Los Hechos de los Apóstoles
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Durante los tres
años de la vida pública, Jesús puso las bases de su Iglesia: reunió
a sus primeros discípulos y los asoció a su misión. (Mc 3,13-16).
Hizo de Pedro el responsable de la comunión (16,18) y el guardián
de la Fe (Lc 22,31) en este nuevo pueblo de Dios. Hizo de los
Doce y de los discípulos un pueblo de testigos (Jn 15,16) y les
prometió el don del Espíritu que debía hacerles descubrir la plenitud
de la luz que había venido a traer a la tierra (Jn 16,13).
En esta hazaña apostólica se van a destacar dos grandes figuras:
Pedro y Pablo. Uno se dedicará más a la evangelización de los
Judíos, el otro será puesto aparte para anunciar la buena nueva
de la salvación a los paganos (Gal 2,7- 8).
El autor del tercer evangelio, Lucas, va a dar testimonio de ese
nacimiento de la Iglesia en un libro llamado Los Hechos de los
Apóstoles o probablemente en su origen Hechos de apóstoles. Si
hubo para esta obra, como para los evangelios, relatos más antiguos
que Lucas utilizó para redactar su texto, la armonización de esos
diversos documentos fue hecha de manera tan notable que hoy es
muy difícil distinguirlos.
Con todo, este testimonio sobre el nacimiento de la Iglesia nos
ha llegado bajo dos formas diferentes: el texto «corriente» representado
por la mayoría de los manuscritos antiguos de origen sirio y egipcio,
y el texto llamado «occidental» más largo y más marcado por las
querellas que oponían a los judíos y a los primeros cristianos.
El libro de los Hechos no se desarrolla, parece, según un plan
riguroso. Se pueden, sin embargo, distinguir algunas grandes divisiones
de la obra, que hacen resaltar el proyecto de Lucas. Sin referirse
exclusivamente a Pedro y a Pablo, Lucas les ha asignado la mejor
parte. A pesar de numerosas excepciones, la figura de Pedro domina
los doce primeros capítulos y la de Pablo, la segunda parte de
la obra.
En el plano geográfico se puede advertir que los Hechos de los
Apóstoles nos conducen desde Jerusalén, pasando por Judea y Samaría,
hasta Roma, siguiendo en esto la misión que Jesús les fijó a sus
apóstoles el día de su ascensión (Hech 1,8). En los siete primeros
capítulos estamos en Jerusalén, luego en los capítulos ocho y
siguiente vemos- siempre dando lugar a las excepciones - a la
Iglesia que se desarrolla en Judea, en Samaría y en la llanura
costera; y a partir del capítulo 13, nos trasladamos con Pablo
a Asia Menor y a Grecia para encontrarnos, en el capítulo 28,
en Roma, en el palacio del emperador, es decir, en el corazón
mismo del mundo pagano. Allí se detiene bruscamente el libro de
los Hechos como si Lucas, cual si fuera un corredor encargado
de acompañar la irradiación de la buena nueva de Salvación desde
Jerusalén a los confines de la tierra, hubiese alcanzado su objetivo
y cumplido así su contrato. Basta esto para recordarnos, si es
necesario, que ni los Hechos , como tampoco los Evangelios, se
presentan como una biografía de Pedro o de Pablo o como una historia
detallada de la Iglesia primitiva,sino como un testimonio de la
obra del Espíritu Santo.
En efecto, el Espíritu Santo es
el verdadero «Hechor» del nacimiento de la Iglesia, por lo cual,
muchos comentaristas, desde los primeros siglos cristianos, no
han vacilado en llamar a este libro como «El Evangelio del Espíritu
Santo». Se podría retomar aquí, modificándola, la palabra de Juan:
«El Espíritu llevó a cabo muchos otros signos que no han sido
mencionados en este libro, pero, estos han sido puestos por escrito
para que ustedes crean que el Espíritu está actuando en la Iglesia
de Jesucristo».
Otros rasgos importantes aparecen además en este libro de los
Hechos. Para empezar, la Iglesia está enraizada en la experiencia
y en la tradición de la fe de Israel. Aquí se manifiesta la misma
convicción que ya encontramos en los Evangelios: «Jesús cumplió
las Escrituras», es decir, que El llevó a su plenitud y transfiguró
en su propia persona, todas las realidades del Antiguo Testamento:
la realeza de David, la predicación de los profetas, el Templo,
el maná, el cordero, etc...
En Los Hechos de los Apóstoles, Lucas se dedica, a través de las
diversas predicaciones de Pedro, y de Pablo en particular, a señalar
cómo el misterio de Cristo y de la Iglesia fueron anunciados y
preparados en el Antiguo Testamento, pero también e inseparablemente,
cómo este doble misterio da todo su sentido a la historia de Israel.
En esta perspectiva, Lucas destaca expresamente los paralelos
entre Jesús y su Iglesia, pero también entre el pueblo del Antiguo
Testamento y la Iglesia; a manera de ejemplo citemos los paralelos
entre la muerte de Esteban y la de Jesús, la subida de Pablo a
Jerusalén y la de Jesús, o también la oposición entre la torre
e Babel y Pentecostés.
Siempre en el mismo sentido, Jerusalén aparece a cada momento
bajo la pluma de Lucas (58 veces). Así como lo hace en su Evangelio,
en donde la ciudad santa, a diferencia de los otros evangelistas,
es nombrada 30 veces, Lucas nos muestra a Jerusalén como el lugar
donde se cumplió la salvación y de donde debe partir el anuncio
de la buena nueva a todas las naciones.
Capítulo 1
La promesa del Espíritu Santo
1:1 En el primer tratado, oh Teófilo,
hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó
a hacer y a enseñar,
1:2 hasta el día en que fue recibido arriba, después
de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los
apóstoles que había escogido;
1:3 a quienes también, después de haber padecido,
se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles
durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino
de Dios.
1:4 Y estando juntos, les mandó que no
se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del
Padre,
la cual, les dijo, oísteis de mí.
1:5 Porque Juan ciertamente bautizó
con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu
Santo  
dentro de no muchos días.
La ascensión
1:6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron,
diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a
Israel en este tiempo?
1:7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber
los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;
1:8 pero recibiréis poder, cuando
haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis
testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta
lo último de la tierra. 
1:9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado,
y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.
1:10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto
que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos
dos varones con vestiduras blancas,
1:11 los cuales también les dijeron: Varones galileos,
¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo
Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así
vendrá como le habéis visto ir al cielo.
Elección del sucesor de Judas
1:12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que
se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén,
camino de un día de reposo.
1:13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro
y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé,
Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano
de Jacobo. 
1:14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración
y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús,
y con sus hermanos.
1:15 En aquellos días Pedro se levantó en medio
de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número),
y dijo:
1:16 Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura
en que el Espíritu Santo habló antes por boca de
David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron
a Jesús,
1:17 y era contado con nosotros, y tenía parte en este
ministerio.
1:18 Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió
un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad,
y todas sus entrañas se derramaron.
1:19 Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén,
de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama,
que quiere decir, Campo de sangre.
1:20 Porque está escrito en el libro de los Salmos:
Sea hecha desierta su habitación,
Y no haya quien more en ella;
y:
Tome otro su oficio.
1:21 Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos
con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba
y salía entre nosotros,
1:22 comenzando desde el bautismo de Juan 
hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba,
uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.
1:23 Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás,
que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías.
1:24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los
corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido,
1:25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de
que cayó Judas por transgresión, para irse a su
propio lugar.
1:26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías;
y fue contado con los once apóstoles.
Capítulo 2
La venida del Espíritu Santo
2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés,
estaban todos unánimes juntos.
2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio
que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
2:3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose
sobre cada uno de ellos.
2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron
a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba
que hablasen.
2:5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones
piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
2:6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban
confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
2:7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no
son galileos todos estos que hablan?
2:8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar
cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
2:9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia,
en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
2:10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa
más allá de Cirene, y romanos aquí residentes,
tanto judíos como prosélitos,
2:11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras
lenguas las maravillas de Dios.
2:12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose
unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
2:13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos
de mosto.
Primer discurso de Pedro
2:14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó
la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos
los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio,
y oíd mis palabras.
2:15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros
suponéis, puesto que es la hora tercera del día.
2:16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
2:17 Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;
2:18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis
siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
2:19 Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;
2:20 El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;
2:21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor,
será salvo.
2:22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús
nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las
maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros
por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado
conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos,
crucificándole;  
2:24 al cual Dios levantó, 
sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que
fuese retenido por ella.
2:25 Porque David dice de él:
Veía al Señor siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
2:26 Por lo cual mi corazón se alegró,
y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansará en esperanza;
2:27 Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
2:28 Me hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia.
2:29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca
David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está
con nosotros hasta el día de hoy.
2:30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le
había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne,
levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,
2:31 viéndolo antes, habló de la resurrección
de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne
vio corrupción.
2:32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos
nosotros somos testigos.
2:33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo
recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado
esto que vosotros veis y oís.
2:34 Porque David no subió a los cielos; pero él
mismo dice:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
2:35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus
pies.
2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel,
que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios
le ha hecho Señor y Cristo.
2:37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y
dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos,
¿qué haremos?
2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada
uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón
de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu
Santo.
2:39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos,
y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor
nuestro Dios llamare.
2:40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba,
diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
2:41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados;
y se añadieron aquel día como tres mil personas.
2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en
la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y
en las oraciones.
La vida de los primeros cristianos
2:43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y
señales eran hechas por los apóstoles.
2:44 Todos los que habían creído estaban juntos,
y tenían en común todas las cosas;
2:45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían
a todos según la necesidad de cada uno.  
2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo,
y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría
y sencillez de corazón,
2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el
Señor añadía cada día a la iglesia
los que habían de ser salvos.
Capítulo 3
Curación de un cojo
3:1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena,
la de la oración.
3:2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían
cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa,
para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3:3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo,
les rogaba que le diesen limosna.
3:4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.
3:5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos
algo.
3:6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te
doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
3:7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y
al momento se le afirmaron los pies y tobillos;
3:8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos
en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
3:9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.
3:10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna
a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto
por lo que le había sucedido.
Discurso de Pedro en el pórtico de Salomón
3:11 Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había
sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió
a ellos al pórtico que se llama de Salomón.
3:12 Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas,
¿por qué os maravilláis de esto? ¿o
por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por
nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?
3:13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros
padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros
entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste
había resuelto ponerle en libertad.
3:14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que
se os diese un homicida,  
3:15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado
de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
3:16 Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis
y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es
por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia
de todos vosotros.
3:17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis
hecho, como también vuestros gobernantes.
3:18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes
anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había
de padecer.
3:19 Así que, arrepentíos y convertíos, para
que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia
del Señor tiempos de refrigerio,
3:20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
3:21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta
los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que
habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido
desde tiempo antiguo.
3:22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro
Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como
a mí; a él oiréis en todas las cosas que
os hable;
3:23 y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada
del pueblo.
3:24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han
hablado, también han anunciado estos días.
3:25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que
Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente
serán benditas todas las familias de la tierra.
3:26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo,
lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad.
Capítulo 4
Pedro y Juan ante el concilio
4:1 Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes
con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos,
4:2 resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en
Jesús la resurrección de entre los muertos.
4:3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta
el día siguiente, porque era ya tarde.
4:4 Pero muchos de los que habían oído la palabra,
creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.
4:5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en
Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas,
4:6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro,
y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes;
4:7 y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con
qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho
vosotros esto?
4:8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes
del pueblo, y ancianos de Israel:
4:9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a
un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado,
4:10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel,
que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis
y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este
hombre está en vuestra presencia sano.
4:11 Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores,
la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.
4:12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay
otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser
salvos.
4:13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que
eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían
que habían estado con Jesús.
4:14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba
en pie con ellos, no podían decir nada en contra.
4:15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban
entre sí,
4:16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque
de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria
a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar.
4:17 Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo,
amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante
a hombre alguno en este nombre.
4:18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen
ni enseñasen en el nombre de Jesús.
4:19 Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si
es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;
4:20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
4:21 Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún
modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban
a Dios por lo que se había hecho,
4:22 ya que el hombre en quien se había hecho este milagro
de sanidad, tenía más de cuarenta años.
Los creyentes piden confianza y valor
4:23 Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo
lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían
dicho.
4:24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes
la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres
el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que
en ellos hay;
4:25 que por boca de David tu siervo dijiste:
¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
4:26 Se reunieron los reyes de la tierra,
Y los príncipes se juntaron en uno
Contra el Señor, y contra su Cristo.
4:27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu
santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes
y Poncio Pilato,  
con los gentiles y el pueblo de Israel,
4:28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes
determinado que sucediera.
4:29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus
siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,
4:30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y
señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo
Jesús.
4:31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados
tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo,
y hablaban con denuedo la palabra de Dios.
Todas las cosas en común
4:32 Y la multitud de los que habían creído era
de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo
propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas
las cosas en común.
4:33 Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de
la resurrección del Señor Jesús, y abundante
gracia era sobre todos ellos.
4:34 Así que no había entre ellos ningún
necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas,
las vendían, y traían el precio de lo vendido,
4:35 y lo ponían a los pies de los apóstoles; y
se repartía a cada uno según su necesidad.  
4:36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron
por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación),
levita, natural de Chipre,
4:37 como tenía una heredad, la vendió y trajo el
precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
Capítulo 5
Ananías y Safira
5:1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer,
vendió una heredad,
5:2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer;
y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
5:3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó
Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu
Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
5:4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida,
¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto
en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
5:5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró.
Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.
5:6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y
sacándolo, lo sepultaron.
5:7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró
su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
5:8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la
heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
5:9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar
al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta
los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán
a ti.
5:10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró;
y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron,
y la sepultaron junto a su marido.
5:11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los
que oyeron estas cosas.
Muchas señales y maravillas
5:12 Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas
señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes
en el pórtico de Salomón.
5:13 De los demás, ninguno se atrevía a juntarse
con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
5:14 Y los que creían en el Señor aumentaban más,
gran número así de hombres como de mujeres;
5:15 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían
en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra
cayese sobre alguno de ellos.
5:16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén,
trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos;
y todos eran sanados.
Pedro y Juan son perseguidos
5:17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los
que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos,
se llenaron de celos;
5:18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la
cárcel pública.
5:19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las
puertas de la cárcel y sacándolos, dijo:
5:20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas
las palabras de esta vida.
5:21 Habiendo oído esto, entraron de mañana en el
templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote
y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a
todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel
para que fuesen traídos.
5:22 Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la
cárcel; entonces volvieron y dieron aviso,
5:23 diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada
con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas;
mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.
5:24 Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe
de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban
en qué vendría a parar aquello.
5:25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí,
los varones que pusisteis en la cárcel están en
el templo, y enseñan al pueblo.
5:26 Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y
los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por
el pueblo.
5:27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el
sumo sacerdote les preguntó,
5:28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis
en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén
de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la
sangre de ese hombre.
5:29 Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario
obedecer a Dios antes que a los hombres.
5:30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús,
a quien vosotros matasteis colgándole en un madero.
5:31 A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe
y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón
de pecados.
5:32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también
el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
5:33 Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían
matarlos.
5:34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado
Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó
que sacasen fuera por un momento a los apóstoles,
5:35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que
vais a hacer respecto a estos hombres.
5:36 Porque antes de estos días se levantó Teudas,
diciendo que era alguien. A éste se unió un número
como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos
los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.
5:37 Después de éste, se levantó Judas el
galileo, en los días del censo, y llevó en pos de
sí a mucho pueblo. Pereció también él,
y todos los que le obedecían fueron dispersados.
5:38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque
si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá;
5:39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis
tal vez hallados luchando contra Dios.
5:40 Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles,
después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en
el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad.
5:41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de
haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del
Nombre.
5:42 Y todos los días, en el templo y por las casas, no
cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
Capítulo 6
Elección de siete diáconos
6:1 En aquellos días, como creciera el número de los
discípulos, hubo murmuración de los griegos contra
los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas
en la distribución diaria.
6:2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos,
y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios,
para servir a las mesas.
6:3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de
buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría,
a quienes encarguemos de este trabajo.
6:4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio
de la palabra.
6:5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a
Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a
Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas,
y a Nicolás prosélito de Antioquía;
6:6 a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes,
orando, les impusieron las manos.
6:7 Y crecía la palabra del Señor, y el número
de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén;
también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
Arresto de Esteban
6:8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes
prodigios y señales entre el pueblo.
6:9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los
libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia
y de Asia, disputando con Esteban.
6:10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al
Espíritu con que hablaba.
6:11 Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían
oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra
Dios.
6:12 Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas;
y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio.
6:13 Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre
no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y
contra la ley;
6:14 pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret
destruirá este lugar, y cambiará las costumbres
que nos dio Moisés.
6:15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al
fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de
un ángel.
Capítulo 7
Defensa y muerte de Esteban

7:1 El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así?
7:2 Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El
Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando
en Mesopotamia, antes que morase en Harán,
7:3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la
tierra que yo te mostraré.
7:4 Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó
en Harán;
y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta
tierra, en la cual vosotros habitáis ahora.
7:5 Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie;
pero le prometió que se la daría en posesión,
y a su descendencia después de él,   cuando
él aún no tenía hijo.
7:6 Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería
extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre
y los maltratarían, por cuatrocientos años.
7:7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la
cual serán siervos; y después de esto saldrán
y me servirán en este lugar.
7:8 Y le dio el pacto de la circuncisión;
y así Abraham engendró a Isaac,
y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob,
y Jacob a los doce patriarcas.
7:9 Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José
para Egipto; pero Dios estaba con él,
7:10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia
y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el
cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.
7:11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán,
y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos.
7:12 Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto,
envió a nuestros padres la primera vez.
7:13 Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos,
y fue manifestado a Faraón el linaje de José.
7:14 Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob,
y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas.
7:15 Así descendió Jacob a Egipto,
donde murió él,
y también nuestros padres;
7:16 los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro
que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor
en Siquem.  
7:17 Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios
había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó
en Egipto,
7:18 hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía
a José.
7:19 Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató
a nuestros padres,
a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que
no se propagasen.
7:20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable
a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre.
7:21 Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón
le recogió y le crió como a hijo suyo.
7:22 Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría
de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.
7:23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le
vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de
Israel.
7:24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e
hiriendo al egipcio, vengó al oprimido.
7:25 Pero él pensaba que sus hermanos comprendían
que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no
lo habían entendido así.
7:26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos
que reñían, y los ponía en paz, diciendo:
Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis
el uno al otro?
7:27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó,
diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez
sobre nosotros?
7:28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio?
7:29 Al oír esta palabra, Moisés huyó, y
vivió como extranjero en tierra de Madián,
donde engendró dos hijos.
7:30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció
en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de
una zarza.
7:31 Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la
visión; y acercándose para observar, vino a él
la voz del Señor:
7:32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios
de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se
atrevía a mirar.
7:33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies,
porque el lugar en que estás es tierra santa.
7:34 Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que
está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido
para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto.
7:35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo:
¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste
lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del
ángel que se le apareció en la zarza.
7:36 Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales
en tierra de Egipto,
y en el Mar Rojo,
y en el desierto por cuarenta años.
7:37 Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel:
Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre
vuestros hermanos, como a mí;
a él oiréis.
7:38 Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación
en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte
Sinaí,
y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que
darnos;
7:39 al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le
desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto,
7:40 cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante
de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó
de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.
7:41 Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al
ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron.
7:42 Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen
culto al ejército del cielo; como está escrito en
el libro de los profetas:
¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios
En el desierto por cuarenta años, casa de Israel?
7:43 Antes bien llevasteis el tabernáculo
de Moloc,
Y la estrella de vuestro dios Renfán,
Figuras que os hicisteis para adorarlas.
Os transportaré, pues, más allá de Babilonia.
7:44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio
en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a
Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había
visto.
7:45 El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron
con Josué
al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales
Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los
días de David.
7:46 Este halló gracia delante de Dios, y pidió
proveer tabernáculo para el Dios de Jacob.
7:47 Mas Salomón le edificó casa;
7:48 si bien el Altísimo no habita en templos hechos de
mano, como dice el profeta:
7:49 El cielo es mi trono,
Y la tierra el estrado de mis pies.
¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor;
¿O cuál es el lugar de mi reposo?
7:50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas?
7:51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón
y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu
Santo; como vuestros padres, así también vosotros.
7:52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros
padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del
Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores
y matadores;
7:53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de
ángeles, y no la guardasteis.
7:54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones,
y crujían los dientes contra él.
7:55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los
ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que
estaba a la diestra de Dios,
7:56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo
del Hombre que está a la diestra de Dios.
7:57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos,
y arremetieron a una contra él.
7:58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los
testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba
Saulo.
7:59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía:
Señor Jesús, recibe mi espíritu.
7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor,
no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
Capítulo 8
Saulo persigue a la iglesia
8:1 Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo
una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén;
y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria,
salvo los apóstoles.
8:2 Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron
gran llanto sobre él.
8:3 Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba
a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.
Predicación del evangelio en Samaria
8:4 Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando
el evangelio.
8:5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les
predicaba a Cristo.
8:6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas
que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que
hacía.
8:7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos,
salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos
y cojos eran sanados;
8:8 así que había gran gozo en aquella ciudad.
8:9 Pero había un hombre llamado Simón, que antes
ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado
a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún
grande.
8:10 A éste oían atentamente todos, desde el más
pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el
gran poder de Dios.
8:11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas
les había engañado mucho tiempo.
8:12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio
del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres
y mujeres.
8:13 También creyó Simón mismo, y habiéndose
bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales
y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
8:14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén
oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron
allá a Pedro y a Juan;
8:15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen
el Espíritu Santo;
8:16 porque aún no había descendido sobre ninguno
de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en
el nombre de Jesús.
8:17 Entonces les imponían las manos, y recibían
el Espíritu Santo.
8:18 Cuando vio Simón que por la imposición de las
manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo,
les ofreció dinero,
8:19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para
que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu
Santo.
8:20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque
has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
8:21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque
tu corazón no es recto delante de Dios.
8:22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios,
si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;
8:23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad
veo que estás.
8:24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros
por mí al Señor, para que nada de esto que habéis
dicho venga sobre mí.
8:25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios,
se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los
samaritanos anunciaron el evangelio.
Felipe y el etíope
8:26 Un ángel del Señor habló a Felipe,
diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que
desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
8:27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió
que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de
los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y
había venido a Jerusalén para adorar,
8:28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.
8:29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate
a ese carro.
8:30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta
Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?
8:31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no
me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara
con él.
8:32 El pasaje de la Escritura que leía era este:
Como oveja a la muerte fue llevado;
Y como cordero mudo delante del que lo trasquila,
Así no abrió su boca.
8:33 En su humillación no se le hizo justicia;
Mas su generación, ¿quién la contará?
Porque fue quitada de la tierra su vida.
8:34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas:
¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo,
o de algún otro?
8:35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta
escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
8:36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el
eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo
sea bautizado?
8:37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes.
Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
8:38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua,
Felipe y el eunuco, y le bautizó.
8:39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor
arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y
siguió gozoso su camino.
8:40 Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba
el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
Capítulo 9
Conversión de Saulo
(Hch. 22.6-16; 26.12-18)
9:1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos
del Señor, vino al sumo sacerdote,
9:2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin
de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los
trajese presos a Jerusalén.
9:3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca
de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz
del cielo;
9:4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía:
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
9:5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo:
Yo soy Jesús, a quien tú persigues;
dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
9:6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué
quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate
y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.
9:7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos,
oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.
9:8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos,
no veía a nadie; así que, llevándole por la
mano, le metieron en Damasco,
9:9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni
bebió.
9:10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado
Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías.
Y él respondió: Heme aquí, Señor.
9:11 Y el Señor le dijo: Levántate,
y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a
uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,
9:12 y ha visto en visión a un varón
llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para
que recobre la vista.
9:13 Entonces Ananías respondió: Señor, he
oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males
ha hecho a tus santos en Jerusalén;
9:14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes
para prender a todos los que invocan tu nombre.
9:15 El Señor le dijo: Ve, porque instrumento
escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de
los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;
9:16 porque yo le mostraré cuánto
le es necesario padecer por mi nombre.
9:17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo
sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor
Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías,
me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu
Santo.
9:18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió
al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.
9:19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo
Saulo por algunos días con los discípulos que estaban
en Damasco.
Saulo predica en Damasco
9:20 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo
que éste era el Hijo de Dios.
9:21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y
decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén
a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para
llevarlos presos ante los principales sacerdotes?
9:22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía
a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús
era el Cristo.
Saulo escapa de los judíos
9:23 Pasados muchos días, los judíos resolvieron
en consejo matarle;
9:24 pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos
guardaban las puertas de día y de noche para matarle.
9:25 Entonces los discípulos, tomándole de noche,
le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
Saulo en Jerusalén
9:26 Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse
con los discípulos; pero todos le tenían miedo,
no creyendo que fuese discípulo.
9:27 Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los
apóstoles, y les contó cómo Saulo había
visto en el camino al Señor, el cual le había hablado,
y cómo en Damasco había hablado valerosamente en
el nombre de Jesús.
9:28 Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía,
9:29 y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y
disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle.
9:30 Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea,
y le enviaron a Tarso.
9:31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea
y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor,
y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.
Curación de Eneas
9:32 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también
a los santos que habitaban en Lida.
9:33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que
hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico.
9:34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate,
y haz tu cama. Y en seguida se levantó.
9:35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón,
los cuales se convirtieron al Señor.
Dorcas es resucitada
9:36 Había entonces en Jope una discípula llamada
Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas
obras y en limosnas que hacía.
9:37 Y aconteció que en aquellos días enfermó
y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala.
9:38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos,
oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres,
a rogarle: No tardes en venir a nosotros.
9:39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando
llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las
viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos
que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.
9:40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró;
y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate.
Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó.
9:41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces,
llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.
9:42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.
9:43 Y aconteció que se quedó muchos días
en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor.
Capítulo 10
Pedro y Cornelio

10:1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión
de la compañía llamada la Italiana,
10:2 piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía
muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.
10:3 Este vio claramente en una visión, como a la hora
novena del día, que un ángel de Dios entraba donde
él estaba, y le decía: Cornelio.
10:4 El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué
es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han
subido para memoria delante de Dios.
10:5 Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón,
el que tiene por sobrenombre Pedro.
10:6 Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene
su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario
que hagas.
10:7 Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste
llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los
que le asistían;
10:8 a los cuales envió a Jope, después de haberles
contado todo.
10:9 Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino
y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para
orar, cerca de la hora sexta.
10:10 Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban
algo, le sobrevino un éxtasis;
10:11 y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante
a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a
la tierra;
10:12 en el cual había de todos los cuadrúpedos
terrestres y reptiles y aves del cielo.
10:13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
10:14 Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa
común o inmunda he comido jamás.
10:15 Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que
Dios limpió, no lo llames tú común.
10:16 Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a
ser recogido en el cielo.
10:17 Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre
lo que significaría la visión que había visto,
he aquí los hombres que habían sido enviados por
Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón,
llegaron a la puerta.
10:18 Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón
que tenía por sobrenombre Pedro.
10:19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el
Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.
10:20 Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con
ellos, porque yo los he enviado.
10:21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres
que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo
soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por
la que habéis venido?
10:22 Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón
justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda
la nación de los judíos, ha recibido instrucciones
de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír
tus palabras.
10:23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó.
Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos;
y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.
10:24 Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba
esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más
íntimos.
10:25 Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle,
y postrándose a sus pies, adoró.
10:26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate,
pues yo mismo también soy hombre.
10:27 Y hablando con él, entró, y halló a
muchos que se habían reunido.
10:28 Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable
es para un varón judío juntarse o acercarse a un
extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún
hombre llame común o inmundo;
10:29 por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así
que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho
venir?
10:30 Entonces Cornelio dijo: hace cuatro días que a esta
hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en
mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con
vestido resplandeciente,
10:31 y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída,
y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios.
10:32 Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el
que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón,
un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará.
10:33 Así que luego envié por ti; y tú has
hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí
en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha
mandado.
10:34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo
que Dios no hace acepción de personas,
10:35 sino que en toda nación se agrada del que le teme
y hace justicia.
10:36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando
el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es
Señor de todos.
10:37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda
Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que
predicó Juan:
10:38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo
y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste
anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el
diablo, porque Dios estaba con él.
10:39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús
hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron
colgándole en un madero.
10:40 A éste levantó Dios al tercer día,
e hizo que se manifestase;
10:41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había
ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él
después que resucitó de los muertos.
10:42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y
testificásemos que él es el que Dios ha puesto por
Juez de vivos y muertos.
10:43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos
los que en él creyeren, recibirán perdón
de pecados por su nombre.
10:44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu
Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.
10:45 Y los fieles de la circuncisión que habían
venido con Pedro se quedaron atónitos de que también
sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
10:46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban
a Dios.
10:47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno
impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido
el Espíritu Santo también como nosotros?
10:48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor
Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.
Capítulo 11
Informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén
11:1 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea,
que también los gentiles habían recibido la palabra
de Dios.
11:2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban
con él los que eran de la circuncisión,
11:3 diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres
incircuncisos, y has comido con ellos?
11:4 Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido,
diciendo:
11:5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis
una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía,
que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta
mí.
11:6 Cuando fijé en él los ojos, consideré
y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves
del cielo.
11:7 Y oí una voz que me decía: Levántate,
Pedro, mata y come.
11:8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común
o inmunda entró jamás en mi boca.
11:9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez:
Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
11:10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado
arriba al cielo.
11:11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde
yo estaba, enviados a mí desde Cesarea.
11:12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar.
Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en
casa de un varón,
11:13 quien nos contó cómo había visto en su
casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía
hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre
Pedro;
11:14 él te hablará palabras por las cuales serás
salvo tú, y toda tu casa.
11:15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu
Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.
11:16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor,
cuando dijo: Juan ciertamente bautizó
en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu
Santo.
11:17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo
don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo,
¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?
11:18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron
a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles
ha dado Dios arrepentimiento para vida!
La iglesia en Antioquía
11:19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa
de la persecución que hubo con motivo de Esteban,
pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando
a nadie la palabra, sino sólo a los judíos.
11:20 Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de
Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron
también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor
Jesús.
11:21 Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número
creyó y se convirtió al Señor.
11:22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de
la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé
que fuese hasta Antioquía.
11:23 Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó,
y exhortó a todos a que con propósito de corazón
permaneciesen fieles al Señor.
11:24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu
Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.
11:25 Después fue Bernabé a Tarso para buscar a
Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía.
11:26 Y se congregaron allí todo un año con la iglesia,
y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se
les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
11:27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén
a Antioquía.
11:28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo,
daba a entender por el Espíritu, que vendría una
gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió
en tiempo de Claudio.
11:29 Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que
tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban
en Judea;
11:30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos
por mano de Bernabé y de Saulo.
Capítulo 12
Jacobo, muerto; Pedro, encarcelado
12:1 En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos
de la iglesia para maltratarles.
12:2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.
12:3 Y viendo que esto había agradado a los judíos,
procedió a prender también a Pedro. Eran entonces
los días de los panes sin levadura.
12:4 Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel,
entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno,
para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo
después de la pascua.
12:5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel;
pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por
él.
Pedro es librado de la cárcel
12:6 Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba
Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y
los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel.
12:7 Y he aquí que se presentó un ángel del
Señor, y una luz resplandeció en la cárcel;
y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo:
Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos.
12:8 Le dijo el ángel: Cíñete, y átate
las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete
en tu manto, y sígueme.
12:9 Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era
verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que
veía una visión.
12:10 Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron
a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió
por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el
ángel se apartó de él.
12:11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo
verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel,
y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo
de los judíos esperaba.
12:12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María
la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos,
donde muchos estaban reunidos orando.
12:13 Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió
a escuchar una muchacha llamada Rode,
12:14 la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo
no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la
nueva de que Pedro estaba a la puerta.
12:15 Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba
que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su
ángel!
12:16 Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron
y le vieron, se quedaron atónitos.
12:17 Pero él, haciéndoles con la mano señal
de que callasen, les contó cómo el Señor
le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber
esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro
lugar.
12:18 Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre
los soldados sobre qué había sido de Pedro.
12:19 Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después
de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte.
Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó
allí.
Muerte de Herodes
12:20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón;
pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto,
que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio
era abastecido por el del rey.
12:21 Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas
reales, se sentó en el tribunal y les arengó.
12:22 Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no
de hombre!
12:23 Al momento un ángel del Señor le hirió,
por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de
gusanos.
12:24 Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
12:25 Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron
de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el
que tenía por sobrenombre Marcos.
Capítulo 13
Bernabé y Saulo comienzan su primer
viaje misionero
13:1 Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía,
profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba
Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado
junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.
13:2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo
el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para
la obra a que los he llamado.
13:3 Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos
y los despidieron.
Los apóstoles predican en Chipre
13:4 Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo,
descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.
13:5 Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las
sinagogas de los judíos. Tenían también a
Juan de ayudante.
13:6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron
a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús,
13:7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón
prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír
la palabra de Dios.
13:8 Pero les resistía Elimas, el mago (pues así
se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.
13:9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu
Santo, fijando en él los ojos,
13:10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad,
hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás
de trastornar los caminos rectos del Señor?
13:11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está
contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por
algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él
oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese
de la mano.
13:12 Entonces el procónsul, viendo lo que había
sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia
13:13 Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros
arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de
ellos, volvió a Jerusalén.
13:14 Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de
Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se
sentaron.
13:15 Y después de la lectura de la ley y de los profetas,
los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos,
si tenéis alguna palabra de exhortación para el
pueblo, hablad.
13:16 Entonces Pablo, levantándose, hecha señal
de silencio con la mano, dijo: Varones israelitas, y los que teméis
a Dios, oíd:
13:17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros
padres, y enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros
en tierra de Egipto,
y con brazo levantado los sacó de ella.
13:18 Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó
en el desierto;
13:19 y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán,
les dio en herencia su territorio.
13:20 Después, como por cuatrocientos cincuenta años,
les dio jueces
hasta el profeta Samuel.
13:21 Luego pidieron rey,
y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu
de Benjamín,
por cuarenta años.
13:22 Quitado éste,
les levantó por rey a David, de quien dio también
testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón
conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo
quiero.
13:23 De la descendencia de éste, y conforme a la promesa,
Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel.
13:24 Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento
a todo el pueblo de Israel.
13:25 Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién
pensáis que soy? No soy yo él;
mas he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno
de desatar el calzado de los pies.  
13:26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que
entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la
palabra de esta salvación.
13:27 Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes,
no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas
que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al
condenarle.
13:28 Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron
a Pilato que se le matase.  
13:29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban
escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro.  
13:30 Mas Dios le levantó de los muertos.
13:31 Y él se apareció durante muchos días
a los que habían subido juntamente con él de Galilea
a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el
pueblo.
13:32 Y nosotros también os anunciamos el evang |