Jeremías
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Pues
bien, Jeremías no sólo pronunció los discursos que se hallan en
este libro sino que además vivió personalmente los acontecimientos
como testigo de Dios. Cooperó con Dios -la palabra no nos debe
asustar - en sus decisiones supremas que dirigen la historia.
Dios obra en la historia mediante las obras, las palabras, los
escritos y las oraciones de muchísima gente.
Pero también impulsa fuerzas más profundas que sacuden la inercia
de los corazones y hacen más fuerte entre los hombres el afán
de justicia. En estos campos que Dios se ha reservado, solamente
le cooperan esos pocos a los que «conoció y consagró antes de
que nacieran».
- Profecías contra Judá y Jerusalén, cap. 1-25.
- Profecías contra las naciones; anunciadas al final del capítulo
25, forman los capítulos 46-51.
- Anuncios de felicidad, cap. 29-35.
- Los sufrimientos de Jeremías, cap. 36-45.
Capítulo 1
Llamamiento y misión de Jeremías 1:1
Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes
que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín.
1:2 Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías
hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero
de su reinado.
1:3 Le vino también en días de Joacim
hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año
undécimo de Sedequías
hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de
Jerusalén en el mes quinto.
1:4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:
1:5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes
que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.
1:6 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová!
He aquí, no sé hablar, porque soy niño.
1:7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque
a todo lo que te envíe irás tú, y dirás
todo lo que te mande.
1:8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte,
dice Jehová.
1:9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca,
y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en
tu boca.
1:10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre
reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar,
para edificar y para plantar.
1:11 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué
ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro.
1:12 Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro
mi palabra para ponerla por obra.
1:13 Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez,
diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla
que hierve; y su faz está hacia el norte.
1:14 Me dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre
todos los moradores de esta tierra.
1:15 Porque he aquí que yo convoco a todas las familias de
los reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá
cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén,
y junto a todos sus muros en derredor, y contra todas las ciudades
de Judá.
1:16 Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra
los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la
obra de sus manos adoraron.
1:17 Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y
háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos,
para que no te haga yo quebrantar delante de ellos.
1:18 Porque he aquí que yo te he puesto en este día
como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de
bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá,
sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra.
1:19 Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque
yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.
Capítulo 2
Jehová y la apostasía de Israel
2:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2:2 Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo:
Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad
de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos
de mí en el desierto, en tierra no sembrada.
2:3 Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos.
Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre
ellos, dice Jehová.
2:4 Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas
las familias de la casa de Israel.
2:5 Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron
en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se
fueron tras la vanidad y se hicieron vanos?
2:6 Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová,
que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el
desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca
y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó
varón, ni allí habitó hombre?
2:7 Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su
fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis
abominable mi heredad.
2:8 Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está
Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron;
y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron
en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.
2:9 Por tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová,
y con los hijos de vuestros hijos pleitearé.
2:10 Porque pasad a las costas de Quitim y mirad; y enviad a Cedar,
y considerad cuidadosamente, y ved si se ha hecho cosa semejante
a esta.
2:11 ¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses,
aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su
gloria por lo que no aprovecha.
2:12 Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran
manera, dijo Jehová.
2:13 Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí,
fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas
rotas que no retienen agua.
2:14 ¿Es Israel siervo? ¿es esclavo? ¿Por qué
ha venido a ser presa?
2:15 Los cachorros del león rugieron contra él, alzaron
su voz, y asolaron su tierra; quemadas están sus ciudades,
sin morador.
2:16 Aun los hijos de Menfis y de Tafnes te quebrantaron la coronilla.
2:17 ¿No te acarreó esto el haber dejado a Jehová
tu Dios, cuando te conducía por el camino?
2:18 Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino
de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes
tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates?
2:19 Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán;
sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú
a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor,
Jehová de los ejércitos.
2:20 Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras,
y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto
y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera.
2:21 Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella;
¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?
2:22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón
sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante
de mí, dijo Jehová el Señor.
2:23 ¿Cómo puedes decir: No soy inmunda, nunca anduve
tras los baales? Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has
hecho, dromedaria ligera que tuerce su camino,
2:24 asna montés acostumbrada al desierto, que en su ardor
olfatea el viento. De su lujuria, ¿quién la detendrá?
Todos los que la buscaren no se fatigarán, porque en el tiempo
de su celo la hallarán.
2:25 Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed.
Mas dijiste: No hay remedio en ninguna manera, porque a extraños
he amado, y tras ellos he de ir.
2:26 Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto,
así se avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes,
sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas,
2:27 que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una
piedra: Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz,
y no el rostro; y en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate,
y líbranos.
2:28 ¿Y dónde están tus dioses que hiciste
para ti? Levántense ellos, a ver si te podrán librar
en el tiempo de tu aflicción; porque según el número
de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses.
2:29 ¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros
prevaricasteis contra mí, dice Jehová.
2:30 En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido corrección.
Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león
destrozador.
2:31 ¡Oh generación! atended vosotros a la palabra
de Jehová. ¿He sido yo un desierto para Israel, o
tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo:
Somos libres; nunca más vendremos a ti?
2:32 ¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada
de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables
días.
2:33 ¿Por qué adornas tu camino para hallar amor?
Aun a las malvadas enseñaste tus caminos.
2:34 Aun en tus faldas se halló la sangre de los pobres,
de los inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo,
en todas estas cosas dices:
2:35 Soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí.
He aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste:
No he pecado.
2:36 ¿Para qué discurres tanto, cambiando tus caminos?
También serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada
de Asiria.
2:37 También de allí saldrás con tus manos
sobre tu cabeza, porque Jehová desechó a aquellos
en quienes tú confiabas, y no prosperarás por ellos.
Capítulo 3
3:1 Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta
de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a
ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada?
Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete
a mí! dice Jehová.
3:2 Alza tus ojos a las alturas, y ve en qué lugar no te
hayas prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como
árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y con tu maldad
has contaminado la tierra.
3:3 Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó
la lluvia tardía; y has tenido frente de ramera, y no quisiste
tener vergüenza.
3:4 A lo menos desde ahora, ¿no me llamarás a mí,
Padre mío, guiador de mi juventud?
3:5 ¿Guardará su enojo para siempre? ¿Eternamente
lo guardará? He aquí que has hablado y hecho cuantas
maldades pudiste.
Jehová exhorta a Israel y a Judá al arrepentimiento
3:6 Me dijo Jehová en días del rey Josías:
¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va
sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso,
y allí fornica.
3:7 Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá
a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la
rebelde Judá.
3:8 Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la
había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor
la rebelde Judá su hermana, sino que también fue
ella y fornicó.
3:9 Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación,
la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con
el leño.
3:10 Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió
a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová.
3:11 Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel
en comparación con la desleal Judá.
3:12 Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete,
oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi
ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová,
no guardaré para siempre el enojo.
3:13 Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu
Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo
de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice
Jehová.
3:14 Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque
yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad,
y dos de cada familia, y os introduciré en Sion;
3:15 y os daré pastores según mi corazón,
que os apacienten con ciencia y con inteligencia.
3:16 Y acontecerá que cuando os multipliquéis y
crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová,
no se dirá más: Arca del pacto de Jehová;
ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella,
ni la echarán de menos, ni se hará otra.
3:17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono
de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en
el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán
más tras la dureza de su malvado corazón.
3:18 En aquellos tiempos irán de la casa de Judá
a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra
del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres.
3:19 Yo preguntaba: ¿Cómo os pondré por hijos,
y os daré la tierra deseable, la rica heredad de las naciones?
Y dije: Me llamaréis: Padre mío, y no os apartaréis
de en pos de mí.
3:20 Pero como la esposa infiel abandona a su compañero,
así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel,
dice Jehová.
3:21 Voz fue oída sobre las alturas, llanto de los ruegos
de los hijos de Israel; porque han torcido su camino, de Jehová
su Dios se han olvidado.
3:22 Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras
rebeliones. He aquí nosotros venimos a ti, porque tú
eres Jehová nuestro Dios.
3:23 Ciertamente vanidad son los collados, y el bullicio sobre
los montes; ciertamente en Jehová nuestro Dios está
la salvación de Israel.
3:24 Confusión consumió el trabajo de nuestros padres
desde nuestra juventud; sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus
hijas.
3:25 Yacemos en nuestra confusión, y nuestra afrenta nos
cubre; porque pecamos contra Jehová nuestro Dios, nosotros
y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día,
y no hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios.
Capítulo 4
4:1 Si te volvieres, oh Israel, dice Jehová, vuélvete
a mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones,
y no anduvieres de acá para allá,
4:2 y jurares: Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia,
entonces las naciones serán benditas en él, y en él
se gloriarán.
4:3 Porque así dice Jehová a todo varón de
Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros,
y no sembréis entre espinos.
4:4 Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro
corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén;
no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien
la apague, por la maldad de vuestras obras.
Judá es amenazada de invasión
4:5 Anunciad en Judá, y proclamad en Jerusalén,
y decid: Tocad trompeta en la tierra; pregonad, juntaos, y decid:
Reuníos, y entrémonos en las ciudades fortificadas.
4:6 Alzad bandera en Sion, huid, no os detengáis; porque
yo hago venir mal del norte, y quebrantamiento grande.
4:7 El león sube de la espesura, y el destruidor de naciones
está en marcha, y ha salido de su lugar para poner tu tierra
en desolación; tus ciudades quedarán asoladas y
sin morador.
4:8 Por esto vestíos de cilicio, endechad y aullad; porque
la ira de Jehová no se ha apartado de nosotros.
4:9 En aquel día, dice Jehová, desfallecerá
el corazón del rey y el corazón de los príncipes,
y los sacerdotes estarán atónitos, y se maravillarán
los profetas.
4:10 Y dije: ¡Ay, ay, Jehová Dios! Verdaderamente
en gran manera has engañado a este pueblo y a Jerusalén,
diciendo: Paz tendréis; pues la espada ha venido hasta
el alma.
4:11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén:
Viento seco de las alturas del desierto vino a la hija de mi pueblo,
no para aventar, ni para limpiar.
4:12 Viento más vehemente que este vendrá a mí;
y ahora yo pronunciaré juicios contra ellos.
4:13 He aquí que subirá como nube, y su carro como
torbellino; más ligeros son sus caballos que las águilas.
¡Ay de nosotros, porque entregados somos a despojo!
4:14 Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para
que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás
en medio de ti los pensamientos de iniquidad?
4:15 Porque una voz trae las nuevas desde Dan, y hace oír
la calamidad desde el monte de Efraín.
4:16 Decid a las naciones: He aquí, haced oír sobre
Jerusalén: Guardas vienen de tierra lejana, y lanzarán
su voz contra las ciudades de Judá.
4:17 Como guardas de campo estuvieron en derredor de ella, porque
se rebeló contra mí, dice Jehová.
4:18 Tu camino y tus obras te hicieron esto; esta es tu maldad,
por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón.
4:19 ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen
las fibras de mi corazón; mi corazón se agita dentro
de mí; no callaré; porque sonido de trompeta has
oído, oh alma mía, pregón de guerra.
4:20 Quebrantamiento sobre quebrantamiento es anunciado; porque
toda la tierra es destruida; de repente son destruidas mis tiendas,
en un momento mis cortinas.
4:21 ¿Hasta cuándo he de ver bandera, he de oír
sonido de trompeta?
4:22 Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes
y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien
no supieron.
4:23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada
y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz.
4:24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban,
y todos los collados fueron destruidos.
4:25 Miré, y no había hombre, y todas las aves del
cielo se habían ido.
4:26 Miré, y he aquí el campo fértil era
un desierto, y todas sus ciudades eran asoladas delante de Jehová,
delante del ardor de su ira.
4:27 Porque así dijo Jehová: Toda la tierra será
asolada; pero no la destruiré del todo.
4:28 Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba
se oscurecerán, porque hablé, lo pensé, y
no me arrepentí, ni desistiré de ello.
4:29 Al estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros
huyó toda la ciudad; entraron en las espesuras de los bosques,
y subieron a los peñascos; todas las ciudades fueron abandonadas,
y no quedó en ellas morador alguno.
4:30 Y tú, destruida, ¿qué harás?
Aunque te vistas de grana, aunque te adornes con atavíos
de oro, aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas;
te menospreciarán tus amantes, buscarán tu vida.
4:31 Porque oí una voz como de mujer que está de
parto, angustia como de primeriza; voz de la hija de Sion que
lamenta y extiende sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí!
que mi alma desmaya a causa de los asesinos.
Capítulo 5
Impiedad de Jerusalén y de Judá
5:1 Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos;
buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno
que haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré.
5:2 Aunque digan: Vive Jehová, juran falsamente.
5:3 Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los
azotaste, y no les dolió; los consumiste, y no quisieron
recibir corrección; endurecieron sus rostros más que
la piedra, no quisieron convertirse.
5:4 Pero yo dije: Ciertamente éstos son pobres, han enloquecido,
pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios.
5:5 Iré a los grandes, y les hablaré; porque ellos
conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. Pero ellos
también quebraron el yugo, rompieron las coyundas.
5:6 Por tanto, el león de la selva los matará, los
destruirá el lobo del desierto, el leopardo acechará
sus ciudades; cualquiera que de ellas saliere será arrebatado;
porque sus rebeliones se han multiplicado, se han aumentado sus
deslealtades.
5:7 ¿Cómo te he de perdonar por esto? Sus hijos me
dejaron, y juraron por lo que no es Dios. Los sacié, y adulteraron,
y en casa de rameras se juntaron en compañías.
5:8 Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la
mujer de su prójimo.
5:9 ¿No había de castigar esto? dijo Jehová.
De una nación como esta, ¿no se había de vengar
mi alma?
5:10 Escalad sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las
almenas de sus muros, porque no son de Jehová.
5:11 Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa
de Israel y la casa de Judá, dice Jehová.
5:12 Negaron a Jehová, y dijeron: El no es, y no vendrá
mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre;
5:13 antes los profetas serán como viento, porque no hay
en ellos palabra; así se hará a ellos.
5:14 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos:
Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras
en tu boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá.
5:15 He aquí yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh
casa de Israel, dice Jehová; gente robusta, gente antigua,
gente cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que
hablare.
5:16 Su aljaba como sepulcro abierto, todos valientes.
5:17 Y comerá tu mies y tu pan, comerá a tus hijos
y a tus hijas; comerá tus ovejas y tus vacas, comerá
tus viñas y tus higueras, y a espada convertirá en
nada tus ciudades fortificadas en que confías.
5:18 No obstante, en aquellos días, dice Jehová, no
os destruiré del todo.
5:19 Y cuando dijeren: ¿Por qué Jehová el Dios
nuestro hizo con nosotros todas estas cosas?, entonces les dirás:
De la manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses
ajenos en vuestra tierra, así serviréis a extraños
en tierra ajena.
5:20 Anunciad esto en la casa de Jacob, y haced que esto se oiga
en Judá, diciendo:
5:21 Oíd ahora esto, pueblo necio y sin corazón, que
tiene ojos y no ve, que tiene oídos y no oye: 
5:22 ¿A mí no me temeréis? dice Jehová.
¿No os amedrentaréis ante mí, que puse arena
por término al mar, por ordenación eterna la cual
no quebrantará? Se levantarán tempestades, mas no
prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán.
5:23 No obstante, este pueblo tiene corazón falso y rebelde;
se apartaron y se fueron.
5:24 Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová
Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo,
y nos guarda los tiempos establecidos de la siega.
5:25 Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas, y vuestros
pecados apartaron de vosotros el bien.
5:26 Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban
como quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres.
5:27 Como jaula llena de pájaros, así están
sus casas llenas de engaño; así se hicieron grandes
y ricos.
5:28 Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos
del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con
todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no
juzgaron.
5:29 ¿No castigaré esto? dice Jehová; ¿y
de tal gente no se vengará mi alma?
5:30 Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra;
5:31 los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían
por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué,
pues, haréis cuando llegue el fin?
Capítulo 6
El juicio contra Jerusalén y Judá
6:1 Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén,
y tocad bocina en Tecoa, y alzad por señal humo sobre Bet-haquerem;
porque del norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande.
6:2 Destruiré a la bella y delicada hija de Sion.
6:3 Contra ella vendrán pastores y sus rebaños; junto
a ella plantarán sus tiendas alrededor; cada uno apacentará
en su lugar.
6:4 Anunciad guerra contra ella; levantaos y asaltémosla
a mediodía. ¡Ay de nosotros! que va cayendo ya el día,
que las sombras de la tarde se han extendido.
6:5 Levantaos y asaltemos de noche, y destruyamos sus palacios.
6:6 Porque así dijo Jehová de los ejércitos:
Cortad árboles, y levantad vallado contra Jerusalén;
esta es la ciudad que ha de ser castigada; toda ella está
llena de violencia.
6:7 Como la fuente nunca cesa de manar sus aguas, así ella
nunca cesa de manar su maldad; injusticia y robo se oyen en ella;
continuamente en mi presencia, enfermedad y herida.
6:8 Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi
alma de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra inhabitada.
6:9 Así dijo Jehová de los ejércitos: Del todo
rebuscarán como a vid el resto de Israel; vuelve tu mano
como vendimiador entre los sarmientos.
6:10 ¿A quién hablaré y amonestaré,
para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos,
y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová
les es cosa vergonzosa, no la aman.
6:11 Por tanto, estoy lleno de la ira de Jehová, estoy cansado
de contenerme; la derramaré sobre los niños en la
calle, y sobre la reunión de los jóvenes igualmente;
porque será preso tanto el marido como la mujer, tanto el
viejo como el muy anciano.
6:12 Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades
y también sus mujeres; porque extenderé mi mano sobre
los moradores de la tierra, dice Jehová.
6:13 Porque desde el más chico de ellos hasta el más
grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el
sacerdote, todos son engañadores.
6:14 Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz,
paz; y no hay paz.
6:15 ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación?
Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza;
por tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue
caerán, dice Jehová.
6:16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad,
y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino,
y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra
alma.
Mas dijeron: No andaremos.
6:17 Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad
al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos.
6:18 Por tanto, oíd, naciones, y entended, oh congregación,
lo que sucederá.
6:19 Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo,
el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras,
y aborrecieron mi ley.
6:20 ¿Para qué a mí este incienso de Sabá,
y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos
no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan.
6:21 Por tanto, Jehová dice esto: He aquí yo pongo
a este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los
hijos juntamente; el vecino y su compañero perecerán.
6:22 Así ha dicho Jehová: He aquí que viene
pueblo de la tierra del norte, y una nación grande se levantará
de los confines de la tierra.
6:23 Arco y jabalina empuñarán; crueles son, y no
tendrán misericordia; su estruendo brama como el mar, y montarán
a caballo como hombres dispuestos para la guerra, contra ti, oh
hija de Sion.
6:24 Su fama oímos, y nuestras manos se descoyuntaron; se
apoderó de nosotros angustia, dolor como de mujer que está
de parto.
6:25 No salgas al campo, ni andes por el camino; porque espada de
enemigo y temor hay por todas partes.
6:26 Hija de mi pueblo, cíñete de cilicio, y revuélcate
en ceniza; ponte luto como por hijo único, llanto de amarguras;
porque pronto vendrá sobre nosotros el destruidor.
6:27 Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre; conocerás,
pues, y examinarás el camino de ellos.
6:28 Todos ellos son rebeldes, porfiados, andan chismeando; son
bronce y hierro; todos ellos son corruptores.
6:29 Se quemó el fuelle, por el fuego se ha consumido el
plomo; en vano fundió el fundidor, pues la escoria no se
ha arrancado.
6:30 Plata desechada los llamarán, porque Jehová los
desechó.
Capítulo 7
Mejorad vuestros caminos y vuestras obras
7:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
7:2 Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí
esta palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá,
los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová.
7:3 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios
de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré
morar en este lugar.
7:4 No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de
Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová
es este.
7:5 Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras
obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo,
7:6 y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda,
ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis
en pos de dioses ajenos para mal vuestro,
7:7 os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros
padres para siempre.
7:8 He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira,
que no aprovechan.
7:9 Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando
a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis,
7:10 ¿vendréis y os pondréis delante de mí
en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis:
Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?
7:11 ¿Es cueva de ladrones 
delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi
nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.
7:12 Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre
al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.
7:13 Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas
estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde
temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no
respondisteis;
7:14 haré también a esta casa sobre la cual es invocado
mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que
di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo. 
7:15 Os echaré de mi presencia, como eché a todos
vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.
7:16 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos
clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.
7:17 ¿No ves lo que éstos hacen en las ciudades de
Judá y en las calles de Jerusalén?
7:18 Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego,
y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo
y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.
7:19 ¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová.
¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión?
7:20 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre
este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles
del campo y sobre los frutos de la tierra; se encenderán,
y no se apagarán.
Castigo de la rebelión de Judá
7:21 Así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros
sacrificios, y comed la carne.
7:22 Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les
mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día
que los saqué de la tierra de Egipto.
7:23 Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré
a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y
andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.
7:24 Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron
en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado,
y fueron hacia atrás y no hacia adelante,
7:25 desde el día que vuestros padres salieron de la tierra
de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis
siervos, enviándolos desde temprano y sin cesar;
7:26 pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que
endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.
7:27 Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero
no te oirán; los llamarás, y no te responderán.
7:28 Les dirás, por tanto: Esta es la nación que
no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió
corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos
fue cortada.
7:29 Corta tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre
las alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación
objeto de su ira.
7:30 Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis
ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa
sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola.
7:31 Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está
en el valle del hijo de Hinom,
para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas,
cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.
7:32 Por tanto, he aquí vendrán días, ha
dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle
del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados
en Tofet, por no haber lugar.
7:33 Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida
de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá
quien las espante.
7:34 Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de
las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría,
la voz del esposo y la voz de la esposa; 
porque la tierra será desolada.
Capítulo 8
8:1 En aquel tiempo, dice Jehová, sacarán los huesos
de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes,
y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y
los huesos de los moradores de Jerusalén, fuera de sus sepulcros;
8:2 y los esparcirán al sol y a la luna y a todo el ejército
del cielo, a quienes amaron y a quienes sirvieron, en pos de quienes
anduvieron, a quienes preguntaron, y ante quienes se postraron.
No serán recogidos ni enterrados; serán como estiércol
sobre la faz de la tierra.
8:3 Y escogerá la muerte antes que la vida todo el resto
que quede de esta mala generación, en todos los lugares adonde
arroje yo a los que queden, dice Jehová de los ejércitos.
8:4 Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová:
El que cae, ¿no se levanta? El que se desvía, ¿no
vuelve al camino?
8:5 ¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde
con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han
querido volverse.
8:6 Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre
que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho?
Cada cual se volvió a su propia carrera, como caballo que
arremete con ímpetu a la batalla.
8:7 Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la
tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de
su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.
8:8 ¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la
ley de Jehová está con nosotros? Ciertamente la ha
cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas.
8:9 Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados;
he aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y
qué sabiduría tienen?
8:10 Por tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a
quienes los conquisten; porque desde el más pequeño
hasta el más grande cada uno sigue la avaricia; desde el
profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño.
8:11 Y curaron la herida de la hija de mi pueblo con liviandad,
diciendo: Paz, paz; y no hay paz.
8:12 ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación?
Ciertamente no se han avergonzado en lo más mínimo,
ni supieron avergonzarse; caerán, por tanto, entre los que
caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová.
8:13 Los cortaré del todo, dice Jehová. No quedarán
uvas en la vid, ni higos en la higuera, y se caerá la hoja;
y lo que les he dado pasará de ellos.
8:14 ¿Por qué nos estamos sentados? Reuníos,
y entremos en las ciudades fortificadas, y perezcamos allí;
porque Jehová nuestro Dios nos ha destinado a perecer, y
nos ha dado a beber aguas de hiel, porque pecamos contra Jehová.
8:15 Esperamos paz, y no hubo bien; día de curación,
y he aquí turbación.
8:16 Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos; al sonido
de los relinchos de sus corceles tembló toda la tierra; y
vinieron y devoraron la tierra y su abundancia, a la ciudad y a
los moradores de ella.
8:17 Porque he aquí que yo envío sobre vosotros serpientes,
áspides contra los cuales no hay encantamiento, y os morderán,
dice Jehová.
Lamento sobre Judá y Jerusalén
8:18 A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece
en mí.
8:19 He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que
viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová
en Sion? ¿No está en ella su Rey? ¿Por qué
me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades
ajenas?
8:20 Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros
no hemos sido salvos.
8:21 Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi
pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado.
8:22 ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí
médico? ¿Por qué, pues, no hubo medicina
para la hija de mi pueblo?
Capítulo 9
9:1 ¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes
de lágrimas, para que llore día y noche los muertos
de la hija de mi pueblo!
9:2 ¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue
de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase!
Porque todos ellos son adúlteros, congregación de
prevaricadores.
9:3 Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se
fortalecieron para la verdad en la tierra; porque de mal en mal
procedieron, y me han desconocido, dice Jehová.
9:4 Guárdese cada uno de su compañero, y en ningún
hermano tenga confianza; porque todo hermano engaña con falacia,
y todo compañero anda calumniando.
9:5 Y cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla
verdad; acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de actuar
perversamente.
9:6 Su morada está en medio del engaño; por muy engañadores
no quisieron conocerme, dice Jehová.
9:7 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos:
He aquí que yo los refinaré y los probaré;
porque ¿qué más he de hacer por la hija de
mi pueblo?
9:8 Saeta afilada es la lengua de ellos; engaño habla; con
su boca dice paz a su amigo, y dentro de sí pone sus asechanzas.
9:9 ¿No los he de castigar por estas cosas? dice Jehová.
De tal nación, ¿no se vengará mi alma?
9:10 Por los montes levantaré lloro y lamentación,
y llanto por los pastizales del desierto; porque fueron desolados
hasta no quedar quien pase, ni oírse bramido de ganado; desde
las aves del cielo hasta las bestias de la tierra huyeron, y se
fueron.
9:11 Reduciré a Jerusalén a un montón de ruinas,
morada de chacales; y convertiré las ciudades de Judá
en desolación en que no quede morador.
Amenaza de ruina y exilio
9:12 ¿Quién es varón sabio que entienda
esto? ¿y a quién habló la boca de Jehová,
para que pueda declararlo? ¿Por qué causa la tierra
ha perecido, ha sido asolada como desierto, hasta no haber quien
pase?
9:13 Dijo Jehová: Porque dejaron mi ley, la cual di delante
de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella;
9:14 antes se fueron tras la imaginación de su corazón,
y en pos de los baales, según les enseñaron sus
padres.
9:15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: He aquí que a este pueblo yo les daré
a comer ajenjo, y les daré a beber aguas de hiel.
9:16 Y los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus
padres conocieron; y enviaré espada en pos de ellos, hasta
que los acabe.
9:17 Así dice Jehová de los ejércitos: Considerad,
y llamad plañideras que vengan; buscad a las hábiles
en su oficio;
9:18 y dense prisa, y levanten llanto por nosotros, y desháganse
nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se
destilen en aguas.
9:19 Porque de Sion fue oída voz de endecha: ¡Cómo
hemos sido destruidos! En gran manera hemos sido avergonzados,
porque abandonamos la tierra, porque han destruido nuestras moradas.
9:20 Oíd, pues, oh mujeres, palabra de Jehová, y
vuestro oído reciba la palabra de su boca: Enseñad
endechas a vuestras hijas, y lamentación cada una a su
amiga.
9:21 Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado
en nuestros palacios, para exterminar a los niños de las
calles, a los jóvenes de las plazas.
9:22 Habla: Así ha dicho Jehová: Los cuerpos de
los hombres muertos caerán como estiércol sobre
la faz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien
lo recoja.
El conocimiento de Dios es la gloria del hombre
9:23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su
sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente,
ni el rico se alabe en sus riquezas.
9:24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en
entenderme y conocerme,
que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia
en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
9:25 He aquí que vienen días, dice Jehová,
en que castigaré a todo circuncidado, y a todo incircunciso;
9:26 a Egipto y a Judá, a Edom y a los hijos de Amón
y de Moab, y a todos los arrinconados en el postrer rincón,
los que moran en el desierto; porque todas las naciones son incircuncisas,
y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.
Capítulo 10
Los falsos dioses y el Dios verdadero
10:1 Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros,
oh casa de Israel.
10:2 Así dijo Jehová: No aprendáis el camino
de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis
temor, aunque las naciones las teman.
10:3 Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño
del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril.
10:4 Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman
para que no se mueva.
10:5 Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados,
porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque
ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.
10:6 No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú,
y grande tu nombre en poderío.
10:7 ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones?
Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de
las naciones y en todos sus reinos, no hay semejante a ti.
10:8 Todos se infatuarán y entontecerán. Enseñanza
de vanidades es el leño.
10:9 Traerán plata batida de Tarsis y oro de Ufaz, obra del
artífice, y de manos del fundidor; los vestirán de
azul y de púrpura, obra de peritos es todo.
10:10 Mas Jehová es el Dios verdadero; él es Dios
vivo y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no
pueden sufrir su indignación.
10:11 Les diréis así: Los dioses que no hicieron los
cielos ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los
cielos.
10:12 El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el
mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría;
10:13 a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace
subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos
con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos.
10:14 Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza
de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de
fundición, y no hay espíritu en ella.
10:15 Vanidad son, obra vana; al tiempo de su castigo perecerán.
10:16 No es así la porción de Jacob; porque él
es el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová
de los ejércitos es su nombre.
Asolamiento de Judá
10:17 Recoge de las tierras tus mercaderías, la que moras
en lugar fortificado.
10:18 Porque así ha dicho Jehová: He aquí
que esta vez arrojaré con honda los moradores de la tierra,
y los afligiré, para que lo sientan.
10:19 ¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga
es muy dolorosa. Pero dije: Ciertamente enfermedad mía
es esta, y debo sufrirla.
10:20 Mi tienda está destruida, y todas mis cuerdas están
rotas; mis hijos me han abandonado y perecieron; no hay ya más
quien levante mi tienda, ni quien cuelgue mis cortinas.
10:21 Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron a Jehová;
por tanto, no prosperaron, y todo su ganado se esparció.
10:22 He aquí que voz de rumor viene, y alboroto grande
de la tierra del norte, para convertir en soledad todas las ciudades
de Judá, en morada de chacales.
10:23 Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor
de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.
10:24 Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con
tu furor, para que no me aniquiles.
10:25 Derrama tu enojo sobre los pueblos que no te conocen, y
sobre las naciones que no invocan tu nombre; porque se comieron
a Jacob, lo devoraron, le han consumido, y han asolado su morada.
Capítulo 11
El pacto violado
11:1 Palabra que vino de Jehová a Jeremías, diciendo:
11:2 Oíd las palabras de este pacto, y hablad a todo varón
de Judá, y a todo morador de Jerusalén.
11:3 Y les dirás tú: Así dijo Jehová
Dios de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las palabras
de este pacto,
11:4 el cual mandé a vuestros padres el día que los
saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles:
Oíd mi voz, y cumplid mis palabras, conforme a todo lo que
os mando; y me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros
por Dios;
11:5 para que confirme el juramento que hice a vuestros padres,
que les daría la tierra que fluye leche y miel, como en este
día. Y respondí y dije: Amén, oh Jehová.
11:6 Y Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las
ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo:
Oíd las palabras de este pacto, y ponedlas por obra.
11:7 Porque solemnemente protesté a vuestros padres el día
que les hice subir de la tierra de Egipto, amonestándoles
desde temprano y sin cesar hasta el día de hoy, diciendo:
Oíd mi voz.
11:8 Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron
cada uno tras la imaginación de su malvado corazón;
por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este
pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron.
11:9 Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado
entre los varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén.
11:10 Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales
no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos
para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron
mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres.
11:11 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí
yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán
a mí, y no los oiré.
11:12 E irán las ciudades de Judá y los moradores
de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman
ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo
de su mal.
11:13 Porque según el número de tus ciudades fueron
tus dioses, oh Judá; y según el número de tus
calles, oh Jerusalén, pusiste los altares de ignominia, altares
para ofrecer incienso a Baal.
11:14 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por
ellos clamor ni oración; porque yo no oiré en el día
que en su aflicción clamen a mí.
11:15 ¿Qué derecho tiene mi amada en mi casa, habiendo
hecho muchas abominaciones? ¿Crees que los sacrificios y
las carnes santificadas de las víctimas pueden evitarte el
castigo? ¿Puedes gloriarte de eso?
11:16 Olivo verde, hermoso en su fruto y en su parecer, llamó
Jehová tu nombre. A la voz de recio estrépito hizo
encender fuego sobre él, y quebraron sus ramas.
11:17 Porque Jehová de los ejércitos que te plantó
ha pronunciado mal contra ti, a causa de la maldad que la casa de
Israel y la casa de Judá han hecho, provocándome a
ira con incensar a Baal.
Complot contra Jeremías
11:18 Y Jehová me lo hizo saber, y lo conocí; entonces
me hiciste ver sus obras.
11:19 Y yo era como cordero inocente que llevan a degollar, pues
no entendía que maquinaban designios contra mí,
diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo
de la tierra de los vivientes, para que no haya más memoria
de su nombre.
11:20 Pero, oh Jehová de los ejércitos, que juzgas
con justicia, que escudriñas la mente y el corazón,
vea yo tu venganza de ellos; porque ante ti he expuesto mi causa.
11:21 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de los
varones de Anatot que buscan tu vida, diciendo: No profetices
en nombre de Jehová, para que no mueras a nuestras manos;
11:22 así, pues, ha dicho Jehová de los ejércitos:
He aquí que yo los castigaré; los jóvenes
morirán a espada, sus hijos y sus hijas morirán
de hambre,
11:23 y no quedará remanente de ellos, pues yo traeré
mal sobre los varones de Anatot, el año de su castigo.
Capítulo 12
Queja de Jeremías y respuesta de Dios
12:1 Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute
contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por
qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen
bien todos los que se portan deslealmente?
12:2 Los plantaste, y echaron raíces; crecieron y dieron
fruto; cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de
sus corazones.
12:3 Pero tú, oh Jehová, me conoces; me viste, y probaste
mi corazón para contigo; arrebátalos como a ovejas
para el degolladero, y señálalos para el día
de la matanza.
12:4 ¿Hasta cuándo estará desierta la tierra,
y marchita la hierba de todo el campo? Por la maldad de los que
en ella moran, faltaron los ganados y las aves; porque dijeron:
No verá Dios nuestro fin.
12:5 Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo
contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no
estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura
del Jordán?
12:6 Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se
levantaron contra ti, aun ellos dieron grito en pos de ti. No los
creas cuando bien te hablen.
12:7 He dejado mi casa, desamparé mi heredad, he entregado
lo que amaba mi alma en mano de sus enemigos.
12:8 Mi heredad fue para mí como león en la selva;
contra mí dio su rugido; por tanto, la aborrecí.
12:9 ¿Es mi heredad para mí como ave de rapiña
de muchos colores? ¿No están contra ella aves de rapiña
en derredor? Venid, reuníos, vosotras todas las fieras del
campo, venid a devorarla.
12:10 Muchos pastores han destruido mi viña, hollaron mi
heredad, convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa.
12:11 Fue puesta en asolamiento, y lloró sobre mí
desolada; fue asolada toda la tierra, porque no hubo hombre que
reflexionase.
12:12 Sobre todas las alturas del desierto vinieron destruidores;
porque la espada de Jehová devorará desde un extremo
de la tierra hasta el otro; no habrá paz para ninguna carne.
12:13 Sembraron trigo, y segaron espinos; tuvieron la heredad, mas
no aprovecharon nada; se avergonzarán de sus frutos, a causa
de la ardiente ira de Jehová.
12:14 Así dijo Jehová contra todos mis malos vecinos,
que tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel: He aquí
que yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de
en medio de ellos a la casa de Judá.
12:15 Y después que los haya arrancado, volveré y
tendré misericordia de ellos, y los haré volver cada
uno a su heredad y cada cual a su tierra.
12:16 Y si cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo,
para jurar en mi nombre, diciendo: Vive Jehová, así
como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, ellos serán
prosperados en medio de mi pueblo.
12:17 Mas si no oyeren, arrancaré esa nación, sacándola
de raíz y destruyéndola, dice Jehová.
Capítulo 13
La señal del cinto podrido
13:1 Así me dijo Jehová: Ve y cómprate un cinto
de lino, y cíñelo sobre tus lomos, y no lo metas en
agua.
13:2 Y compré el cinto conforme a la palabra de Jehová,
y lo puse sobre mis lomos.
13:3 Vino a mí segunda vez palabra de Jehová, diciendo:
13:4 Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos,
y levántate y vete al Eufrates, y escóndelo allá
en la hendidura de una peña.
13:5 Fui, pues, y lo escondí junto al Eufrates, como Jehová
me mandó.
13:6 Y sucedió que después de muchos días me
dijo Jehová: Levántate y vete al Eufrates, y toma
de allí el cinto que te mandé esconder allá.
13:7 Entonces fui al Eufrates, y cavé, y tomé el cinto
del lugar donde lo había escondido; y he aquí que
el cinto se había podrido; para ninguna cosa era bueno.
13:8 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
13:9 Así ha dicho Jehová: Así haré podrir
la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén.
13:10 Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que
anda en las imaginaciones de su corazón, y que va en pos
de dioses ajenos para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá
a ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno.
13:11 Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así
hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de
Judá, dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y
por fama, por alabanza y por honra; pero no escucharon.
La señal de las tinajas llenas
13:12 Les dirás, pues, esta palabra: Así ha dicho
Jehová, Dios de Israel: Toda tinaja se llenará de
vino. Y ellos te dirán: ¿No sabemos que toda tinaja
se llenará de vino?
13:13 Entonces les dirás: Así ha dicho Jehová:
He aquí que yo lleno de embriaguez a todos los moradores
de esta tierra, y a los reyes de la estirpe de David que se sientan
sobre su trono, a los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores
de Jerusalén;
13:14 y los quebrantaré el uno contra el otro, los padres
con los hijos igualmente, dice Jehová; no perdonaré,
ni tendré piedad ni misericordia, para no destruirlos.
Judá será llevada en cautiverio
13:15 Escuchad y oíd; no os envanezcáis, pues Jehová
ha hablado.
13:16 Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga
venir tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes
de oscuridad, y esperéis luz, y os la vuelva en sombra
de muerte y tinieblas.
13:17 Mas si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma
a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente se desharán
mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová
fue hecho cautivo.
13:18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra; porque
la corona de vuestra gloria ha caído de vuestras cabezas.
13:19 Las ciudades del Neguev fueron cerradas, y no hubo quien
las abriese; toda Judá fue transportada, llevada en cautiverio
fue toda ella.
13:20 Alzad vuestros ojos, y ved a los que vienen del norte. ¿Dónde
está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey?
13:21 ¿Qué dirás cuando él ponga como
cabeza sobre ti a aquellos a quienes tú enseñaste
a ser tus amigos? ¿No te darán dolores como de mujer
que está de parto?
13:22 Si dijeres en tu corazón: ¿Por qué
me ha sobrevenido esto? Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas
tus faldas, fueron desnudados tus calcañares.
13:23 ¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo
sus manchas? Así también, ¿podréis
vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?
13:24 Por tanto, yo los esparciré al viento del desierto,
como tamo que pasa.
13:25 Esta es tu suerte, la porción que yo he medido para
ti, dice Jehová, porque te olvidaste de mí y confiaste
en la mentira.
13:26 Yo, pues, descubriré también tus faldas delante
de tu rostro, y se manifestará tu ignominia,
13:27 tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación
sobre los collados; en el campo vi tus abominaciones. ¡Ay
de ti, Jerusalén! ¿No serás al fin limpia?
¿Cuánto tardarás tú en purificarte?
Capítulo 14
Mensaje con motivo de la sequía
14:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con motivo
de la sequía.
14:2 Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron;
se sentaron tristes en tierra, y subió el clamor de Jerusalén.
14:3 Los nobles enviaron sus criados al agua; vinieron a las lagunas,
y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías; se
avergonzaron, se confundieron, y cubrieron sus cabezas.
14:4 Porque se resquebrajó la tierra por no haber llovido
en el país, están confusos los labradores, cubrieron
sus cabezas.
14:5 Aun las ciervas en los campos parían y dejaban la cría,
porque no había hierba.
14:6 Y los asnos monteses se ponían en las alturas, aspiraban
el viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no había
hierba.
14:7 Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh
Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras
rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado.
14:8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción,
¿por qué te has hecho como forastero en la tierra,
y como caminante que se retira para pasar la noche?
14:9 ¿Por qué eres como hombre atónito, y como
valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás
entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu
nombre; no nos desampares.
14:10 Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se
deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová
no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y
castigará sus pecados.
14:11 Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien.
14:12 Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan
holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré
con espada, con hambre y con pestilencia.
14:13 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová!
He aquí que los profetas les dicen: No veréis espada,
ni habrá hambre entre vosotros, sino que en este lugar os
daré paz verdadera.
14:14 Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los
profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé,
ni les hablé; visión mentirosa, adivinación,
vanidad y engaño de su corazón os profetizan.
14:15 Por tanto, así ha dicho Jehová sobre los profetas
que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que
dicen: Ni espada ni hambre habrá en esta tierra; con espada
y con hambre serán consumidos esos profetas.
14:16 Y el pueblo a quien profetizan será echado en las calles
de Jerusalén por hambre y por espada, y no habrá quien
los entierre a ellos, a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas;
y sobre ellos derramaré su maldad.
14:17 Les dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas
noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es
quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy dolorosa.
14:18 Si salgo al campo, he aquí muertos a espada; y si entro
en la ciudad, he aquí enfermos de hambre; porque tanto el
profeta como el sacerdote anduvieron vagando en la tierra, y no
entendieron.
14:19 ¿Has desechado enteramente a Judá? ¿Ha
aborrecido tu alma a Sion? ¿Por qué nos hiciste herir
sin que haya remedio? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de curación,
y he aquí turbación.
14:20 Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad
de nuestros padres; porque contra ti hemos pecado.
14:21 Por amor de tu nombre no nos deseches, ni deshonres tu glorioso
trono; acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros.
14:22 ¿Hay entre los ídolos de las naciones quien
haga llover? ¿y darán los cielos lluvias? ¿No
eres tú, Jehová, nuestro Dios? En ti, pues, esperamos,
pues tú hiciste todas estas cosas.
Capítulo 15
La implacable ira de Dios contra Judá
15:1 Me dijo Jehová: Si Moisés
y Samuel
se pusieran delante de mí, no estaría mi voluntad
con este pueblo; échalos de mi presencia, y salgan.
15:2 Y si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les
dirás: Así ha dicho Jehová: El que a muerte,
a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre, a hambre;
y el que a cautiverio, a cautiverio.
15:3 Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo,
dice Jehová: espada para matar, y perros para despedazar,
y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir.
15:4 Y los entregaré para terror a todos los reinos de la
tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de
Judá, por lo que hizo en Jerusalén.
15:5 Porque ¿quién tendrá compasión
de ti, oh Jerusalén? ¿Quién se entristecerá
por tu causa, o quién vendrá a preguntar por tu paz?
15:6 Tú me dejaste, dice Jehová; te volviste atrás;
por tanto, yo extenderé sobre ti mi mano y te destruiré;
estoy cansado de arrepentirme.
15:7 Aunque los aventé con aventador hasta las puertas de
la tierra, y dejé sin hijos a mi pueblo y lo desbaraté,
no se volvieron de sus caminos.
15:8 Sus viudas se me multiplicaron más que la arena del
mar; traje contra ellos destruidor a mediodía sobre la madre
y sobre los hijos; hice que de repente cayesen terrores sobre la
ciudad.
15:9 Languideció la que dio a luz siete; se llenó
de dolor su alma, su sol se puso siendo aún de día;
fue avergonzada y llena de confusión; y lo que de ella quede,
lo entregaré a la espada delante de sus enemigos, dice Jehová.
15:10 ¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste
hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca
he dado ni tomado en préstamo, y todos me maldicen.
15:11 ¡Sea así, oh Jehová, si no te he rogado
por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en
tiempo de aflicción y en época de angustia!
15:12 ¿Puede alguno quebrar el hierro, el hierro del norte
y el bronce?
15:13 Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña
sin ningún precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio.
15:14 Y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conoces;
porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre
vosotros.
Jehová reanima a Jeremías
15:15 Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate
de mí, y visítame, y véngame de mis enemigos.
No me reproches en la prolongación de tu enojo; sabes que
por amor de ti sufro afrenta.
15:16 Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu
palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón;
porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová
Dios de los ejércitos.
15:17 No me senté en compañía de burladores,
ni me engreí a causa de tu profecía; me senté
solo, porque me llenaste de indignación.
15:18 ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida
desahuciada no admitió curación? ¿Serás
para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?
15:19 Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres,
yo te restauraré, y delante de mí estarás;
y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi
boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas
a ellos.
15:20 Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de
bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán;
porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice
Jehová.
15:21 Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré
de la mano de los fuertes.
Capítulo 16
Juicio de Jehová contra Judá
16:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
16:2 No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni
hijas en este lugar.
16:3 Porque así ha dicho Jehová acerca de los hijos
y de las hijas que nazcan en este lugar, de sus madres que los den
a luz y de los padres que los engendren en esta tierra:
16:4 De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos
ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de
la tierra; con espada y con hambre serán consumidos, y sus
cuerpos servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias
de la tierra.
16:5 Porque así ha dicho Jehová: No entres en casa
de luto, ni vayas a lamentar, ni los consueles; porque yo he quitado
mi paz de este pueblo, dice Jehová, mi misericordia y mis
piedades.
16:6 Morirán en esta tierra grandes y pequeños; no
se enterrarán, ni los plañirán, ni se rasgarán
ni se raerán los cabellos por ellos;
16:7 ni partirán pan por ellos en el luto para consolarlos
de sus muertos; ni les darán a beber vaso de consolaciones
por su padre o por su madre.
16:8 Asimismo no entres en casa de banquete, para sentarte con ellos
a comer o a beber.
16:9 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: He aquí que yo haré cesar en este
lugar, delante de vuestros ojos y en vuestros días, toda
voz de gozo y toda voz de alegría, y toda voz de esposo y
toda voz de esposa.  
16:10 Y acontecerá que cuando anuncies a este pueblo todas
estas cosas, te dirán ellos: ¿Por qué anuncia
Jehová contra nosotros todo este mal tan grande? ¿Qué
maldad es la nuestra, o qué pecado es el nuestro, que hemos
cometido contra Jehová nuestro Dios?
16:11 Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron,
dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los
sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y
no guardaron mi ley;
16:12 y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque
he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación
de su malvado corazón, no oyéndome a mí.
16:13 Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra a una tierra
que ni vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y allá
serviréis a dioses ajenos de día y de noche; porque
no os mostraré clemencia.
16:14 No obstante, he aquí vienen días, dice Jehová,
en que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo
subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto;
16:15 sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel
de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había
arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres.
16:16 He aquí que yo envío muchos pescadores, dice
Jehová, y los pescarán, y después enviaré
muchos cazadores, y los cazarán por todo monte y por todo
collado, y por las cavernas de los peñascos.
16:17 Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los
cuales no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia
de mis ojos.
16:18 Pero primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado;
porque contaminaron mi tierra con los cadáveres de sus ídolos,
y de sus abominaciones llenaron mi heredad.
16:19 Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía,
y refugio mío en el tiempo de la aflicción, a ti vendrán
naciones desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente
mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho.
16:20 ¿Hará acaso el hombre dioses para sí?
Mas ellos no son dioses.
16:21 Por tanto, he aquí les enseñaré esta
vez, les haré conocer mi mano y mi poder, y sabrán
que mi nombre es Jehová.
Capítulo 17
El pecado escrito en el corazón de
Judá
17:1 El pecado de Judá escrito está con cincel de
hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla
de su corazón, y en los cuernos de sus altares,
17:2 mientras sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus imágenes
de Asera, que están junto a los árboles frondosos
y en los collados altos,
17:3 sobre las montañas y sobre el campo. Todos tus tesoros
entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en
todo tu territorio.
17:4 Y perderás la heredad que yo te di, y te haré
servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis
encendido en mi furor, que para siempre arderá.
17:5 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón
que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su
corazón se aparta de Jehová.
17:6 Será como la retama en el desierto, y no verá
cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en
el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
17:7 Bendito el varón que confía en Jehová,
y cuya confianza es Jehová.
17:8 Porque será como el árbol plantado junto a las
aguas,
que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá
cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en
el año de sequía no se fatigará, ni dejará
de dar fruto.
17:9 Engañoso es el corazón más que todas las
cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
17:10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo
el corazón,
para dar a cada uno según su camino,
según el fruto de sus obras.
17:11 Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que injustamente
amontona riquezas; en la mitad de sus días las dejará,
y en su postrimería será insensato.
17:12 Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de
nuestro santuario.
17:13 ¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que
te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de mí
serán escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová,
manantial de aguas vivas.
17:14 Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame,
y seré salvo; porque tú eres mi alabanza.
17:15 He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está
la palabra de Jehová? ¡Que se cumpla ahora!
17:16 Mas yo no he ido en pos de ti para incitarte a su castigo,
ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo
que de mi boca ha salido, fue en tu presencia.
17:17 No me seas tú por espanto, pues mi refugio eres tú
en el día malo.
17:18 Avergüéncense los que me persiguen, y no me avergüence
yo; asómbrense ellos, y yo no me asombre; trae sobre ellos
día malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento.
Observancia del día de reposo
17:19 Así me ha dicho Jehová: Ve y ponte a la puerta
de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes
de Judá, y ponte en todas las puertas de Jerusalén,
17:20 y diles: Oíd la palabra de Jehová, reyes de
Judá, y todo Judá y todos los moradores de Jerusalén
que entráis por estas puertas.
17:21 Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestra
vida de llevar carga en el día de reposo, y de meterla
por las puertas de Jerusalén.
17:22 Ni saquéis carga de vuestras casas en el día
de reposo, ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el
día de reposo, como mandé a vuestros padres.
17:23 Pero ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino
endurecieron su cerviz para no oír, ni recibir corrección.
17:24 No obstante, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová,
no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día
de reposo, sino que santificareis el día de reposo, no
haciendo en él ningún trabajo,
17:25 entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros
y en caballos, los reyes y los príncipes que se sientan
sobre el trono de David, ellos y sus príncipes, los varones
de Judá y los moradores de Jerusalén; y esta ciudad
será habitada para siempre.
17:26 Y vendrán de las ciudades de Judá, de los
alrededores de Jerusalén, de tierra de Benjamín,
de la Sefela, de los montes y del Neguev, trayendo holocausto
y sacrificio, y ofrenda e incienso, y trayendo sacrificio de alabanza
a la casa de Jehová.
17:27 Pero si no me oyereis para santificar el día de reposo,
y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén
en día de reposo, yo haré descender fuego en sus
puertas, y consumirá los palacios de Jerusalén,
y no se apagará.
Capítulo 18
La señal del alfarero y el barro
18:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
18:2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí
te haré oír mis palabras.
18:3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que
él trabajaba sobre la rueda.
18:4 Y la vasija de barro que él hacía se echó
a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según
le pareció mejor hacerla.
18:5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
18:6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero,
oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el
barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano,
oh casa de Israel.
18:7 En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos,
para arrancar, y derribar, y destruir.
18:8 Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la
cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había
pensado hacerles,
18:9 y en un instante hablaré de la gente y del reino, para
edificar y para plantar.
18:10 Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi
voz, me arrepentiré del bien que había determinado
hacerle.
18:11 Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a
los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho
Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros,
y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada
uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras.
18:12 Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos
iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón.
18:13 Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora
a las naciones, quién ha oído cosa semejante. Gran
fealdad ha hecho la virgen de Israel.
18:14 ¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra
del campo? ¿Faltarán las aguas frías que corren
de lejanas tierras?
18:15 Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a lo que es vanidad,
y ha tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas, para que
camine por sendas y no por camino transitado,
18:16 para poner su tierra en desolación, objeto de burla
perpetua; todo aquel que pasare por ella se asombrará, y
meneará la cabeza.
18:17 Como viento solano los esparciré delante del enemigo;
les mostraré las espaldas y no el rostro, en el día
de su perdición.
Conspiración del pueblo y oración de Jeremías
18:18 Y dijeron: Venid y maquinemos contra Jeremías; porque
la ley no faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio,
ni la palabra al profeta. Venid e hirámoslo de lengua,
y no atendamos a ninguna de sus palabras.
18:19 Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los
que contienden conmigo.
18:20 ¿Se da mal por bien, para que hayan cavado hoyo a
mi alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar
bien por ellos, para apartar de ellos tu ira.
18:21 Por tanto, entrega sus hijos a hambre, dispérsalos
por medio de la espada, y queden sus mujeres sin hijos, y viudas;
y sus maridos sean puestos a muerte, y sus jóvenes heridos
a espada en la guerra.
18:22 Oigase clamor de sus casas, cuando traigas sobre ellos ejército
de repente; porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis pies han
escondido lazos.
18:23 Pero tú, oh Jehová, conoces todo su consejo
contra mí para muerte; no perdones su maldad, ni borres
su pecado de delante de tu rostro; y tropiecen delante de ti;
haz así con ellos en el tiempo de tu enojo.
Capítulo 19
La señal de la vasija rota
19:1 Así dijo Jehová: Ve y compra una vasija de barro
del alfarero, y lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los
ancianos de los sacerdotes;
19:2 y saldrás al valle del hijo de Hinom, 
que está a la entrada de la puerta oriental, y proclamarás
allí las palabras que yo te hablaré.
19:3 Dirás, pues: Oíd palabra de Jehová, oh
reyes de Judá, y moradores de Jerusalén. Así
dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí
que yo traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere,
le retiñan los oídos.
19:4 Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en
él incienso a dioses ajenos, los cuales no habían
conocido ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron
este lugar de sangre de inocentes.
19:5 Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a
sus hijos en holocaustos al mismo Baal;
cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.
19:6 Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová,
que este lugar no se llamará más Tofet, ni valle del
hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza.
19:7 Y desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalén
en este lugar, y les haré caer a espada delante de sus enemigos,
y en las manos de los que buscan sus vidas; y daré sus cuerpos
para comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
19:8 Pondré a esta ciudad por espanto y burla; todo aquel
que pasare por ella se asombrará, y se burlará sobre
toda su destrucción.
19:9 Y les haré comer la carne de sus hijos y la carne de
sus hijas, y cada uno comerá la carne de su amigo, en el
asedio y en el apuro con que los estrecharán sus enemigos
y los que buscan sus vidas.
19:10 Entonces quebrarás la vasija ante los ojos de los varones
que van contigo,
19:11 y les dirás: Así ha dicho Jehová de los
ejércitos: Así quebrantaré a este pueblo y
a esta ciudad, como quien quiebra una vasija de barro, que no se
puede restaurar más; y en Tofet se enterrarán, porque
no habrá otro lugar para enterrar.
19:12 Así haré a este lugar, dice Jehová, y
a sus moradores, poniendo esta ciudad como Tofet.
19:13 Las casas de Jerusalén, y las casas de los reyes de
Judá, serán como el lugar de Tofet, inmundas, por
todas las casas sobre cuyos tejados ofrecieron incienso a todo el
ejército del cielo, y vertieron libaciones a dioses ajenos.
19:14 Y volvió Jeremías de Tofet, adonde le envió
Jehová a profetizar, y se paró en el atrio de la casa
de Jehová y dijo a todo el pueblo:
19:15 Así ha dicho Jehová de los ejé |