por
los cuales el hombre que los cumpliere vivirá.
20:12 Y les di también mis días de reposo, para que
fuesen por señal entre mí y ellos,
para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico.
20:13 Mas se rebeló contra mí la casa de Israel en
el desierto; no anduvieron en mis estatutos, y desecharon mis decretos,
por los cuales el hombre que los cumpliere, vivirá; y mis
días de reposo profanaron en gran manera; dije, por tanto,
que derramaría sobre ellos mi ira en el desierto para exterminarlos.
20:14 Pero actué a causa de mi nombre, para que no se infamase
a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado.
20:15 También yo les alcé mi mano en el desierto,
jurando que no los traería a la tierra que les había
dado, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de
todas las tierras;
20:16 porque desecharon mis decretos, y no anduvieron en mis estatutos,
y mis días de reposo profanaron, porque tras sus ídolos
iba su corazón.
20:17 Con todo, los perdonó mi ojo, pues no los maté,
ni los exterminé en el desierto;
20:18 antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en
los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes,
ni os contaminéis con sus ídolos.
20:19 Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis estatutos,
y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra;
20:20 y santificad mis días de reposo, y sean por señal
entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová
vuestro Dios.
20:21 Mas los hijos se rebelaron contra mí; no anduvieron
en mis estatutos, ni guardaron mis decretos para ponerlos por obra,
por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá; profanaron
mis días de reposo. Dije entonces que derramaría mi
ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en el desierto.
20:22 Mas retraje mi mano a causa de mi nombre, para que no se infamase
a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado.
20:23 También les alcé yo mi mano en el desierto,
jurando que los esparciría entre las naciones, y que los
dispersaría por las tierras,
20:24 porque no pusieron por obra mis decretos, sino que desecharon
mis estatutos y profanaron mis días de reposo, y tras los
ídolos de sus padres se les fueron los ojos.
20:25 Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos,
y decretos por los cuales no podrían vivir.
20:26 Y los contaminé en sus ofrendas cuando hacían
pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y
hacerles saber que yo soy Jehová.
20:27 Por tanto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel, y diles:
Así ha dicho Jehová el Señor: Aun en esto me
afrentaron vuestros padres cuando cometieron rebelión contra
mí.
20:28 Porque yo los traje a la tierra sobre la cual había
alzado mi mano jurando que había de dársela, y miraron
a todo collado alto y a todo árbol |